• La Verdad del Sureste |
  • Domingo 20 de Agosto de 2017

Urdimbres y texturas

La “ballena azul” y el impulso educativo


Teresita Bautista Valles



 
Todo sistema educativo persigue una finalidad: educar para construir, para darle continuidad al sistema a través del tiempo. Está tan vinculado a la cultura y la ideología, que en Turquía al golpe de Estado, el líder que lo encabezó decidió encarcelar docentes, y paralizar las escuelas. No es un gesto torpe, es una acción determinada a cambiar ideología, estructura mental y ganar adeptos forzados.
 
Se cambian estructuras mentales a partir del currículum alterado, modificado para hacer pensar, trabajar y actuar según la mente manipuladora en turno. Se vio tiempo atrás en nuestro país, con Benito Juárez con otra intención, cuando se establece el sistema educativo que buscaba resguardar el liberalismo de la época. Basó el sistema educativo en la filosofía del positivismo, pretendió darle a los mexicanos el instrumento intelectual necesario para impulsar el desarrollo científico y técnico alcanzado por los países industrializados. Una educación laica, capaz de liberar a la población de la concepción religiosa de la vida, buscando el propio progreso, inculcándole el amor al trabajo. En tres ejes definió esa política educativa:  gratuita, laica, obligatoria.
 
Al triunfo liberal, se hizo patente el control sobre la educación, porque los intelectuales la concebían como un vehículo para establecer la filosofía del nuevo Estado.  Con las críticas que puedan hacerse, la continuidad del sistema ha pasado por vaivenes, tanto internos como externos. Internos en los golpes que ha recibido según las etapas históricas y sociales por las que ha pasado la educación en México.
 
En algunos casos me ha tocado escuchar el suspiro prolongado de la admiración por los países asiáticos como Japón o China, donde la ponderación de la educación es tan singular que es garantía para sus profesionistas salir del país y colocarse. Pero mirar hacia el interior de esos sistemas educativos lleva, en términos generales, a resumirlos así: trabajo, valores, coherencia.
 
Nadie puede imaginar que un joven chino limpia su salón de clases después de una jornada de trabajo, o que los niños en Japón tienen la oportunidad de ser y conocerse en los primeros cinco años de vida en la escuela; el jardín de niños es para crecer como individuos y establecer hábitos, desde la alimentación hasta la conducta. El gobierno de la mente.  Diría un alumno mío: “se lo toman tan en serio, que son matados”.
Pero conlleva en su habitual día a día sentir la escuela como suya, aún con intrusos indeseables: acoso escolar, bulimia, anorexia, indiferencia, inducción al suicidio, mismos que son abatidos por los valores, la confianza en el ser humano, y una familia que escucha y una escuela que acompaña. Sí, la escuela en todas partes ha pasado por el embate de lo social, y del ser según las épocas; cada vez la agresión se hace patente en los niveles más sórdidos y ridículos, pero ahí está también el ser social, el ser humano. Entonces, ¿porqué el juego de la “ballena azul” ganó tantos adeptos?
 
El impulso a la educación en los países no sólo es para otorgar herramientas laborales a los jóvenes, futuros adultos, sino para que sean también personas. El juego de la “ballena azul” hizo mella en los más jóvenes, los más débiles (diría su cínico creador).
 
Se dan herramientas para consolidar economías, pero no se aprecia el buen ocio, la apreciación de las artes en general. Fundamental entender que educación-cultura-sociedad son ejes tan encadenados que se nota en el gobernante en turno. Aún me queda pendiente dedicarle una columna al  parque Tomás Garrido Canabal, enclavado en el corazón de Tabasco; ese pobre parque cuya función no sólo era el esparcimiento, era memoria del pasado maya, de la arquitectura que te hace pensar y observar.  Un lugar que bien pudo ser la opción de “baño de bosque”, que los japoneses sugieren para controlar el estrés.
 
No se pondera lo bello, para contrarrestar lo absurdo, violento, y caótico de lo que sucede en nuestro Estado y en nuestro país. Eso también se enseña, se educa en la belleza, pero no en la belleza superficial, sino aquella que le da su sitio a la naturaleza. La “ballena azul”, el juego del suicidio, la anorexia, la bulimia, el acoso escolar, todas, son cosas que no son propias de nuestras comunidades. En nuestras ancestrales culturas tuvimos y tenemos identidad. Necesitamos retornar a lo que se asentó en Tabasco, la cuna de la cultura madre: la sabiduría Olmeca. Pero eso, da para otra columna.