• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 26 de Mayo de 2017

Educación para romper la dependencia.


Víctor Manuel Barceló R.



3ª Parte. (Última)                                           

La democracia subsiste sin ley, sin Justicia, sin Congreso, sin dirigentes obreros y sin seres humanos, que sepan pelear –juntos- por sus derechos. Sólo nos usan para que legitimemos una elección, generalmente fraudulenta. Pero los órganos que se consideran autónomos para vigilar y validar elecciones, cada vez caen más en manos de la corrupción y las componendas.
    La educación de los pueblos de la Región tiene que enfrentar situaciones de alta gravedad. Coincido con Carolina Vásquez: “Se ha destruido la visión humanista y hemos perdido toda noción de comunidad”. Es pronta y precisa la expresión, pero insume dolencias terribles en el seno de los pueblos y comunidades de Latinoamérica y el Caribe. La pérdida de valores y de sensibilidad humana es el mayor de los problemas.
    La realidad está llevando a recrear “El Leviatán”. En dicha obra, ya clásica, Hobbes, en su metáfora del Estado moderno, considera al “hombre” –la obra más excelsa de la naturaleza- como un ser prácticamente malo. Podía conocer pasiones de otro hombre porque conoce las propias (el deseo, miedo, esperanza y otras). La naturaleza recreó a los seres humanos con tipologías similares, de cuerpo y mente. Hay diferencia cuando dos hombres quieren lo mismo y se vuelven enemigos. Hay tres cosas por la que el hombre pelea: la competencia (ganar), la diferencia (seguridad) y la gloria (reputación).  El hombre lobo del hombre.
    Por ello cuando a la solidaridad y la empatía se anteponen el interés personal, la preeminencia de un sistema de creencias políticas o religiosas y la búsqueda del éxito -expresado fundamentalmente en términos materiales- resulta forzosa la pérdida de sensibilidad humana ante los otros; la energía se enfoca en la obtención del bienestar individual, como fenómeno presente en toda comunidad humana, si bien en distintos grados, derivando de sus niveles culturales y educativos.
     Para quienes poseen riquezas, quienes menos tienen presentan actitudes más agresivas y crueles. No es así, las comunidades más pobres acostumbran ser las más solidarias. Las une su vecindad diaria, sus requerimientos compartidos y una visión muy real de sus penurias. De ellas surgen los mayores desafíos, ante generaciones de jóvenes sin oportunidades de todo tipo, ansiosos de un rumbo hacia su desarrollo. Entre esos caminos están algunas de las rutas más peligrosas para la estabilidad de las naciones. Pero pareciera que eso no importara, ante la urgencia de mantenerles bajo control -a través del vicio, la drogadicción, el narcotráfico o la delincuencia organizada- las rutas más accesibles ante la falta de una educación de excelencia que les encause al crecimiento personal, espiritual y económico.
     Es evidente que la violencia presente en el mundo, transforma las relaciones humanas.  El contexto global, aun cuando parece lejano y ajeno, influye de manera cada vez más importante sobre las naciones más débiles. La creciente tensión mundial y los conflictos en países de la Región, inciden en un pesimismo colectivo y en una visión superficial de los motivos de las crisis internas, como si estas pudieran resolverse con fórmulas importadas. Eso lleva a la aplicación fácil de “recetas” de toda índole, que no resuelven los asuntos para los que se aplican, pero si permiten el enriquecimiento de unos cuantos.
     Los sistemas sociales que se aplican en la Región, fueron diseñados para controlar a los pueblos y comunidades, sometiéndoles a un esquema de valores decidido en los “tanques pensantes” del poder político y económico planetario, mismos que se formulan legalmente provocando la estratificación rigurosa de la sociedad, aboliendo la capilaridad social que nos permitió a muchos, con el estudio, superar etapas de marginación. Crece la privación de derechos a los sectores más vulnerables: indígenas, campesinos, jóvenes y pobres, mediante la criminalización de la pobreza y sus legítimas demandas, marginando a las generaciones más jóvenes y desapareciendo o encarcelando, sin juicio, a sus liderazgos fundamentales.
     Los modelos educativos recientemente presentados en algunos países de la Región, semejan muros elevados por sus clases política y económica –al estilo Trump- para imposibilitar el acceso a la educación de grandes sectores de la población que, entre sus consecuencias, motiva el tránsito de la juventud marginada, hacia otros países en busca de oportunidades, que no se les dan del todo. También se incorporan a grupos con actividades delictivas y, sobre todo, crean una creciente ruptura del tejido social, por la imparable huida de miles de jóvenes hacia destinos fuera de control familiar y gubernamental.
     El discurso real vigente en los círculos del poder, guarda tonos de odio y racismo. Los incidentes de agresiones, asesinatos y enfrentamientos entre grupos, muestran la irascible decadencia de una sociedad intransigente y negada a ver a sus semejantes de otras clases sociales, como tales. Se vive en la región una absoluta pérdida de empatía y solidaridad. Estamos en manos de lacras estructurales con un sistema de valores caduco e inhumano, cuya característica básica es el desprecio por la vida y la ineptitud para ir más allá de lo fehaciente y examinar, con honestidad, la procedencia de sus penurias. El rompimiento de la dependencia solo puede iniciarse por la educación. Una enseñanza que se funde en los valores primordiales de nuestros pueblos, aquellos que a pesar de los múltiples avatares que sufrimos a lo largo de los tiempos, nos conservan en una unidad regional, nacional y local precaria, que requiere su robustecimiento en la autonomía de gestión.
     Esta solo se logrará por el análisis de nuestras realidades, el convencimiento de caminos para salvar los graves escollos de los intereses sembrados a lo largo y ancho de nuestra geografía. Tenemos los organismos creados desde el siglo pasado y otros de reciente formación, que nos permitirán avanzar por esos caminos. La paciencia, tolerancia, inclusión y convivencia, nos permitirá ir hacia delante en los fines señalados, a pesar de gobiernos y grupos a quienes suena inconveniente la reivindicación de la soberanía sobre nuestras vidas y todos los recursos inscritos en los territorios patrios de Latinoamérica y el Caribe.   
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