• La Verdad del Sureste |
  • Martes 26 de Setiembre de 2017

SISMO HISTÓRICO PARA TABASCO


Edgar Martínez Briceño



La noche de este jueves 7 de septiembre un inusual evento perturbador sacó a los tabasqueños de sus casas, de su sueño o de su tranquilidad: se trataba del movimiento telúrico más fuerte en la historia de Tabasco, un sismo de 8.2 grados en la escala de Richter con epicentro al suroeste de Pijijiapan (ahora ya sabemos que existe un lugar llamado así) en Chiapas, pero que pudo sentirse con gran fuerza en los estados de Veracruz, Tlaxcala, Ciudad de México, Puebla, Hidalgo, Morelos y Oaxaca. Este último, el estado más afectado y en donde se derrumbó el palacio municipal de Juchitán, entre cientos de  inmuebles y decenas de fallecidos en dicho municipio.  
    A partir de las 23:49 horas y durante algunos minutos de esa noche, unos 50 millones de mexicanos (Dos y medio millones de tabasqueños) pudimos sentir el poder de la tierra moviéndolo todo. La habitación, el edificio, el auto o simplemente el suelo bajo nuestros pies (pero sin “Mover a México”, porque para eso es necesario el combate a la corrupción, la pobreza, la ignorancia y la desigualdad que sólo el gobierno federal que encabeza nuestro presidente y futuro héroe de la patria, el Lic. Enrique Peña Nieto puede lograr).
    El evento histórico para los tabasqueños en el que se perdieron cuatro vidas humanas tuvo un saldo favorable  en términos materiales; daños estructurales a un número mínimo de edificios y daño principalmente no estructural a otros más; infraestructura estratégica como presas e instalaciones de petróleos mexicanos sin reporte de daños. Quizá el caso de mayor trascendencia es el de la Torre Zafiro, una lujosa construcción ubicada en la ciudad de Villahermosa, en la cual antes del sismo uno podía rentar un departamento por solo $25,000, pero que ahora sufre visibles daños estructurales que ponen en duda la vida de la infraestructura. Curiosamente los departamentos de interés social de POMOCA resistieron lo que el lujo no pudo.
    Pero quizá el mayor daño de todos sea el psicológico. El territorio de nuestro estado no está considerado como una zona sísmica; estos fenómenos son poco frecuentes y de una intensidad despreciable, hasta ahora. Eso explica la poca relación que tenemos los tabasqueños con los sismos, lo que deriva en  confusión sobre cómo afrontar el evento, así como la falta de un sistema de alertamiento temprano por parte de las autoridades de protección civil. No es de extrañar la psicosis imperante la mañana posterior al evento, en el que muchos centros laborales se quedaron vacíos de personal por el miedo a una posible réplica. Hasta la pijama cambiamos, por si acaso.  
    Ahora sí, todos los chocos a hacerle caso a Andrés Granier Melo, a “dormir tranquilos, pero alertas”.
@MartinezBriceno