• La Verdad del Sureste |
  • Sábado 23 de Setiembre de 2017

TRABAJAR CON MENUDENCIA


EMMANUEL RUIZ SUBIAUR



El Gregueriano: “No por andar queriendo quedarse con las suelas, perderán los pares de zapatos”.
    Las diferencias entre un líder y un dirigente son muchas: sus roles, sus conductas, sus fines y objetivos varían diametralmente. También su lealtad. El líder le es leal al deseo de la mayoría y prefiere jugársela con el sector del pueblo al que considera más necesitado, vulnerable o débil; el dirigente le es fiel al jefe de la jerarquía, su mal entendida lealtad mira hacia arriba y rasca para ganar en la gracia del más poderoso.
    Puede decirse que en uno hay lealtades hacia abajo y en el otro, lealtades y fidelidades hacia arriba. El líder lucha por la consecución de fines y objetivos que le den bienestar a la mayoría; el dirigente sólo por lograr obtener posiciones de mando y poder aunque en ello le vaya la honra, el prestigio o su credibilidad. Ni uno ni otro están bien o mal en sus conductas; aunque se les pueda juzgar en positivo o en negativo según nuestras apreciaciones; simplemente cada uno cumple su rol.
    Ha usado bien los calificativos AMLO. Al decir que los dirigentes del PAN y del PRD sólo se preocupan por el “hueso”, se ha ubicado exactamente en la dimensión de líder que le corresponde. Pero también debió incluir ahí a los dirigentes de Morena. ¿O acaso el ex alcalde de Centro no anda deschavetado pidiendo la postulación al Centro nuevamente? Quizá esa sea la razón del autocorrectivo que se aplicó Adán Augusto.
    Caminando por los caminos de la adivinación política parece acertada la corrección que se infligió el Dirigente Estatal de Morena, Adán Augusto López Hernández al declarar que su tarea es la de ser dirigente dedicado a organizar y fortalecer a ese partido. Lo peor que puede hacer un dirigente es querer quedarse él con el cargo más importante de elección popular en el Estado y descuidar su trascendental tarea de fortalecer a su partido.
    Ya se han tenido, en ese aspecto, varias experiencias. Una de ellas fue la del exdirigente estatal de Morena en el proceso electoral del 2015 que, por buscar la postulación para la alcaldía del Municipio de Centro en 2 elecciones, descuidó el avance y fortalecimiento del partido y no obtuvo el triunfo en la elección.
    En el caso de Adán Augusto, la frase adecuada no es de la cultura milenaria china sino de la de los mexicanos: zapatero, ¡a tus zapatos!; o, dirigente, ¡a dirigir! No por andar buscando la luna pierdas la vía láctea.      
    Llama la atención en el caso de Tabasco que uno de los dirigentes del PRD haya afirmado recientemente que en las elecciones del 2018 ese partido ganará 14 alcaldías de las 17 que estarán en juego. Véase que como dirigente lo único que le importa es cuántos cargos o presidencias municipales logrará conseguir en el futuro proceso electoral.
    No es fácil creerle a éste dirigente ya que en las elecciones pasadas el PRD sólo logró obtener la mitad de las alcaldías en juego. Ganar 14 alcaldías implicaría duplicar los triunfos y multiplicar los esfuerzos y… los gastos. El dirigente en cuestión seguramente le apuesta a que los actuales alcaldes emanados del PRD se vuelvan a postular para la reelección y que la ciudadanía de esos municipios los estén valorando como buenos o regulares alcaldes y merecedores de, al menos, la mayoría de los votos.
    Es inobjetable la frase de la milenaria cultura china que dice que el arte de la adivinación es un arte complicado y difícil si la adivinación es hacia adelante, pero sumamente difícil y complicado si la adivinación es hacia el pasado. Esta frase milenaria había de aplicarse a la adivinación del referido dirigente.
    En el fin de semana me asaltó una hipótesis científica: ¿Qué hará más daño a una nación o Estado: tratar de defender su soberanía aunque fuese violentado la ley o deponer totalmente la defensa de su soberanía? Si se lucha y se defiende, se puede perder; pero si no se lucha ni se defiende, ya está perdida. Hay que sumar para multiplicar; hay que ganar en las urnas lo que se ha ganado en la labor social, si no, nunca se tuvo soberanía.
    También una cuestión por demás inquietante: ¿Cuál puede ser la razón de que un “político” al que un partido le otorgó una candidatura -no porque tuviese méritos ni la mereciera sino porque la adquirió o las circunstancias lo catapultaron a esa postulación-, permanezca en ese partido si realmente al partido no le debe nada, ni el político lealtad al partido? En otros términos: ¿La lealtad a un partido se sostiene por un “político” en atención a los cargos y oportunidades electorales que le haya dado el partido al político o en función a su compromiso ideológico coincidente con los postulados teóricos y prácticos de ese partido?