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La Verdad del Sureste

Atenco, otra vez en pie de lucha

En una asamblea “espuria y totalmente ilegal” abren la puerta a la Conagua y empresarios para compra y venta de tierras que en los recientes 15 años fueron defendidas encarnizadamente por los campesinos del lugar


México, DF., 08 de junio.-  Bastaron tres  horas de una asamblea  ejidal en San Salvador  Atenco, el pasado domingo 1º  de junio, para abrir la puerta  a la compra y venta de tierras  que en los recientes 15  años fueron defendidas encarnizadamente  por los campesinos  del lugar. Una asamblea  “espuria y totalmente  ilegal”, según la califican los  dirigentes del Frente de Pueblos  en Defensa de la Tierra  (FPDT), que despachó en forma  exprés una agenda de 11  puntos; en particular el punto  siete, la gran manzana de  la discordia entre los ejidatarios,  fue resuelto sin debate,  en 15 minutos.  Este cambio modifica  el régimen de propiedad  del ejido a “dominio pleno”,  que finiquita el sistema de  tierras comunitarias que se  conquistó en 1922, al calor de  las luchas agraristas. Se votó  a mano alzada y sin boletas  que despejaran dudas sobre  la legitimidad de la decisión.  Este cambio remueve  el impedimento legal para  que la Comisión Nacional del  Agua (Conagua) y los empresarios  que promueven el  megaproyecto Ciudad Futura  compren los antiguos terrenos  que están en disputa  desde hace 14 años.

 

El FDPT “no lo permitirá”,  adelantan en entrevista  Ignacio del Valle, Hermenegildo  Márquez y Martha  Pérez, representantes del  movimiento de resistencia  campesina. Lo que sigue, informan,  será una estrategia  combinada: batalla legal en  tribunales, “para echar abajo  el acuerdo” y, desde luego,  manifestaciones de resistencia.  “Es la misma lucha desde  que nos enfrentamos con  Vicente Fox. Ellos no quitan  el dedo del renglón. Nosotros  tampoco”, afirma Del Valle.  –¿Vamos a volver a  ver los machetes en la calle?  –Los machetes nunca  los hemos guardado. Pero no  son amenaza ni señal de reto.  Son una advertencia: nos vamos  a defender a toda costa.  –Ignacio ¿usted podía  haber entrado a la asamblea,  como ejidatario?  –Sí.  –¿Por qué no lo hizo?  –No se podía, el comisariado  mandó poner vallas  y filtros, con policías vestidos  de civil portando camisetas  blancas. Provocaron a  nuestra gente, hubo golpeados. 

 

A muchos ejidatarios  que se oponen no les permitieron  la entrada. Nosotros lo  que hicimos fue evitar tanto  la provocación como la confrontación.  Entre las pruebas  para declarar nula el acta  de la citada asamblea hay  videos en los que se aprecia  el cerco que se formó con  hombres fornidos, ajenos a  la comunidad, con corte de  cabello militar, que gritan:  “¡Fuera, fuera!”, cuando se  acerca la columna del FPDT.  Algunos exhiben carteles  con dedicatorias cargadas  de amenaza: “Nacho (alusión  a Ignacio del Valle) se te  responsabiliza de cualquier  enfrentamiento”. “Nacho, porro  del CCH”. “Nacho, fuiste  el culpable de los enfrentamientos  del 3 y 4 de mayo de  2006”.

 

“América del Valle (su  hija) deja de vivir a costillas  del pueblo”.  –¿La asamblea ejidal  no tiene mecanismos para  fiscalizar el padrón y la lista  de asistencias?  –“Tenía –responde  Márquez, quien dejó el cargo  de comisariado en octubre  del año pasado–; hay un  comité de vigilancia, pero  ahora lo controlan ellos. Si  hubiéramos podido entrar  habríamos exigido un pase  de lista. Ahí se hubiera acabado  esa asamblea espuria.  Pero no pudimos”.  Añade Del Valle:  “Todo, todo fue ilegal. Desde  el lugar que eligieron para  hacer la asamblea, un salón  de fiestas, propiedad de familiares  de ellos. Sospechamos  que metieron con anticipación  a gente que no pertenece  al ejido, quizá desde la  noche anterior, para alcanzar  el quórum en el pase de lista.  Los demás votos los compraron  con tarjetas Soriana y dinero  en efectivo”. 

 

Los hombres del cerco  llevaban una camiseta  con la leyenda “Paz y progreso”.  Martha Pérez, avecindada  en Atenco hace años  y que formó parte del grupo  de mujeres que asumieron el  mando del FPDT cuando los  hombres cayeron presos, en  la ofensiva del entonces gobernador  Enrique Peña Nieto,  comenta que para cada  uno de los bandos en pugna  “paz y progreso” significan  cosas bien distintas: “Para  ellos es quedarse callados,  acatar la línea del gobierno.  A cambio reciben dádivas,  porque el gobierno se aprovecha  de su necesidad”.  –¿Los identifican?  –Sí. Algunos son jóvenes  de los pueblos vecinos,  que también vinieron en plan  de provocación cuando se ordenó  borrar nuestro mural de  la casa ejidal en diciembre.  Los conocemos. Muchos son  antorchistas que anidaron  en pueblos vecinos desde  hace como 20 años y ahora,  al frente de su dirigente Yolanda  Solís, están penetrando  en Atenco. Identificamos a  muchos policías municipales  vestidos de civil y empleados  del ayuntamiento. 

 

Es de suponer que en  las filas de los promotores de  la venta de terrenos tenían  bien medidas las fuerzas del  FPDT. Desde hace semanas,  Trinidad Ramírez, esposa  de Del Valle, mantiene cerca  del lavadero de su patio una  libretita donde lleva una bitácora  de los sobrevuelos de  helicópteros, el patrullaje de  policías estatales y federales,  militares y hasta marinos  que mantuvieron al pueblo  bajo estrecha vigilancia  los días previos. Otros ojos y  oídos llevan similar registro  de quien entra y sale de casa  de los Del Valle, que se ha  convertido en centro de operaciones  del FPDT desde que  perdieron la casa de cultura  que les arrebató el presidente  municipal Idelfonso Vega  Silva.  Al alcalde lo responsabilizan:

 

 “Él estuvo detrás  de todo esto. Se la ha pasado  promoviendo la idea de que  nosotros somos salvajes, violentos  y que nos oponemos a  todo. Y claro que nos oponemos  a la venta de la tierra. No  nos hemos equivocado”, dice  Del Valle.  Martha Pérez sostiene  que el cambio de régimen  legal de las tierras ejidales  “no sólo afecta a los ejidatarios,  sino a todos los demás.  Ya vimos la maqueta del  proyecto de Ciudad Futura.  En Internet se ve bonita.  Pero para nosotros es una  invasión, un cambio de vida  que no queremos, con esos  condominios gigantes, esos  centros de negocios. Hay que  recordar que todo eso antes  era un lago que fue desecado  a propósito. Y nuestros  abuelos, nuestros antecesores,  supieron sacar provecho  de ese desastre. Con mucho  esfuerzo trabajaron y convirtieron  esas tierras en una  zona fértil, muy hermosa.  Ciudad Futura habla ahora  de un sistema de lagos, pero  no naturales, sino con aguas  de desechos del Distrito Federal,  aguas tratadas. ¿No es  absurdo? Y frente a todo esto,  ¿dónde quedamos nosotros,  la gente?”.  Por lo pronto, los  atenquenses contrarios a la  venta de terrenos se preparan  para lo que llaman “la  batalla legal”. Paradójico,  porque entre ellos hay profunda  desconfianza a las  instancias legales desde que  las policías estatal y federal  invadieron violentamente el  pueblo, con un saldo de dos  jóvenes muertos; detuvieron  a cientos de personas, los torturaron,  violaron a casi todas  las mujeres arrestadas y sentenciaron  a más de 100 años  a sus principales dirigentes,  en un fallo legal que fue revertido  después de cuatro  años. 

 

“Tenemos muchos  elementos para anular lo  que se hizo en la asamblea,  para echar todo esto abajo.  Sabemos que visitadores  de la Procuraduría Agraria  han estado promoviendo la  compra de terrenos y aun así  vamos a ir con ellos a donde  sea necesario. Vamos a  ir a los tribunales. Nosotros  siempre hemos agotado la  parte jurídica, aunque la ley  en muchos momentos nos ha  decepcionado”, comenta Del  Valle.  Ni Del Valle ni Hermengildo  Márquez viven  exclusivamente de la tierra.  Pero ellos y sus familias se  sienten y viven como campesinos. 

 

Hermenegildo tiene  una hectárea. Hace dos  meses sembró espárrago  en convenio con una empresa  para exportar a Estados  Unidos. “Ya la planta está  grande, en dos meses va a  empezar a producir y es un  proyecto que tengo a 10 años.  No lo voy a dejar”.  Ignacio se ha retrasado  en la siembra. En su terreno  el pozo fue clausurado;  ahora depende de las lluvias.  En estos días va a sembrar  maíz; a fin de mes, cebada.  “Sembramos –concluye–  para que la gente que  ha caído en el desánimo vea  que defender la tierra, defender  nuestra identidad como  campesinos, sí tiene sentido.  Y vale mucho la pena”.   

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