• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 28 de Julio de 2017

¡NO ERA PENAL! ERA FRANKENSTEIN DOS I


EMMANUEL RUIZ SUBIAUR



El 29 de junio de 2014 en el campeonato de futbol comercial de la FIFA, Holanda derrotó ampliamente a México; para justificar el pésimo nivel del futbol comercial mexicano y la derrota, dirigentes de equipos, comentaristas de televisión y futboleros en México pretextaron que el primer gol de Holanda no debió valer porque fue resultado de una sanción que no había sido penalti. La frase de ¡No era penal! se hizo viral.
    Pues de la misma manera como en aquella ocasión el grito de ¡No era penal! retumbaba aquí y allá, desde 2008 hasta el día de hoy he insistido -hoy ya se suman bastantes voces hasta de Ministros de la Corte- en que el mega caro y pésimamente diseñado “nuevo” Sistema de Justicia penal, ¡No era Penal!  
    Mientras los licenciados en Derecho ocuparon la Presidencia, la armazón y el esqueleto de la sociedad mexicana era el derecho; las leyes, las normas se privilegiaban. Abogados fueron López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría Álvarez, López Portillo y Pacheco y De la Madrid Hurtado.
    De la Madrid cedió el mando a economistas neoliberales empleados directos del Consenso de Washington –por no decir gatos de los financieros gringos-; vinieron a trabajar para la entrega al exterior y al neoliberalismo, los bienes nacionales y a trastocar hasta sus cimientos la cultura nacional.
    El Vaquero Loco –“administrador de empresas” -ninguna de él- (gerente de la Coca Cola)-, impuso a un ebrio consuetudinario -decisiones “tomadas” atendiendo los grados etílicos de su cuerpo-. Así se depuso el Derecho –hasta el Ius Puniendi- y se rediseñaron verdaderos “mamuts blancos” –torpes, ineficientes- como organismos del gobierno para atender los asuntos de Estado.
    Uno de esos “mamuts” es el ostentosamente caro -y más oneroso para el país y la ciudadanía- Sistema de Justicia Penal. Ya derrotó al Estado mexicano en la lucha contra la delincuencia: logró que el de por sí torpe Estado mexicano depusiese el ejercicio del Ius Puniendi.   
    Diseñado al gusto de quienes no saben de derecho sino querían obtener ganancias en la implementación del proceso Penal, el Sistema fue impuesto por la estulticia de un Presidente de la República borrachales que oyó a administradores de empresas, diseñadores de campañas de marketing, sicólogos, gestores de negocios, economistas fracasados para criar –criar, NO CREAR-, un monstruo más decepcionante que el de Frankenstein.
    Corrijo: peor que el monstruo de Frankenstein (porque aquel era, al menos, una mezcla de ciencia y ficción que, aparecido precisamente en los albores de la Revolución Industrial, era símbolo de una clase social oprimida (el Monstruo «reconocía la división de la propiedad, las inmensas riquezas y la pobreza mísera»), pero el Sistema no sólo las desconoce sino que las quiere potenciar y perpetuar en un mundo de injustica total.  
    Las similitudes entre el monstruo de Frankenstein y el monstruo de FeCal son muchas: el monstruo de Frankenstein es un personaje de ficción que apareció por primera vez en la novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo; el monstruo de FeCal (“Nuevo” Sistema de Justicia Penal) es una criatura que apareció por primera vez en la mente alcoholizada de FeCal y otros diseñadores de instituciones gubernamentales que buscaban pretextos para justificar desvíos del presupuesto en cantidades abultadas.
    El monstruo de Frankenstein es un ser creado con partes diversas de cadáveres diseccionados, al cual le es otorgada la vida por Víctor Frankenstein durante un experimento; el monstruo de FeCal (“Nuevo” Sistema de Justicia Penal) es una criatura diseñada con partes y despojos de organismos gubernamentales extranjeros que no tienen asidero en la cultura mexicana ni en la familia del Derecho que domina en el país al que le dio vida FeCal (copia burda de tasajos de otras latitudes que también en los países de donde fueron copiadas han demostrado su fracaso).
    El monstruo de Frankenstein no tiene nombre propio como símbolo de su orfandad, alienación y su carencia de sentido e identidad humana; el monstruo de FeCal (“Nuevo” Sistema de Justicia Penal) es una criatura en la que supuestos conocedores de quien sabe qué artes han intervenido y han sugerido denominar a su gusto o antojo –cobrando altas sumas por sus “sesudas” sugerencias-.
    Si el Ius puniendi es una expresión latina utilizada para referirse a la facultad sancionadora del Estado (literalmente la traducimos como derecho a penar o derecho a sancionar) y el monstruo de FeCal ya logró que el Estado mexicano deponga ese derecho, imponga y legalizar la impunidad, permita que los delincuentes se paseen por las calles con la autorización del Estado, entonces ¡el monstruo de FeCal, resultó peor que el de Frankenstein!
    Oportuna frase de Víctor Frankenstein acerca del producto de su experimento: “¡Cómo expresar mis emociones ante aquella catástrofe, ni describir al desdichado al que con tan infinitos trabajos y cuidados me había esforzado en formar! … ¡Dios mío!”