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La Verdad del Sureste

El Aeropuerto y Texcoco


 

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX)  con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,  fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica  y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

Es un hecho y prácticamente no hay forma de evitar, como se hizo en otro momento, la construcción del nuevo aeropuerto, al que se ha considerado como la obra del sexenio porque será uno de los más modernos y funcionales del mundo y tendrá seis pistas que permitirán el aterrizaje y despegue simultáneo de aeronaves, así como capacidad para atender a 120 millones de pasajeros al año. No se trata de una ampliación del aeropuerto actual sino de uno nuevo que, a decir de las autoridades en la materia, cuando esté terminado, sustituirá al vigente.
    No sería congruente ni correcto oponerse al desarrollo o a la modernidad, pero sí creo necesario dejar asentada una preocupación sobre la inclusión en dicho proyecto del municipio cercano Texcoco, Estado de México, porque en este asunto sólo pueden pasar dos cosas: que se haga sin incluirlo o que se realice tomándolo en cuenta. La inclusión parcial siempre tendrá a la larga el defecto de convertirse en exclusión y, en mi opinión, debe considerársele en todo lo relacionado con el proyecto.
    El municipio se ha rezagado y se hace necesaria una fuerte inversión pública para desarrollarlo; por lo que esta oportunidad debe aprovecharse. El aeropuerto quedará asentado en terrenos de propiedad federal en las inmediaciones del municipio y no habrá posibilidades para que, con base en el reclamo de tierras, ocurra un episodio como el de Atenco.
    Sin embargo, es necesario advertir que no es pertinente que la construcción del “aeropuerto más moderno del mundo” deje fuera de la modernidad a Texcoco y que como consecuencia de una actitud discriminatoria –ésta es precisamente mi preocupación– el nuevo proyecto quede en una zona “exclusiva”, “bonita” y “moderna”, mientras que en sus alrededores se establezca una “zona fea”, “pobre” o “excluida”. No es conveniente que ocurra lo mismo que sucedió en Cuajimalpa, Estado de México, donde se erigió una ciudad modernísima y un centro comercial gigante (Santa Fe) en lo que antes fuera un basurero, mientras que en su entorno inmediato quedó la miseria, el hambre y la marginación.
    La nueva obra no puede ni debe ser vista como una ciudad independiente de las que hay a su alrededor. Con el nuevo aeropuerto, por otra parte, las oportunidades de trabajo serán muchas y por su ubicación (Texcoco) que tiene mano de obra valiosísima y también calificada, podría jugar un papel importante en el abastecimiento de trabajadores manuales y técnicos. El 13 por ciento de la población adulta de la localidad cuenta con educación superior; el 23 por ciento tiene la preparatoria terminada y el 37 por ciento concluyó la secundaria.
    Es decir, el 73 por ciento de su población tiene educación secundaria o más, lo cual habla de una población calificada. Sin embargo, casi el 60 por ciento de los texcocanos deben trabajar en otras zonas del Valle de México por no encontrar opciones laborales en su propio municipio. Además, Texcoco es la población con más posgraduados por cada 100 mil habitantes. Es menester, pues, que los lugareños sean incluidos tanto en el proyecto de construcción del centro aeroportuario como en todas las áreas de servicio asociadas con éste: hoteles, restaurantes, agencias aduanales, servicios financieros, comercios, etcétera.
    Uno de los problemas que planteará la construcción será el de su dotación de agua, que, como es previsible, será tomada del vaso del lago de Texcoco y sus mantos freáticos, que están sobrexplotados porque empresas del actual aeropuerto están cubriendo su demanda con recursos acuíferos de pozos de la localidad. Aunque las autoridades federales han anunciado que el nuevo centro aeroportuario será “autosustentable” y que sus necesidades se cubrirán con plantas de tratamiento de agua, no se ha dicho nada sobre la recarga de los mantos freáticos ni cuáles serán sus soluciones de mediano o largo plazo cuando el problema de falta de agua se agudice en el futuro. Es necesario poner de manifiesto este asunto para que las autoridades lo tomen en cuenta.
    Por todo ello, a los habitantes de Texcoco les conviene unirse, conjuntar fuerzas, reflexionar y formular propuestas en la demanda de que nuestro municipio quede incluido en el desarrollo económico que traerá aparejado el proyecto aeroportuario. Hace falta drenaje, agua potable, pavimentos, zonas de recreación, albercas olímpicas públicas, estadios modernos, centros recreativos y museos; una ruta turística; mayor inversión en seguridad pública con cámaras estratégicamente ubicadas y un centro de inteligencia policial; una biblioteca pública moderna.
    Le hacen falta análisis y propuestas viables y actuales sobre el tema del transporte; en el mismo centro es necesaria una fuerte inversión para poner el drenaje a la altura de los requerimientos, pues hay zonas que se inundan; hace falta un proyecto de mejoramiento de la imagen urbana que haga del municipio un centro urbano hermoso y que conserve sus tradiciones, lo cual es perfectamente posible. Hace falta que sea reconocido como pueblo mágico por la Secretaría de Turismo o Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, por su grandeza histórica o arqueología prehispánica, pero para ello es necesario que haya grandes inversiones enfocadas a lograr tal propósito.
    Hace falta que en la Montaña de Texcoco se hagan fuertes inversiones para estimular el desarrollo agrícola, cuidar los bosques, limpiar y evitar la contaminación de los ríos, así como crear plantas de tratamiento de agua y establecer redes de almacenamiento y distribución de agua. Hace falta, asimismo, que se apoye decididamente a la cultura; es la tierra de grandes artistas que no han tenido la oportunidad de exponer su obra en su propio municipio.
    En síntesis, debemos plantear y exigir que se destinen recursos presupuestales para que en los próximos cuatro años se hagan inversiones de gran calado y que el municipio no quede fuera del proyecto de desarrollo. Los grandes rezagos que tiene requieren de ingentes esfuerzos de inversión, es posible abatirlos en el marco de la construcción del nuevo aeropuerto. No sería correcta la construcción de modernísimas pistas aéreas, mientras las calles del municipio están sin pavimento; sería un absurdo construir inmensas obras de drenaje y agua para el conjunto aeroportuario, mientras hay zonas habitacionales que tienen 30 años sin agua y drenaje. La solución a los dos problemas es perfectamente posible, pero depende de que todos los texcocanos velen porque las cosas que se hagan en el aeropuerto se hagan también aquí.
    No creo que sea correcto oponernos al aeropuerto, pero debemos estar a la altura del proceso y aprovechar la oportunidad que se nos presenta para que nos incluyan en el desarrollo. Por nuestra parte estamos poniendo nuestro granito de arena al gestionar recursos para beneficio de los habitantes de Texcoco; sin embargo, un esfuerzo aislado no es suficiente. Es el momento de conjuntar esfuerzos para que quedemos incluidos en el proceso de desarrollo que ya ha sido anunciado con el nuevo aeropuerto.

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