• La Verdad del Sureste |
  • Sábado 23 de Setiembre de 2017

Día internacional de la Mujer| Brasil Acosta Peña




Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) 
con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,
 fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
 y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
Dirigente del Movimiento Antorchista en Texcoco, Edo. Mex.

La página de la ONU ofrece el siguiente cronograma: “1909: De conformidad con una declaración del Partido Socialista de los Estados Unidos de América el día 28 de febrero se celebró en todos los estados de la unión americana el primer Día Nacional de la Mujer, que éstas siguieron celebrando el último domingo de febrero hasta 1913; 1910 La Internacional Socialista, reunida en Copenhague, proclamó el Día de la Mujer, de carácter internacional como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal.
    La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés.
    No se estableció una fecha fija para la celebración; 1911 Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez (el 19 de marzo) en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de mujeres y hombres.
    Además del derecho de voto y de ocupar cargos públicos, exigieron el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral; 1913-1914.
    En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al ocho de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres; 1917 Como reacción ante los dos millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de “pan y paz”. Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos.
    El resto es historia: cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el ocho de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países; 1975 Coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el ocho de marzo; 1995 La Declaración y la Plataforma de Beijing, una hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos hace 20 años, estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres; en 2014, la 58 Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW58), la reunión anual de Estados para abordar cuestiones relativas a igualdad de género, se centró en los «Desafíos y logros en la aplicación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para las mujeres y las niñas».
    Las entidades de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales (ONG) acreditadas por ECOSOC debatieron sobre los avances realizados y los retos pendientes para cumplir los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio”.
    En la semana en la que escribimos este artículo se celebra el Día Internacional de la Mujer, cuya cronología fue expuesta líneas arriba. Por esa razón abordamos el tema y además de la relatoría histórica queremos dar nuestro punto de vista.
    Primero, es de llamar la atención que hayan sido los partidos socialistas quienes hayan impulsado esta celebración a raíz de la protesta de la inclusión de la mujer en derechos específicos: el derecho al pan y la paz; el derecho a su participación en los procesos electorales (por ejemplo, en Estados Unidos hasta 1920 se establece el derecho al sufragio por parte de la mujer), de lo cual se deduce que el capitalismo tiene un fuerte componente machista cuyo origen se remonta al nacimiento de la propiedad privada, que necesita de la monogamia para garantizar la primogenitura y, por lo tanto, la herencia garantizada a miembros de la misma familia.
    Por otro lado, cuando los intereses del capital cambian y requieren de la mujer para dividir a la sociedad, para incorporarla al trabajo, para que sea consumidora o simplemente cuando se le necesita como factor de división al interior de la familia, como se le hace cuando se empodera a la mujer mediante los programas sociales, los cuales no puede recibirlos el hombre, sino la mujer, el capital se quita la máscara y abre sus puertas a tortuosas jornadas de trabajo con una paga menor que la que reciben los hombres.
    Si se quiere un recuento detallado de la actitud del capital ante el trabajo de la mujer y de los niños en la fábrica, basta con acudir a la obra cumbre de la historia de la economía, a El Capital de Carlos Marx.
    Aunque algunos digan que la obra se escribió en el siglo XIX y que hoy estamos en el siglo XXI, no es necesario remontarnos a aquel entonces: hoy día en Guanajuato (y en muchos otros lugares) hay agroindustrias que utilizan principalmente mano de obra para empaquetar verduras que se van de aquí a Estados Unidos en camiones con la promesa de un pago realmente insultante  a cambio de agotadoras  jornadas.
    La OCDE señala en uno de sus estudios que las mujeres mexicanas son de las que más horas trabajan en el  mundo, con jornadas de 12 horas en promedio, además de las tareas propias del hogar, por las que no reciben remuneración alguna, pero que tienen que realizar inevitablemente.
    El capital, que no tiene amigos sino intereses, si ha incluido a la mujer en los procesos políticos y económicos, es porque encuentra una doble ganancia: su radio de explotación de la fuerza laboral crece y, al mismo tiempo, la mujer ha mostrado un carácter más sumiso que rebelde y, por lo tanto, el capital encuentra menos factores de rebeldía y puede explotar con mayor facilidad la fuerza de trabajo.
    No obstante, en el proceso también se ha desvirtuado el principio de inclusión de la mujer en la sociedad con la “igualdad de derechos”, que ha provocado una división en la sociedad más que su unidad, pues se piensa como aquellos “seudosocialistas” que querían con frases voltear las clases sociales para que ahora oprimidos se vuelvan opresores cuando lanzaban consignas como aquella que reza: “educación primero al hijo del obrero, educación después al hijo del burgués”.
    El principio racional que debe privar es el que plantea el socialismo: no se puede tratar igual a lo desigual y de cada cual según su capacidades y a cada cual según sus necesidades.
    De esta manera, el interés humano debe ponerse por encima de todas las cosas y no el interés económico mezquino y egoísta que hoy priva y que promueve el capitalismo.
    El mejor derecho que se puede defender en favor de la mujer es el derecho de organizarse para luchar por la construcción de una sociedad más justa, más equitativa, más democrática y soberana para todos.