• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 28 de Julio de 2017

HUACHICOL SIN FRONTERAS


Edgar Briceño Martínez



Recientemente se ha propagado con fuerza en noticieros y diarios nacionales, la situación de creciente e incontenible desorden que se vive en el Estado de Puebla en torno a la ordeña ilegal de ductos de combustibles, que según datos de Petróleos Mexicanos pasó de tener 15 tomas clandestinas en el año 2000, a tener 1,533 para el cierre de 2016. Un crecimiento nada menos que del 5 mil por ciento en el periodo señalado.
    Ciertamente el caso poblano es relevante por la magnitud de su crecimiento y su cercanía con la capital del país, pero esto no es nada nuevo, ni mucho menos (extrañamente) limitado a la geografía poblana (¿tintes políticos?); desde la región más meridional, hasta la más septentrional del país, ahí donde existan ductos de PEMEX, existe este problema, tan viejo como los ductos mismos. Nada nuevo ni desconocido.
    Ya en el 2012 la periodista Ana Lilia Pérez en su libro “El Cartel Negro”, expone el imperante problema de la ordeña de ductos en el país y la presencia del crimen organizado en ese lucrativo negocio. Puebla es en términos estadísticos, una muestra aleatoria de lo que en realidad sucede en el resto del territorio nacional.
    Nuestro estado no escapa de esta ominosa realidad. Una entidad federativa con actividad petrolera en 14 de sus 17 municipios, que cuenta con más de 8 mil kilómetros de ductos que transportan gas natural, petróleo y gasolinas a través de su territorio, se convierte en un jugoso botín para la industria del huachicol (y un dolor de cabeza para las autoridades responsables de salvaguardarlos).
    Entre la memoria reciente sobre el huachicol “made in Tabasco” están presentes eventos como el incendio provocado en un poblado del municipio de Cárdenas que le costaría la vida a una persona y que dejaría a otras 30 heridas; o aquella ocasión en el no muy lejano 2015 en que 500 mil habitantes de la ciudad de Villahermosa nos quedamos sin agua potable debido a la contaminación de ríos del Estado por hidrocarburos;  ambos producto de la cotidiana ordeña ilegal de ductos.
    En Tabasco como en Puebla (y el resto del país) la ordeña es común y sucede a diario: tan solo en 2015 se detectó una toma clandestina al día. Pero también es común la triste participación social en este tema: pobladores sumergidos hasta las rodillas en charcos de gasolina fugada (sin mayor protección que sus chanclas “duramil”) sonríen mientras la recogen a cubetadas para después venderla en la tiendita de la comunidad; y aunque un chispazo puede acabar con su vida, tal parece que el litro de gasolina vale más.
    En Puebla, Tabasco y el resto de estados compartimos elementos culturales, uno de ellos es el huachicol.
@MartínezBriceno