• La Verdad del Sureste |
  • Jueves 19 de Octubre de 2017

Educación para romper la dependencia.


Víctor Manuel Barceló R.



2ª Parte                                           

Si el fin de la tarea educativa es avanzar hacia una educación de excelencia -que no es otra cosa que poner a niños, adolescentes y adultos en sintonía con el cambio, hacia una situación de bienestar colectivo- es pertinente alejarla de las tendencias “modernizadoras” que le colocan solo como factor de éxito en el mercado que mueve la economía planetaria, a lo que no somos ajenos en la Región.
     De aquí surgen los continuos conflictos de docentes y estudiantes con la autoridad, por lo general alineada al apoyo de la economía de mercado –impuesta desde los 80s por los organismos financieros internacionales- en una visión corto placera que cubre lo efímero de un período de gobierno que, puede alargarse 8 a 10 años, cuyas políticas públicas se dejan sentir en la pobreza y la enorme distancia, entre los servicios a los pocos, pero poderosos y sus familias, frente al trato a la inmensa mayoría del pueblo, que sufre de atenciones mínimas en materia de salud y educación.
      De allí que urjan políticas públicas para formar en el niño y el joven, las competencias para ser el adulto ciudadano capaz de entender la geopolítica actual y actuar en consecuencia. Solo con esa formación libre, el ser humano  logrará gobiernos que “gobiernen obedeciendo” los mandatos sociales y sean capaces de coadyuvar, unificadamente con sus pueblos y otras naciones, en el rescate de las regiones –como la nuestra- hoy sometidas a la dependencia más brutal que se conozca.
     En  las condiciones actuales, dada la poca importancia que se otorga a la educación –no más allá de formar amanuenses para la gran empresa transnacional- las dirigencias gubernamentales impuestas a los sectores educativos de nuestros países, por lo general no tienen ni idea de que la educación es el pivote para el crecimiento y desarrollo autónomo de los pueblos y comunidades. Por otro lado, no les interesa porque ello iría en detrimento del sistema económico-social vigente, de entreguismo total a los designios de los grandes países para controlar toda la vida de nuestras naciones.
     Estamos tan gravemente afectados en materia educativa, que hay naciones –dos de las más importantes por su dimensión económica- en que sus jefes de estado y de gobierno utilizan vocablos fuera de lugar y sus secretarios o ministros de educación, mantienen un discurso plagado de palabras incompletas o mal usadas, dando un pésimo ejemplo de cómo manejan áreas de gobierno que estuvieron en manos de personalidades como: Andrés Bello, Gabino Barreda, Domingo F. Sarmiento, Justo Sierra, Eugenio María de Hostos, Félix Varela, José Vasconcelos, Alfredo Aguayo y hasta el español universal José Ortega y Gasset.
    No le hacen favores a nuestros países, presidentes que dicen “resolvido” en vez de “resuelto” en un discurso programado, o son disléxicos y secretarios que escribe “Festíbal” , con “b” y acento o no saben ler en lugar de leer.  No es casual el mal hablar y  pronunciar de mandatarios que, además, también gobiernan muy mal, junto a sus ministros o secretarios y asesores con incapacidades crónicas.
     Son presidentes electos, mediante campañas con promesas falsas, contrarias a decisiones ahora tomadas. Embisten contra todo lo que suene a nacional, incluso la educación pública, obligatoria y gratuita en todos sus niveles, de la que estamos orgullosos todos los que integramos las naciones de la Región.  Lo único que buscan es convertirla en un negocio permanente, para quienes integran esos grupos privados que no se sienten latinoamericanos ni caribeños y que vociferan en algunos países que la “educación pública, no va más”. En muchas naciones, mediante pactos vergonzantes, el Congreso, que teóricamente representa la opinión y debe consultar sus decisiones con quienes le eligieron, se convierte en aliado vergonzoso, pero bien pagado, del gobierno en turno, apoyando sus consignas y determinaciones convertidas en leyes, que trastocan grandes triunfos de los pueblos, en torno al rescate de su soberanía –el caso del petróleo en México y otras naciones-.
     Se vuelven ignorantes respecto a que la Educación Pública, siempre fue mucho más que la privada. Que sus hombres más importantes por los servicios a las naciones, surgieron de ella. Los profesores –nuestros profesores- fueron los mejores y vivían en el respeto a sus calidades humanas y del conocimiento. Pero hoy, mediante las pruebas estandarizadas que responden a intereses y preparaciones de unos cuantos países hegemónicos, se comparan los rendimientos, de unos países –para los que fueron hechas- con otros que cometimos el error de vincularnos a organismos en que no cabemos, así como a la escuela privada con la enseñanza pública, llevando a fraudulentos resultados, en el ánimo de seguir minando a la escuela pública, que contra viento y marea mantiene su esquema de preparar a niños, jóvenes y adultos para el cambio, para una vida plena en la libertad y la autonomía.
     La tendencia es clara y aberrante, llegar a lo que hacen en muchísimos países del mundo desarrollado, o sea, una cobranza desmedida para empresas educativas, que hacen el negocio de  la enseñanza privada, en todos sus niveles. Entretanto, se le retacean recursos a la escuela pública, exigiendo pruebas a los docentes, generalmente de temas no considerados en su educación normalista, ni en su formación continua, cargadas de falsedades, para discutir en base a esos resultados, la excelencia de nuestra enseñanza pública, gratuita y obligatoria. No se toma en cuenta que nuestros artistas, poetas, escritores, científicos, profesionales de las universidades públicas de la Región, fueron y son distinguidos en el mundo y varios de ellos ganaron el Premio Nobel. A la vez, con alumnos del sistema público, esos docentes ganan concursos de Matemáticas y de Ciencias –como la Mecatrónica y otras- fuera y dentro de nuestros países.
     Pero los años en que los formados en las escuelas públicas copaban el servicio público y se hacías grandes esfuerzos por responder a las necesidades sociales de toda especie, están rebasados. Hoy, la gran mayoría de altos funcionarios de nuestros países, estudiaron en la escuela privada –nacional o transnacional- y no desarrollan criterios lógicos en su especialidad, mucho menos en su actividad pública.
     El sistema perverso pretende privatizar diversos programas: educativo, de salud, Jubilatorio,   y todo lo que tenga un valor económico, rentable (petrolíferos, minas, agua) para distribuir entre: multinacionales, funcionarios de los tres poderes de gobierno, sindicatos corruptos y los partidos políticos ungidos al yugo con prebendas y recursos, cómplices directos de planes, predeterminados fuera de la Región. Por supuesto no se consideran los daños al ambiente y a las formas de vida de los pueblos originarios.
     Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com            


AMLO en entrevista con René Delgado. Reforma

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