• La Verdad del Sureste |
  • Domingo 19 de Noviembre de 2017

Limpia Parabrisas

¿Prestación de Servicio, Extorsión o Pauperización de la Sociedad?


Manuel Rodríguez González



Como consecuencia de las recurrentes crisis económicas derivadas del modelo económico neoliberal, en Latinoamérica y en especial en México, grandes segmentos de la población ante el desempleo y falta de oportunidades, no les queda otra opción más que vivir en la informalidad, realizando actividades económicas que están fuera de toda regulación administrativa y fiscal.  
    Pero desafortunadamente la pobreza es un pozo sin fondo, ya que de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social (CONEVAL), hay distintos niveles de esa condición. La más común es la de la población en situación de pobreza cuyo ingreso es inferior al valor de la línea de bienestar y que padece al menos una carencia social, que puede ser en materia educativa, de salud, seguridad social, vivienda y alimentación.
    En el estrato inferior, tenemos a la población en situación de pobreza extrema, aquella que padece tres o más carencias sociales y cuyo ingreso es inferior a la línea de bienestar mínimo.
    Pero hay una escala más baja, que es el proceso permanente de pauperización de los estratos más desprotegidos y vulnerables de nuestra sociedad, que implica ser cada vez más pobres. En este contexto se ubican las actividades informales que se registran en los principales cruceros viales de nuestras ciudades, dignos de un estudio sociológico y económico, donde podemos ubicar desde voceadores de periódicos, vendedores de diversos productos, hasta espectáculos de payasos, malabaristas y jóvenes dominando el balón y haciendo gimnasia; integrantes de diferentes asociaciones pidiendo cooperaciones y personal de empresas promocionando sus productos.
    En los cruceros viales, también podemos apreciar la pauperización de nuestra sociedad, empezando por personas con distintas discapacidades, indigentes, migrantes y personas de diversas etnias y niños pidiendo limosna; dejando a la vista una red de explotación de infantes y personas vulnerables.   
    En este submundo, los personajes que encarnan la pauperización de nuestra sociedad, son los limpia parabrisas, fundamentalmente provenientes de asentamientos irregulares o marginados, que ante el desempleo y la falta de oportunidades se apostan en los cruceros para ganar algunas monedas, cuyo fenómeno social me gustaría analizar con ustedes, amables lectores.
    Con base en el testimonio de varios automovilistas, se puede constatar que los limpiaparabrisas trabajan en grupos y algunos de ellos se drogan a las orillas de los cruceros viales, y cuando el semáforo está en rojo de manera escalonada avanzan entre los vehículos, sin preguntar a los conductores se arrojan sobre los parabrisas para enjabonarlos; lo cual genera irritación y molestia, porque en muchas ocasiones a pesar de que el carro está recién lavado y decirles que no lo limpien, hacen caso omiso y al terminar si no se les da alguna moneda, muestran su enojo volviendo a echarle jabón al parabrisas e incluso rayando el vehículo.   
    Los conductores consultados, dicen comprender que hay que buscar trabajo de lo que se pueda, pero los limpia parabrisas deben aceptar la decisión de los automovilistas y tenerles respeto; otros los califican de lo peor, sin la más mínima educación, y que les gusta el trabajo fácil; pero los choferes de transporte público apoyan esta actividad ya que consideran que les prestan un servicio.
    De manera general, podemos concluir que hay varias ópticas para apreciar y calificar a los limpiaparabrisas: como un fenómeno social y económico producto del modelo neoliberal que ha empobrecido y pauperizado a la población más marginada del país obligándola a dedicarse a diversas actividades informales; como una expresión de la incapacidad de las autoridades para garantizar la seguridad, tolerando los focos delincuenciales que se registra en torno a las principales vialidades; y desde un punto de vista moral y ético, que considera a los limpiaparabrisas como producto de una sociedad desigual, sin expectativas de desarrollo, condenados a la miseria y a una muerte prematura. La batalla cotidiana entre automovilistas y limpiaparabrisas parece no tener fin. ¿Harán algo las autoridades para remediar la situación? ¿Se trata de la prestación de un servicio o de algún tipo de extorsión social? ¿Es una expresión de la pauperización de nuestra sociedad? Las respuestas a esas preguntas las tienes ustedes, pacientes lectores, me gustaría conocerlas. Manuel Rodríguez González Presidente de la Fundación Vital Equilibrio por la naturaleza y del Movimiento de Renovación Global. www.manuelrodriguez.mx