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La Verdad del Sureste

AMLO en Oaxaca La renovación de la esperanza RUBÉN MÚJICA VÉLEZ


AMLO concluyó con Oaxaca su largo y es¬forzado esfuerzo de abrir brecha a la democracia. En su cierre de campaña en la Alameda de León corrobo-ró su liderazgo en un amplio sector de la sociedad. Pocas, acaso única ocasión en que la identificación del líder con el pueblo, alcanza esos nive¬les. Y esos decibeles. Fueron muchos los momentos en que el discurso de AMLO se vio interrumpido. Le obligó a detenerse e incluso reorien¬tarlo. La euforia del público asistente sacudió al tabas¬queño. Prevaleció una de¬manda hoy arrinconada por el gobierno estatal. Aunque ratificada discursivamente el compromiso de cumplirla por el gobierno local: justi¬cia. Cárcel a Ulises Ruíz, fue la constante entre los asis¬tentes. Monolítica, la deman¬da evocó los aciagos días de 2006 que ilusoria anticipó su eficacia: ¡ya cayó, ya cayó!
El otro alarido, se concretó en ¡fuera Televisa! Grito rabioso que confundió al orador: ¡No estoy de acuer¬do en ese “muera”. No deseo a nadie la muerte. Desde mi gobierno promoveré la aper¬tura del mercado televisivo.
Pero si esas deman¬das revelaron el repudio po¬pular, campearon otras que reiteradas, deben despertar el interés del gobierno fede¬ral y estatal actuales. El ta¬jante rechazo al prolongado caciquismo de Elba Esther Gordillo no quedó rezagado respecto de los anteriores. Se reflejó, aún latente la in¬conformidad con el magisterio local por sus “plantones” y mar¬chas “guadalupanas” (por su pa¬sividad beatífica y el monótono “pase de lista” para comprobar su burocrática “rebeldía”), se ratificó una superior dosis de rabia con¬tra la enriquecida chiapaneca.
En éste tramo, AMLO aportó un ángulo discursivo que desató la ovación aprobatoria: en su gobierno habrá diálogo con el magisterio oaxaqueño, respeto a sus conquistas laborales, reco¬nocimiento de sus aportaciones democráticas- faltó mencionar el desquiciado intento de des¬alojo del zócalo a seis años y dos días. Pero, llamó a los maestros a sumarse a un nuevo gobierno, responsable de velar por la niñez oaxaqueña:
¡Ya no más la asistencia de los maestros en las comunida¬des de martes a jueves! ¡No! ¡Se¬mana completa!
La idea despertó la ale¬gría del público. Declaró tajante:
¡En julio vendré a Oaxa¬ca para realizar reuniones con los maestros, una o varias reuniones en las regiones para formular un Plan educativo que garantice la mejoría de la educación. Por que la educación es la vía para lograr el desarrollo de la sociedad.
La algarabía popular se desató. Al grado que no permitie¬ron que se escuchara nítidamente el corolario:
¡Ese plan formulado con los maestros oaxaqueños será un ejemplo de una estrategia educa¬tiva nueva en México!
Para entonces repunta¬ba la identificación de los asis¬tentes con el orador. Electrizaba el ambiente. La interrupción del discurso fue atronadora:
¡Presidente, Presiden¬te, Presidente!
La coincidencia colec¬tiva devino ambiente festivo. Sonrisas aprobatorias entre asis¬tentes desconocidos antes, ahora coincidentes en una demanda democrática. Detrás de AMLO se sumaban a la euforia colectiva los políticos regionales. Más de uno cuestionados radicalmente por “subirse al carro de AMLO” en momentos que el arrastre del tabasqueño garantiza su éxito electoral- Pero, la mayoría des¬tazados desde diversos ángulos del amplio auditorio: quienes pe¬dían que se bajara del templete a los sempiternos líderes del PRD, quienes denunciaban a gritos a un pochutleco señalado como defraudador de sus paisanos. Un diputado local, obeso al máximo fue repudiado por un estentóreo asistente:
¡Bajen al “Chubaka” de la Sierra Norte! ¡Es un corrupto que no sirve para nada!
El mitin permitió veri¬ficar una sospecha: existe una enorme brecha entre el arraigo profundo de la personalidad de López Obrador como genuino Pre¬sidente de México ¡antes de ser electo vía las urnas”, y la pobreza política de la ”fauna de acompa-ñamiento” proveniente de los di¬versos partidos. Escuchamos un diálogo entre una mujer del pue¬blo y el meloso integrante de uno de los partidos de oposición de discutible ideología de izquierda:
-¿Por qué se suman tan¬tos de ustedes a Andrés Manuel ahora que se palpa el triunfo elec¬toral?
-¡Señora, siempre hemos estado con AMLO!
-¡Mentira! Nosotros lo hemos acompañado en muchas comunidades y comprobamos que éramos pocos sus seguidores y ninguno de ustedes que ahora acaparan las diputaciones y se¬nadurías.
-No señora, nosotros desde nuestro partido…
-¡Además, ustedes es¬tán haciendo a una lado a los de “MORENA”! Somos millones y sin nuestro voto ustedes no ganarán. Dígalo a sus jefecitos
El sujeto se quedó calla¬do. Una sombra cruzó por su ros¬tro.
Mientras la fiesta popu¬lar crecía. La multitud, fervorosa, arropaba a su líder. Éste cerró su discurso con emotivas referen¬cias a la historia oaxaqueña. Evo¬có a Juárez y sus incomparables lecciones cívicas. Vitoreó a los jóvenes: ¡Que vivan los estudian-tes!, en evocación a la trascen¬dente canción. Vitoreó a Oaxaca y México con singular energía. El pueblo se entregó al líder.
Participar en ese mitin, con un pueblo que repite: ¡aquí no hay acarreados!, provoca reflexio¬nes diversas. ¿Desde hace cuan-tos decenios no se contemplaba una campaña presidencial que sacudiera así al pueblo pobre? ¿Desde la expropiación petrolera con el liderazgo del “Tata” Cárde¬nas? O ¿desde la gesta de Madero contra el Porfiriato represor? ¿Cómo explicar el fenómeno de un líder mexicano que apenas en año y medio o dos años, sumó a “MORENA” a millo¬nes de fervientes seguido¬res? Partidarios de AMLO, mientras mantienen feroz crítica contra los partidos de izquierda. Es un aviso a todos los líderes eterni¬zados en las cúpulas de los partidos, comerciantes de la política. El pueblo mexi¬cano, justo es reconocer¬lo, se ha transformado. El mensaje de AMLO ha caído en un surco generoso. Ha germinado en la concien¬cia popular.
Mientras, los otros partidos, con candi¬datos de opereta reparten baratijas entre un pueblo empobrecido. Su soberbia es increíble. En sus recorri¬dos tiran al suelo objetos de ínfimo valor: cubetas, platos o vasos desecha¬bles. Desechable es esa po¬lítica ancestral. La que “re¬gala” 30 bultos de cemento por la credencial de elector que devolverán pasadas las elecciones. La compra de votos y las prácticas tradicionales: “operación tamal”, “carrusel”, “ratón”, todas las abominables muestras del repertorio de truhanes.
Ahora, las elec¬ciones. Sin duda la confron¬tación del pueblo contra la corrupción del PRIPAN. La fecha histórica que defini¬rá por muchos años el futu¬ro de México. La esperanza popular contra l

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