• La Verdad del Sureste |
  • Martes 26 de Setiembre de 2017

LOS COSTALES, POR TODAS PARTES OBSTRUYEN


EMMANUEL RUIZ SUBIAUR



El Gregueriano: Son como los costales: “costal vacío no se puede parar, costal lleno no se puede doblar”; son “funcionarios chamba fácil”, eso sí ¡bien pagados!
    Comenté que al primer político que  conocí fue a mi tío Matías Gordillo; había sido Presidente Municipal de Cunduacán. Yo, adolescente, en vacaciones iba a ayudar en su tienda de abarrotes y de vez en cuando iba con él a su propiedad (Rancho Mialmiro situado en las goteras de la cabecera municipal donde hoy se enclava la escuela de ingeniería de la UJAT).
    En el rancho, mi tío Matías Gordillo tenía un encargado que vivía con su familia; al lado de la casa del encargado le, había dado una casa donde vivía su amigo de travesuras y correrías de su infancia, Cucho –a quien le pagaba un sueldo como su trabajado-.
    Cada vez que mi tío Matías iba al rancho, encontraba, a las puertas de la casa del encargado, a Cucho sentado placenteramente recostado en una butaca de cuero. Así fue siempre que fui a ese rancho y las frases que cada vez que fui intercambio mi tío con Cucho, reiteradamente fueron las mismas:
    “¿Cucho: ya vas a chambear?”, preguntaba mi tío Matías. Y respondía Cucho invariablemente: “Gordillo, tu bien sabes que costal vacío no se puede parar” –y efectivamente, si usted quiere que un costal se sostenga de pie pero vacío, no lo lograra (sea de yute o de cáñamo)--. Ordenaba ipso facto mi tío Matías a la cocinera del Mialmiro: “Denle de comer a este pobre hombre que ni fuerzas tiene para ponerse a trabajar, ¡quién sabe desde cuando no le dan de comer a mi amigo Cucho”. Brincaba entonces la cocinera del Mialmiro: “Don Matías: Cucho es el único que aquí come 5 veces al día; es un tragón por eso esta panzón”. Y corría refunfuñando a servirle de comer –nueva y abundantemente- a Cucho.
    Más tarde, luego de inspeccionar el rancho, regresaba mi tío Matías a la casa del encargado a despedirse y girar las últimas instrucciones para, luego, volver a Cunduacán. De nuevo en la puerta de la casa del encargado, cómoda y placenteramente sentado en el butaque, se encontraba a Cucho. Le decía invariablemente mi tío Matías a Cucho: “Cucho, te dieron de comer y no has ido a chambear”. Y Cucho, aquel “trabajador ejemplar” respondía indefectiblemente: “Gordillo, tu sabes bien que costal lleno no se puede doblar”. Y así cada día que fui al Mialmi00ro.
    Cierto  día, le comenté a mi tío Matías -pensando yo que él no se había percatado de que su amigo de la infancia y “trabajador ejemplar” era un vividor (y como decía la cocinera del rancho); “un guevonazo”: “Tío: ese Cucho nunca da golpe y usted le da de comer y le paga; no le sirve para nada”.
    Mi tío Matías esbozo una sonrisa para responderme: Es un trabajador ejemplar; como la inmensa mayoría  de los empleados del gobierno y de los funcionarios y políticos en México. No trabajan, no funcionan, no le son útiles al pueblo ¡y se les paga! Todos son “chamba fácil y bien pagada”. Cucho es un ejemplo viviente de la materialización de cómo yo definiría a un Presidente de la República, de un Municipio; a un Gobernador o a un Ministro, Magistrado o juez y a un diputado, sea federal o local. Cucho sería un Senador o Procurador exitoso. Y sí me sirve: es ejemplo de cómo no debes ser.
    Gobernar no es obedecer a ultranza y “nadar de a muertito”. ¿Qué hace el Ejecutivo federal? Esperar la instrucción de los grupos de poder financieros internacionales y sus satélites locales y cúpulas políticas, para obedecerles y presentar proyecto de ley de todo tipo -ya sean porque el tema está de moda, o porque así lo instruye el Banco Mundial, el BID o la OCDE-. Comprar el proyecto y mandarlo al Congreso General y a los Estados. El Congreso General los aprueba sin cambio alguno y los repercute a los Estados. Los Titulares de los Ejecutivos, copian todo lo que venga de la federación –aun sea una bestialidad- y lo mandan al Congreso Local y ahí, todo se aprueba. Todos ellos son: costales vacíos y costales llenos.
    Las funciones del Estado y por ende del poder público no se tratan sólo de legislar, ejecutar y judiciar –juzgar- como se cree superficialmente que afirmó el Barón de la Brède y de Montesquieu: se trata, insisto, centralmente de decidir, aplicar y controlar, en ocasiones por medio de la ley pero no siempre o exclusivamente por ese medio; se trata de ejercer el poder, de hacer política, de decidir el destino de una nación y de sus habitantes.