• La Verdad del Sureste |
  • Miércoles 13 de Diciembre de 2017

El milagro de la aparición


Por Uriel Tufiño



@UTufigno

Hace cien años ocurrió un suceso trascendente para las creencias del mundo católico. En un pequeño poblado de Portugal dos niñas y un niño dedicados al pastoreo afirmaron haber presenciado la aparición de una mujer de blanco “más brillante que el sol”, quien les pidió regresar un mes después, a la misma hora y lugar.

De regreso a su comunidad, los menores contaron lo que les pasó, lo cual fue escuchado con oídos incrédulos. Tras varios encuentros con la supuesta aparición, los menores fueron receptores de unos mensajes para la humanidad que lo mismo se han interpretado como el presagio de un holocausto nuclear o el atentado al Papa Juan Pablo II.

La más famosa de las apariciones ocurrió en octubre de 1917 cuando miles de pobladores de la región se reunieron en el lugar para atestiguar la prueba solicitada sobre la veracidad de las apariciones. Ahí, a la hora acostumbrada, innumerables ojos pudieron ver un extraño fenómeno en el firmamento que consideraron un milagro: el Sol parecía danzar en el cielo.

Existen muchas imágenes que muestran el momento en el que los habitantes de la zona miran asombrados hacia arriba, pero no existe ni una sola que muestre el fenómeno que dijeron haber visto. ¿Acaso se trató de una ilusión colectiva?

A lo largo de la historia una imagen siempre ha tenido más poder que la palabra. No es lo mismo leer las historias de terror del nazismo, que ver las imágenes de cientos de cuerpos apilados uno encima de otro. Y tampoco es lo mismo suponer que las fuerzas armadas han practicado la ejecución de personas, que verla en video.

A partir de 1968 el Ejército mexicano fue puesto en el ojo del huracán. En una época en la que no existían redes sociales, ni había acceso a instrumentos tecnológicos como los hay el día de hoy, las muy contadas fotografías de los sucesos de Tlatelolco fueron insuficientes para esclarecer la participación de los militares en los sucesos del dos de octubre.

Con los años aparecieron tímidos videos que confirmaron las versiones sobre la intervención de un tercer grupo –el “Batallón Olimpia”- en la matanza ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas. Se respondieron algunas interrogantes pero otras permanecen sin respuesta.

El gobierno diseñó entonces una estrategia enmarcada dentro de lo que se conoce como el periodo de la “guerra sucia”: el Ejército controlaría abiertamente ciertas zonas del país, como el estado de Guerrero, pero otros grupos –como la “Brigada Blanca”- actuarían de manera encubierta para eliminar adversarios potencialmente peligrosos del régimen. Así se mantuvo este escenario hasta finales de la década de los 70.

Pese a lo anterior, no faltaron los señalamientos directos que involucran a los militares: es el caso de la desaparición forzada de Rosendo Radilla en 1974 y que mereció la condena del estado mexicano por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El Ejército mexicano es un ejército regular, es decir, la institución oficialmente encargada de la seguridad del estado mexicano y cuya misión principal consiste en defender la soberanía nacional. O al menos así debería ser.

Sin embargo, en este país hubo una vez un rey –el “rey de copas”- quien decidió que era bueno sacar al Ejército de los cuarteles y llevarlo a enfrentar al crimen organizado. Surgió así la inacabable “guerra contra el narco”.

Hagamos una pausa en este momento para reflexionar dos cosas: uno, el Ejército -por su propia naturaleza- está entrenado para el uso letal de la fuerza; dos, los militares no son policías ni tienen porqué serlo. Continuemos.

En los años recientes hemos conocido casos en los que el Ejército ha sido evidenciado por exceder sus facultades y por violentar los derechos humanos de las personas e incluso practicar la ejecución. ¿Recuerdan Tlataya o la mujer torturada por policías y soldados y de lo cual hay video?

Cuando aún queda pendiente aclarar la intervención que tuvieron los militares en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la milagrosa aparición del video que muestra el momento de la ejecución de un presunto “huachicolero” que ya estaba sometido, parece el argumento más contundente en contra de la ley que pretende legalizar la presencia del Ejército afuera de los cuarteles.