El ex secretario de Gobierno, Juan Carlos Castillejos, dijo recientemente que a inicios del actual periodo tuvo que salir del estado por motivos políticos
Fue el ex titular de la Secretaría de Desarrollo Económico y Turismo, Tomas Yañez Burelo, el que hizo algunos señalamientos sobre el actual gobierno, sin mencionar a alguien en especifico, aunque sí habló de “algunos” funcionarios granieristas que ofenden a sus adversarios.
“Desde hace tiempo hemos venido escuchando repetidamente que nuestro estado está dividido, y que hay que unirnos para superar nuestros retos. Sin embargo esa convocatoria a la unidad se queda en lo abstracto y no especifica en qué debemos unirnos. Hay que empezar por establecer acuerdos generales, y a partir de allí mediante el dialogo, definir un índice de propósitos que deriven en propuestas de solución a nuestros problemas”, dijo durante su participación en un programa de radio.
Yañez Burelo ha ocupado varios cargos en administraciones y en dirigencias priístas. Entre 1980 y 1981 fue alcalde de Cunduacán; años más tarde fue dirigente de los productores de cacao, funcionario en el gobierno de Manuel Andrade, y presidente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
No es el primer ex funcionario andradista que sale a cuestionar la falta de tolerancia en el actual gobierno de Granier.
Recientemente, el ex secretario de Gobierno, Juan Carlos Castillejos, reveló que al inicio de la administración de Granier tuvo que irse del estado presionado por motivos políticos.
En el audio que salió a la luz pública ayer por la mañana, Yañez Burelo señaló que para lograr la unidad que se pregona para enfrentar los problemas del estado “es necesario que los responsables propicien el establecimiento de un ambiente pacifico, en el que de la confrontación de las ideas y proyectos, emerjan las acciones en bien de la comunidad”.
Yañez Burelo siguió: “Y este dialogo debe de ser franco, claro, preciso y respetuoso, ya que el lenguaje que algunos utilizan en ocasiones es superficial, ambiguo y muchas veces ofensivo hacia los adversarios. Esto no contribuye a elevar la estatura del debate ni a que la política se le perciba como la actividad noble y humana que debiera ser, donde no debe haber enemigos, sólo adversarios”.
Pidió dejar de lado el lenguaje de las ofensas y que “de ahora en adelante” prevalezca la civilidad política.
