• La Verdad del Sureste |
  • Jueves 14 de Diciembre de 2017

La reconstrucción


Brasil Acosta Peña



Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
Quizás la parte más difícil del proceso que hemos vivido recientemente en relación con el sismo del pasado 19 de septiembre, (justo después de un simulacro) que dejó, por fortuna, menos muertes que en el mismo día de 1985; es la cantidad de daños materiales que este temblor trajo consigo.
    Aunque las baterías mediáticas se han enfocado principalmente a la Ciudad de México (CDMX), e incluso han construido escándalos melodramáticos inventados por las poderosas empresas dedicadas a la manipulación, como el caso de “Frida Sofía” la niña que nunca existió, descuidando las comunidades afectadas en Morelos, Estado de México, Puebla y las ya afectadas en Chiapas y Oaxaca por el sismo anterior.
    Para poner algunos ejemplos de los daños, se cayeron edificios que fueron edificados con las nuevas normas de construcción impuestas después del terremoto de 1985, de lo cual se deduce que siguen haciendo lo mismo las empresas que actúan con base en el interés por obtener la máxima ganacia, razón por la cual han optado por construir con materiales de baja calidad, revelando que no es la gente la que les preocupa sino, por el contrario, como queda dicho, la ganancia.
    El jefe de gobierno de la CDMX reconoció que se han recibido reportes de más de tres mil 848 edificios dañados y más o menos tres mil al borde del colapso. Vimos cómo se cayó una iglesia en Atzala, Puebla, justo en la realización de un bautizo, provocando la muerte de 12 personas; se derrumbaron dos cúpulas de la iglesia de Los Remedios, construida sobre la pirámide en honor a Quetzalcóatl, en Cholula Puebla; en Tlaxcala se derrumbó la cúpula de la famosa parroquia de San José, a un costado del Palacio de Gobierno de Tlaxcala; la iglesia de Joquicingo, Estado de México, también sufrió daños; en Toluca, el edificio de oficinas administrativas ubicado a una cuadra del Palacio de Gobierno del Estado de México, sufrió severos daños; en Axochiapan, Puebla, 300 casas quedaron dañadas y 30 inhabitables; 80 por ciento de las construcciones en Jojutla, Morelos sufrieron afectaciones tras el sismo; Atlixco e Izucar de Matamoros, Puebla, también resultaron severamente fectadas, etc.
    Para apoyar a la reconstrucción de los estados afectados por los sismos se han presentado diferentes iniciativas, algunas empresas han prometido que por cada peso donado darán otro peso; otras ofrecieron que por cada peso donado entregarían cinco pesos, etc., este vuelco hacia el “altruismo solidario” trata de ocultar el verdadero fondo de la cuestión: la iniciativa privada se prepara ya para las importantes ganancias que obtendrá, particularmente las empresas relacionadas con la construcción, las que producen cemento, varilla, tabique, cal, grava y arena; así como las empresas minoristas que con el acopio de víveres se estarán beneficiando de esta tragedia.
    Además, los donativos de las grandes empresas serán deducidos de impuestos y, por ende, se beneficiarán con ello.
    Los empresarios, que no le pierden, ya están generando un fideicomiso para la reconstrucción que será manejado por ellos. No sabemos de qué manera, con qué criterios, pero lo que sí se deduce de la actitud empresarial es que en última instancia no es el altruismo el que los mueve, sino la ganancia.
    Veamos un ejemplo, el Lic. Raymundo Acosta, especialista en comunicaciones, publicó un artículo criticando la falsedad de las empresas de telecomunicaciones que ofrecieron de forma “gratuita” sus plataformas para internet móvil; sin embargo, no dijeron que ya hay 70 millones de usuarios de internet vía telefonía celular y que en promedio pagan al mes 100 pesos y que, por lo mismo, estas empresas recaudan cada año de los usuarios un promedio de 84 mil millones de pesos; así, un par de días de internet gratuito no es ninguna gracia, sino una grosería. Si esos 84 mil millones pudieran destinarse a la reconstrucción, otro gallo nos cantaría y lo veremos enseguida.
    Una muestra de que el afán de lucro no tiene límites, incluso en medio de la desgracia, puede verse en la siguiente nota periodística que indica cómo será la administración del fideicomiso que concentre los ingresos obtenidos por donativos: “el fideicomiso será administrado por un comité directivo conformado por líderes empresariales como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón; el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Alejandro Ramírez Magaña y el de la Confederación de Cámaras Industriales, Manuel Herrera Vega, entre otros”. ¿Y los obreros? ¿Y los trabajadores? ¿Y los damnificados? ¿Y las amas de casa? ¿Y los estudiantes de bajos recursos?, ellos no forman parte de este comité directivo, entonces ¿qué nos garantiza que la situación va a estar bien y los recursos se destinarán a favor de los que verdaderamente lo necesitan?
    El mal es un síntoma más de la descomposición del modelo económico al grado de que investigaciones del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) señala que el diseño de las ciudades en América Latina frena el desarrollo, lo cual confirma la tesis que hemos planteado en este mismo espacio de que se requiere una reconstrucción desde cero de la ciudad de forma gradual y ordenada, pero de fondo. Efectivamente, la gente vive hacinada, se generan grandes problemas de tráfico y transporte y, finalmente, la gente queda obligada a trabajar en el sector informal, única opción que el sistema le deja a quienes no tienen acceso a un trabajo digno y bien remunerado.
    Los datos lo revelan: 25 por ciento de los latinoamericanos vive en asentamientos informales y, por lo mismo, mal construidos y sin los servicios básicos de manera general; 15 por ciento de los latinoamericanos carece de algún transporte a 10 o 15 minutos de su casa y, finalmente, 60 por ciento de los trabajadores mexicanos trabaja en el sector informal. Adquirir una vivienda privada de 50 metros cuadrados consumiría la vida activa de un trabajador, pues pagarla le tomaría en promedio 30 años. Finalmente, la reconstrucción costaría 38 mil millones de pesos, 45 por ciento de lo que la población paga cada año a las empresas de internet móvil. Hay recursos para la reconstrucción, sin embargo, no hay disposición para invertirlos en el bienestar de la gente necesitada y damnificada, pues en este sistema egoísta cada quien debe rascarse con sus propias uñas.
    De ahí la importancia de crear una fuerza social organizada y educada que tome las riendas de este país y transforme la vida de las grandes mayorías pensando en el interés común y no en el interés individualista. Esta tarea es perfectamente posible, solo hace falta que el pueblo tome conciencia y siga la línea trazada hace más de 43 años por el Movimiento Antorchista. Para reconstruir hay que organizar y educar al pueblo para tomar el poder político nacional: manos a la obra.       


Adelanto del documental "Esto soy", producido por Epigmenio Ibarra

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