• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 23 de Junio de 2017

DEFENDERSE DEL PODER ¡POR UNA RESISTENCIA CONSTITUCIONAL!


EMMANUEL RUIZ SUBIAUR



Cuando un Estado tiene una Constitución en el sentido moderno del término ─una ley fundamental que declara inalienables un conjunto de derechos de la persona y el ciudadano y predispone garantías para ellos mediante un sistema de pesos y contrapesos institucionales inspirados en el principio de la separación de poderes─ entonces la resistencia para CONSEGUIR el restablecimiento de principios y normas constitucionales ampliamente incumplidos está más que justificada.
    ¿Por qué dedicarse a resistir, en lugar de hacer otra cosa, como por ejemplo afinar los instrumentos teóricos del mejor constitucionalismo? Abundan muchas razones para la/s resistencia/s, más en un entorno donde se vive la lenta agonía de la situación política que degrada el sistema político mexicano desde hace más de dos décadas. La resistencia o, mejor dicho, el retorno a la Resistencia ─con mayúscula, en este caso─ es el último recurso frente a la degradación social y cultural de la política pripanista mexicana.
    Obsérvese que no estoy diciendo que la idea de “resistencia constitucional” sea relevante únicamente en el entorno de la norma constitucional, sino todo lo contrario. Cuando la ponemos en su contexto comprendemos que no es tan descabellado llevarla a otros lugares, en los que a primera vista no se necesitan remedios tan extremos. La inactualidad de la “resistencia constitucional” es realmente una falacia y lo demuestra los casi veinte años de resistencia que ha encabezado López Obrador. 
    ¿Pero qué es lo que tiene de característico la propuesta de Resistencia de López Obrador, que permite extenderla a tiempos y lugares distintos? O, al revés, ¿qué es lo que tiene de tan extraño para que encaje en todos lados? La forma de resistencia que a él le interesa consiste en hacer oposición a la eversión desde arriba, al intento de vaciamiento y debilitamiento de las garantías, a la destrucción o desolación que viene desde la cúpula, que abre la vía a una flagrante contradicción entre principios y normas constitucionales. A diferencia de lo que sucede en el caso de la desobediencia civil, esta peculiar forma de disidencia es que su atención se centra fundamentalmente en las ‘reglas de cambio del ordenamiento.
    Si algo funciona medianamente bien en nuestras democracias consolidadas, se dirá, es precisamente eso: las reglas de cambio. La idea de resistencia constitucional nace en referencia al caso del sistema político mexicano. Y es que desde mediados de los años 80, la política mexicana había estado condicionada por la irrupción de una poderosa corriente elitista de potentados y de grupos de opinión con un programa muy concreto: formar una coalición de poder hegemónica, abiertamente clientelar y para-mafiosa, que lograra ocupar transversalmente los nódulos fundamentales del poder político, económico y mediático, sin distinción alguna, subvirtiendo todo atisbo de autonomía de las diferentes magistraturas del Estado, esto es, precisamente (y esto es a lo que resiste López Obrador): los mecanismos de producción normativa y, por tanto, de legitimación política.La divisa del entramado Lopezobradorista es: defenderse del poder, caminar por una resistencia constitucional; y por ello, resistirse a los cambios estrafalarios, insensibles e inmisericordes de la política neoliberal, y por ello, retornar al prístino, primigenio y original mensaje de la Constitución.
    Así planteada la cuestión, se antoja poco captable por la masa y la mayoría: enfrente se encuentra el camino de la informe turba desvaneciéndose. Me viene a la mente el recuerdo de aquel Partido de Los Léperos, que cuando las fuerzas invasoras de Estados Unidos vinieron a masacrar jóvenes y niños en el Castillo de Chapultepec y a cercenar la mitad del territorio nacional, ante la imposibilidad de defenderse de otra manera, se dedicaban a insultar al invasor. Cuando menos, decían Los Léperos, si no los puedo expulsar del territorio nacional, al menos les miento la madre. Y el Partido de Los Léperos es hoy el mayoritario en el país; no se dan cuenta que hay la otra opción, la de la resistencia constitucional para defenderse del poder asumido ilegítimamente.