• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 23 de Febrero de 2018

Cuarentena de cuaresma


Por Uriel Tufiño



@UTufigno
Por una extraña –y anunciada- coincidencia, el periodo en el cual terminan las (pre)campañas presidenciales e inicia el denominado intercampañas se empalma con el periodo de cuaresma de los fieles católicos. Con una excepción: mientras el intercampañas durará 45 días, la cuaresma dura en realidad 43 días (no me pregunten por qué 43 y no 40; quizá el INE tenga la respuesta en sus sistemas).  

Se supone que la duración de la cuaresma simboliza la prueba de Jesús al permanecer 40 días en el desierto antes de iniciar su misión pública. Algo así como lo que va a ocurrir con los (pre)candidatos que dejaran el prefijo para iniciar su actividad como candidatos.

Para la comunidad católica la cuaresma comenzará el próximo miércoles 14, miércoles de ceniza, y concluirá el jueves 29 de marzo. Del lado electoral, la etapa de intercampañas comienza el lunes 12 de febrero y concluye el mismo jueves 29 de marzo, fecha en la que los candidatos de los partidos deberán formalizar su registro ante el Instituto Nacional Electoral.  

¿Qué harán los candidatos durante este periodo intercampañas? ¿Permanecerán cuarenta días y cuarenta noches en oración y ayuno como se cuenta lo hizo Jesús? ¿Y qué harán una vez concluida la cuarentena electoral, soportarán las tentaciones que se les presenten?

Si de mí dependiera, le recordaría a Ricardo Anaya que no sólo de PAN vive el hombre; a José Antonio Meade le diría que ni aunque se arrodille será suyo el reino y la gloria; y a Ya Saben Quién le sugeriría cuidado para que no sea que su pie tropiece con alguna piedra. Bueno, al menos eso haría yo, pero supongo que los candidatos y sus equipos estarán evaluando su desempeño hasta el momento y diseñarán las estrategias para los meses venideros.

Con el arranque de las campañas, a partir del viernes 30 de marzo (viernes santo para los católicos), estaremos saturados con todo tipo de información por parte de los partidos y de sus adversarios; información verídica e información falsa; oscuras páginas de internet que ocultan las manos de sus creadores así como sus fuentes de financiamiento. Propaganda negra y transmisiones que descarada o veladamente apoyarán a alguno de los candidatos.

Sin embargo, habrá una notable diferencia respecto de los más recientes comicios presidenciales: las redes sociales. Con el desarrollo tecnológico el ciudadano recurre más a la información divulgada en redes sociales y menos a la información en papel. Eso explica en parte la caída de las audiencias en los espacios de la televisión comercial, ocasionada por ella misma: su pérdida de credibilidad.

No dudo en afirmar que quien logre conectar con los jóvenes vía redes sociales tendrá una ventaja importante, sobre todo por el efecto multiplicador que tiene una buena estrategia de comunicación. El peligro reside en que muchos dan por cierto lo que se difunde sin ni siquiera verificar la fuente de la información. En sus casas han escuchado varias veces la misma desinformación y la dan por válida.

Las campañas de miedo y odio (1994, 2006) que en otros años surtieron efecto hoy están condenadas al fracaso. Ni el Distrito Federal se convirtió en la Venezuela que dibujan los quejumbrosos, ni el aparato del Estado –con todos los medios a su alcance- ha demostrado que la única alternativa de cambio está podrida como los gobernadores del “nuevo PRI”.

Este año electoral es importante no solamente porque se elige a quien habrá de representarnos desde la Presidencia de la República, sino también porque se elegirán 9 mandatarios de entidades federativas (incluida la Ciudad de México); también se renovarán 1597 ayuntamientos, 184 juntas municipales o concejales, y 16 alcaldías. A lo anterior hay que sumarle los poderes legislativos federales y estatales.

Al coincidir el calendario electoral de algunas entidades federativas con la elección presidencial, es fácil deducir que el voto de ésta arrastrará los votos de las otras elecciones, por lo que la configuración partidista de nuestro país puede cambiar radicalmente.

De tener una geografía electoral conformada por tercios, podemos pasar a una conformación por cuartos en la que el viejo partido puede tener una de sus peores caídas a pesar de haber buscado a un candidato cuya principal virtud propagada es ser “no priista”. Al menos se avergüenzan de sí mismos.  

 


Versión completa del documental "Esto soy" sobre la vida de Andrés Manuel López Obrador, producido por Verónica Velasco y Epigmenio Ibarra.

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