El acertijo Por Uriel Tufiño
Aparte de la parafernalia que envuelve a la ceremonia de entrega de los “Premios Oscar”, ¿qué aprendemos de las películas norteamericanas? Yo creo que muy poco. Para la cultura de los Estados Unidos todo parece reducirse a una cuestión de gasto y los contenidos de sus producciones son predecibles: la eterna lucha maniquea entre “los buenos” y “los malos”. Claro, hay películas y actores que marcan la excepción, como Marlon Brando en su personificación de jefe de la mafia en El Padrino, actuación que le valió el Oscar, premio que Marlon Brando rechazó por el trato que se le daba a los indios en las películas gringas.
Pero si El Padrino es una película fundamental para entender a la mafia italiana asentada en América, el libro Gomorra de Roberto Saviano es un referente más actual sobre el mismo tema y se ubica en el sur de Italia, que en poco se parece al norte italiano, acaso sólo en la lengua. Las revelaciones hechas por Saviano fueron tantas -o tan exactas- que tuvo que salir de su país y vivir en medio de amenazas. Ese acercamiento inicial con la mafia siciliana ha hecho que Saviano se interese en la forma en la que operan otros grupos en el planeta.
Si bien lo común es decir lo contrario, tal parece que en el caso de Joaquín “El Chapo” Guzmán las circunstancias son producto del hombre y no al revés. Al menos eso es lo que dejan ver las afirmaciones que Roberto Saviano hizo sobre el capo más buscado en la Tierra y planetas circunvecinos… aunque cualquier persona de Sinaloa sabía que podía ser encontrado en su estado natal. ¿Y entonces por qué hasta ahora lo capturaron las autoridades? ¿Por negligencia en las investigaciones, por complicidad o por traición?
Para Saviano está muy claro que el verdadero imperio de “El Chapo” se encuentra más allá del territorio nacional y que Joaquín Guzmán viene a ser una especie de líder del narcotráfico en la globalización. En palabras de Saviano: “Ha tenido una genialidad en detectar nuevos territorios de mercado que lo ha transformado en el Steve Jobs de la coca” pues avizoró “que en el mundo occidental los derechos entran en contradicción con el mercado, por lo que comprendió que los países occidentales necesitan territorios sin ley, sin derecho”; por ello, remató el escritor italiano, el Cártel de Sinaloa es “el grupo criminal industrial mexicano que ha revolucionado el mundo de la cocaína”. Sin proponérselo, el novelista colocó a “El Chapo” en la antesala de la canonización civil.
¿O cómo explicar las marchas en apoyo a la liberación de “El Chapo”?, ¿acaso hubo ese tipo de expresiones cuando Elba Esther Gordillo pisó la prisión? Es cierto, no fueron marchas multitudinarias pero fueron arriesgadas muestras de lealtad hacia el personaje que les dio de comer, que los protegió, que los sacó de algún apuro económico o que –simplemente- cubrió el vacio que los gobiernos federal y estatal han tenido en diversos estados, por no decir que en todo el país. Algo similar a lo que se puede ver en El Padrino cuando él es el receptor de las quejas de la ineficacia y la corrupción de las burocracias gobernantes.
Seguramente nunca sabremos la verdadera razón por la que el gobierno mexicano se decidió a detener a “El Chapo”, aunque todos veíamos con claridad la mano de Obama atrás del operativo de captura aún antes de que las autoridades de México reconocieran el apoyo de las agencias norteamericanas para la ubicación del equipo de telefonía del líder del Cártel de Sinaloa.
Y lo que seguramente tampoco veremos será la detención de quienes, desde el gobierno, conocían y protegían las actividades de Joaquín Guzmán. Porque si los negocios principales de “El Chapo”, como dicen los expertos, se extendían no solamente a los Estados Unidos sino también a Europa, África e incluso hasta China, ¿cómo transportaba la cocaína?, ¿acaso por teletransportación? La única explicación es la existencia de una red de complicidades que, por corrupción o por sociedad, facilitaba el trasiego de la droga más allá de las fronteras marítimas. El guante le cayó encima a “El Chapo”, pero falta que éste se decida a quitar las máscaras de los otros.