• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 28 de Julio de 2017

Gobierno socavado


Por Uriel Tufiño



@UTufigno

Si algo vino a enseñarnos el sismo de 1985 fue que la corrupción puede causar más muertes que un fenómeno natural. Pero parece que ya lo olvidaron quienes deciden el destino del presupuesto público.

La mañana del 19 de septiembre de 1985 la naturaleza se ensañó con la capital de un país que atravesaba por la peor crisis económica de su historia. No fue Echeverría, no fue López Portillo, fue el gobierno de Miguel de la Madrid el que llevó la inflación a cifras de tres números, el que disparó la paridad del peso frente al dólar.

Y no fue la magnitud del movimiento telúrico la causante directa de los miles de muertos cuya cifra es aún indeterminada. Fue la corrupción. En su mayoría, los edificios colapsados habían sido construidos con dinero público; oficinas de gobierno, hospitales y juzgados cayeron ante la oscilación de la tierra, igual que edificios de vivienda construidos con recursos públicos.

-Ándele, inge, póngale una varilla menos a cada trabe y nos ahorramos una lana, ¿o a poco cree que se van a dar cuenta o se va a caer?

Pues sí, miles de personas quedaron atrapadas entre las ruinas de los edificios. Más otro tanto de fallecidos que produjo la arrogante ineptitud de De la Madrid al rechazar la ayuda inmediata de gobiernos y organizaciones internacionales. Debió ser una agonía sin fin para quienes mantenían la esperanza de ser rescatados con vida.

Tres años después, el hasta entonces partido único recibía en las urnas las consecuencias de la responsabilidad que la sociedad le atribuía. Y muy a su pesar la clase gobernante tuvo que ceder en al menos un par de aspectos: se haría más estricta la normatividad en materia de construcciones y tendrían una mejor supervisión. La pérdida de una vida humana por una causa evitable parece doblemente dolorosa.

Mediante licitación pública internacional No. LO-009000999-T422-2014, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes asignó la obra denominada “Ampliación del Libramiento de Cuernavaca (Paso Expres –sic-) en el estado de Morelos”, cuyo plazo previsto de ejecución era de 730 días naturales a partir del 29 de noviembre de 2014, por lo que debía concluir “a más tardar” el 28 de noviembre de 2016.

Asimismo, “el monto asignado al ganador de la licitación” era la cantidad de un mil cuarenta y cinco millones de pesos, aunque el monto realmente pagado al final de la obra fue superior a los dos mil doscientos millones de pesos. Pero las irregularidades no quedan ahí. Previamente a la conclusión de la obra, una auditoría parcial hecha con base en la normativa de la Auditoría Superior de la Federación, determinó -en diciembre de 2016- 14 observaciones y millones de pesos en probables daños o perjuicios a la Hacienda Pública Federal.

De las etapas del procedimiento licitatorio, el testigo social convocado dejó asentado en su testimonio, entre otras cosas, las siguientes: “De acuerdo a la relatoría de hechos, referentes a los riesgos que presenta el paso expres (sic), a estas fechas no existe solución alguna, sino solamente puntos de vista de posible solución”.

Además, “esta licitación está iniciando sin la certeza de poder llevarla acabo (sic) en el tiempo y costo considerado originalmente… debido a que no se tienen consideradas todas las erogaciones, que deberán efectuarse por gastos imprevistos, así como gastos por parte de las riesgos considerados para esta obra”.

Hasta antes de que dos personas -padre e hijo- cayeran en un socavón que se hizo en la obra inaugurada con gran bombo por Enrique Peña hace apenas tres meses, personas que murieron asfixiadas dentro de su vehículo ante la mirada impotente de los cuerpos de rescate, al menos otras dos decenas de personas habían fallecido durante la construcción del “paso exprés”.

Por donde se le mire, dicha obra es un monumento a la improvisación y la corrupción. Quizá por eso Aristóteles Núñez, hombre cercano a Luis Videgaray, publicó un tuit particularmente duro dirigido al inamovible Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza: “Secretario, no es un socavón, no es la lluvia. Es negligencia y corrupción. Deje de hacerle daño al Presidente y al país, renuncie”.

¿Será que ahora Aristóteles Núñez está en una trinchera ciudadana o será que solamente fue el portador de un mensaje?