• La Verdad del Sureste |
  • Martes 17 de Octubre de 2017

Coctel Margarita


Por Uriel Tufiño



@UTufigno


Seguramente alguna vez habrán bebido o al menos habrán escuchado del famoso “coctel Margarita”, una bebida hecha a base de tequila y de la cual se cuentan varias historias sobre su origen. La versión más difundida atribuye su autoría a un camarero que ofreció por primera vez dicho coctel para Margarita Henkel, hija de un embajador alemán en México.
    En realidad no hay certeza sobre su origen e incluso hay quien ubica su nacimiento en algún punto de Estados Unidos. Sin embargo, sea quien haya sido su creador y sea cual haya sido el lugar en donde se mezcló por primera el tequila de esa manera, lo único cierto parece ser el hecho de que fue preparada para una mujer de nombre Margarita.
    Al igual que el coctel, la Margarita Zavala del 2017 es una mezcla que combina una carrera propia con el pesado lastre que le representa ser la cónyuge de Felipe Calderón (en el caso del “coctel Margarita Zavala”, les dejo la tarea de determinar quién es el jugo y quién la bebida alcohólica).
    Cuentan quienes compartieron aulas con la ex pareja presidencial en la Escuela Libre de Derecho, que Margarita era mejor estudiante que el “rey de copas”, quien desde esa época comenzó a dar muestras de sus habilidades con compañeros de escuela y con su entrañable amigo Germán Martínez, a quien impuso como presidente del PAN varios años después.
    Margarita Ester –así se llama- obtuvo su cédula profesional como abogada en 1995, pero para entonces ya tenía la experiencia de haber trabajado en varios despachos; además, ha sido legisladora en dos ocasiones: en el Distrito Federal (1994-1997) y diputada federal (2003-2006). En ambos casos accedió a dichos cargos por el principio de representación proporcional, es decir, no sabe lo que es ganar una elección.
    Adicionalmente, Margarita ha ocupado posiciones dentro de la estructura del PAN, y su familia -los Zavala Gómez del Campo- también están o han estado muy cercanos a la actividad política. Incluso un sobrino de ella, José Manuel Gómez del Campo, recibió un regalo de Enrique Peña: una notaría antes de que éste dejara el gobierno del estado de México.
    Ahora repasemos la otra parte del “coctel Margarita” y que es la que provoca mareos. Felipe Calderón, hijo de un fundador del PAN, creció a la sombra de Carlos Castillo Peraza, a quien terminó por traicionar. Años después Castillo Peraza definió así a Calderón: “inescrupuloso, mezquino, desleal a principios y personas”.
    Hace algunos meses, cuando al interior del panismo se discutía el método de selección de su candidato presidencial para el 2018, diversos medios filtraron una grabación sobre el agrio debate que sostuvo Juan José Rodríguez Prats con Felipe Calderón. Rodríguez Prats le reprochó a Calderón que quisiera imponer la dirigencia de su partido y a Margarita Zavala como su candidata. Desde ese momento Calderón amenazó con salirse del partido si no variaban las reglas para la definición de la candidatura.
    ¿Dije “amenazó con salirse del partido”? Vaya, vaya. Pues la profecía se materializó, pero no en él, sino en Margarita Zavala. ¿Acaso será que la ex pareja presidencial piensa, como dice la canción, “tú y yo somos uno mismo”?
    En sus agrias palabras de despedida de los colores azules que la arroparon durante 33 años, Margarita Zavala acusó directamente a Ricardo Anaya de su salida pues, afirmó, “no hay vida democrática interna” dentro del PAN. Qué caray con doña Margarita que repentinamente tuvo un ataque de amnesia: si algo caracterizó al panismo mientras Calderón estuvo en Los Pinos, fue precisamente por la ausencia de vida democrática al interior de su partido y por el férreo control que tuvo en las decisiones partidistas.
    Supongo que, con la misma desmemoria, a Margarita Zavala no le incomoda que la persona con quien comparte el lecho conyugal haya desatado una absurda guerra contra el narco que ha ocasionado -en números redondos- más de 100 mil muertos, 25 mil desaparecidos, decenas de miles de desplazados e innumerables abusos cometidos por las “fuerzas del orden”, abusos que Felipe Calderón calificó de simples “daños colaterales”.
    De todo esto no puede desvincularse Margarita Zavala, no puede fingir que no sabía o, peor aún, llegar a sostener que se hizo lo correcto. Si ella lo olvidó, nosotros no.  

 


AMLO en entrevista con René Delgado. Reforma

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