LA BARRENA
Los sindicatos son la materialización de la lucha obrera mundial Elba Esther y Romero Deschamps ¿culpables?
Antonio Attolini es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en el ITAM. Actualmente colabora con el Instituto de Acción Ciudadana para la Justicia y la
Democracia, A. C. en temas relacionados con derechos humanos, corrupción y delincuencia organizada. Sus opiniones son a título personal y no reflejan la postura del Movimiento #YoSoy132 ni de la Asamblea Local itamita.
De nueva cuenta, Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps han sido reelectos líderes sindicales de sus respectivos gremios, el SNTE, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y el SNTPRM, Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.
La reacción del vox populi fue inmediata. Al abrir el depósito de embrujos que ambos personajes han acumulado a lo largo de los años encontramos cosas como la llegada de ambos líderes con la venia y gracia de Carlos Salinas de Gortari –y la demonización que eso conlleva-, los ridículos gastos de ambos con dinero del erario público –ya sea en Hummers para “incentivar el buen trabajo” o en viajes al extranjero en avión privado -con todo y mascota disfrazada de ropa ultra cara-, o el rezago en términos comparativos con otros países con similar nivel de desarrollo que el nuestro en sus áreas competentes –educación de calidad y sustentabilidad energética-.
Generalmente escucho que el tema del rezago educativo en México en áreas fundamentales como comprensión de lectura y matemáticas se reduce únicamente a la personalidad de Elba Esther Gordillo frente al sindicato. De la misma manera, el tema de la falta de innovación y desarrollo tecnológico que permita de una vez por todas hacer a Pemex una empresa moderna, se reduce a que Romero Deschamps es el líder sindical. Me permito decir que esto es una falacia. No es el sindicato el que está mal, es el sindicalismo en México.
A grandes rasgos, los sindicatos son la materialización de la lucha obrera mundial para poder reclamar y hacer valer, de manera colectiva y organizada, cierto tipo de derechos frente al patrón. Esto debido a que, naturalmente, la clase obrera no tiene ni los mismos intereses ni la misma participación en la generación de riqueza que tiene el patrón en el proceso productivo.
El sindicato está para proteger los intereses de los trabajadores con plena autonomía y autogestión. Sin embargo, estas diferencias vuelven indispensable su cooperación, la cual es garantizada por un organismo autónomo e independiente.
Sin embargo, eso no sucede en México.
La historia de los sindicatos en la conformación del México pos-revolucionario es bien particular. Los sindicatos estaban alineados a algún sector en particular (de ahí que los hubiera rojos, amarillos, blancos, verdes, etc.), y representaban una de las pocas estructuras formales para la reconciliación del individuo con el colectivo en México.
De ahí que el Partido-Gobierno del Estado mexicano pos-revolucionario asentara su fuerza en los sectores obrero (CTM, Confederación de Trabajadores de México), campesino (CNC, Confederación Nacional Campesina), y popular (CNOP, Confederación Nacional de Organizaciones Populares).
Los sindicatos más grandes de México (como bien pueden ser los dos casos anteriormente mencionados) no deben ser utilizados para la movilización masiva de votos en las elecciones presidenciales. Es claro que invocar al deber ser no es suficiente. Lo que hace falta –sin pretender ser un experto y desde una lectura sugerente únicamente- es que las campañas, pero sobre todo las precampañas políticas estén debidamente reguladas en términos del gasto de los partidos políticos para que los favores se paguen con otra cosa que no sea el erario público.
Hace falta dotar de mayor autonomía a la Junta de Conciliación y Arbitraje de tal manera que pueda, en los subsecuentes fallos, ir ganando la legitimidad perdida frente a las organizaciones sindicales y pueda realmente ser considerada como un árbitro fiel e imparcial.
Deben descentralizarse los programas de educación pública –prerrogativa que hoy concentra la Secretaría de Educación Pública-, así como desarrollar un proyecto económico alternativo que no dependa como principal fuente de ingreso a la renta del petróleo, y un sinfín de alternativas más.
Por eso digo que no son los líderes sindicales los responsables de los grandes problemas nacionales, sino todo un entramado institucional perverso que no permite que las cosas funcionen como deberían.
La ley en los libros es fabulosa; sin embargo, cuando se observa la ley en acción, la realidad es otra. Es necesario aclarar esto para poder abordar el problema educativo y energético con mayor precisión.
Si no lo hacemos, el discurso ideológico y panfletario seguirá prevaleciendo en el debate público por encima de los argumentos y las razones concretas que verdaderamente podrían hacer que las cosas cambien.
Antonio Attolini.
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PAN y bloque de izquierda introducen cambios en ocho artículos sobre democracia sindical
Revés al PRI; la reforma va de nuevo a la Cámara Diputados
El Senado modificó la reforma laboral al introducir cambios en ocho artículos en materia de democracia sindical, que obligan a los dirigentes a transparentar su gestión, llevar a cabo elecciones mediante voto libre y secreto y rendir cuentas del patrimonio gremial, por lo que la minuta fue devuelta a la Cámara de Diputados, donde deberá definirse su destino.
En un debate que se prolongó por más de 12 horas, al que asistieron la totalidad de los senadores, el PRI se llevó un serio revés ya que aunque cambió su postura y a última hora votó en favor de los cambios en materia de transparencia en las organizaciones sindicales, no lo hizo así en lo que se refiere a rendición de cuentas, tema que fue aprobado con el voto del PAN y el bloque de izquierda que integraron PRD, PT y Movimiento Ciudadano.
El artículo 371, que consagra el voto libre y secreto en la elección de las directivas sindicales, se aprobó con 67 votos a favor y 61 en contra.
Se dio un ríspido debate, ya que el PRI y su aliado, el Partido Verde, argumentaron que reintegrar a la minuta el artículo 371, en el que se establece que las directivas sindicales deben ser electas mediante voto libre, directo y secreto, vulnera la autonomía sindical garantizada en el artículo 123 constitucional, así como convenios internacionales.
El panista Javier Corral advirtió que en nombre de la autonomía sindical no se puede atropellar los derechos de los trabajadores de elegir libremente a sus representantes, ni puede haber zonas de impunidad ni elecciones por aclamación, que son una rémora del pasado.
Agregó que la paz social en el país descansa en sindicatos libres, no corporativos, y el combate a la corrupción debe darse en todos los ámbitos, incluido el sindical.
El perredista Manuel Camacho Solís resaltó que no pensó que alguien se atrevería a defender en tribuna la antidemocracia sindical y manifestarse en contra del voto libre y secreto.
Con un fuerte aplauso, el bloque del PAN y la izquierda celebraron el triunfo, que se repitió después cuando ganaron también la votación en el artículo 373, que señala que los dirigentes deben rendir cuentas sobre las cuotas y los bienes del sindicato y que aquellos organismos de más de 150 trabajadores sean dictaminados anualmente por un auditor externo.
Los senadores del PRI se enfurecieron cuando el panista Jorge Luis Preciado dijo que aspiraba a que no hubiera más legisladores sirvientes del Presidente de la República, de los poderes fácticos o de los sindicatos. Andrea Becerril y Víctor Ballinas Periódico La Jornada
Te puedes documentar e informar en nuestra página www.cnee-sur.net y enviar tus comentarios y colaboraciones a: [email protected] ó [email protected]
Democracia, A. C. en temas relacionados con derechos humanos, corrupción y delincuencia organizada. Sus opiniones son a título personal y no reflejan la postura del Movimiento #YoSoy132 ni de la Asamblea Local itamita.
De nueva cuenta, Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps han sido reelectos líderes sindicales de sus respectivos gremios, el SNTE, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y el SNTPRM, Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.
La reacción del vox populi fue inmediata. Al abrir el depósito de embrujos que ambos personajes han acumulado a lo largo de los años encontramos cosas como la llegada de ambos líderes con la venia y gracia de Carlos Salinas de Gortari –y la demonización que eso conlleva-, los ridículos gastos de ambos con dinero del erario público –ya sea en Hummers para “incentivar el buen trabajo” o en viajes al extranjero en avión privado -con todo y mascota disfrazada de ropa ultra cara-, o el rezago en términos comparativos con otros países con similar nivel de desarrollo que el nuestro en sus áreas competentes –educación de calidad y sustentabilidad energética-.
Generalmente escucho que el tema del rezago educativo en México en áreas fundamentales como comprensión de lectura y matemáticas se reduce únicamente a la personalidad de Elba Esther Gordillo frente al sindicato. De la misma manera, el tema de la falta de innovación y desarrollo tecnológico que permita de una vez por todas hacer a Pemex una empresa moderna, se reduce a que Romero Deschamps es el líder sindical. Me permito decir que esto es una falacia. No es el sindicato el que está mal, es el sindicalismo en México.
A grandes rasgos, los sindicatos son la materialización de la lucha obrera mundial para poder reclamar y hacer valer, de manera colectiva y organizada, cierto tipo de derechos frente al patrón. Esto debido a que, naturalmente, la clase obrera no tiene ni los mismos intereses ni la misma participación en la generación de riqueza que tiene el patrón en el proceso productivo.
El sindicato está para proteger los intereses de los trabajadores con plena autonomía y autogestión. Sin embargo, estas diferencias vuelven indispensable su cooperación, la cual es garantizada por un organismo autónomo e independiente.
Sin embargo, eso no sucede en México.
La historia de los sindicatos en la conformación del México pos-revolucionario es bien particular. Los sindicatos estaban alineados a algún sector en particular (de ahí que los hubiera rojos, amarillos, blancos, verdes, etc.), y representaban una de las pocas estructuras formales para la reconciliación del individuo con el colectivo en México.
De ahí que el Partido-Gobierno del Estado mexicano pos-revolucionario asentara su fuerza en los sectores obrero (CTM, Confederación de Trabajadores de México), campesino (CNC, Confederación Nacional Campesina), y popular (CNOP, Confederación Nacional de Organizaciones Populares).
Los sindicatos más grandes de México (como bien pueden ser los dos casos anteriormente mencionados) no deben ser utilizados para la movilización masiva de votos en las elecciones presidenciales. Es claro que invocar al deber ser no es suficiente. Lo que hace falta –sin pretender ser un experto y desde una lectura sugerente únicamente- es que las campañas, pero sobre todo las precampañas políticas estén debidamente reguladas en términos del gasto de los partidos políticos para que los favores se paguen con otra cosa que no sea el erario público.
Hace falta dotar de mayor autonomía a la Junta de Conciliación y Arbitraje de tal manera que pueda, en los subsecuentes fallos, ir ganando la legitimidad perdida frente a las organizaciones sindicales y pueda realmente ser considerada como un árbitro fiel e imparcial.
Deben descentralizarse los programas de educación pública –prerrogativa que hoy concentra la Secretaría de Educación Pública-, así como desarrollar un proyecto económico alternativo que no dependa como principal fuente de ingreso a la renta del petróleo, y un sinfín de alternativas más.
Por eso digo que no son los líderes sindicales los responsables de los grandes problemas nacionales, sino todo un entramado institucional perverso que no permite que las cosas funcionen como deberían.
La ley en los libros es fabulosa; sin embargo, cuando se observa la ley en acción, la realidad es otra. Es necesario aclarar esto para poder abordar el problema educativo y energético con mayor precisión.
Si no lo hacemos, el discurso ideológico y panfletario seguirá prevaleciendo en el debate público por encima de los argumentos y las razones concretas que verdaderamente podrían hacer que las cosas cambien.
Antonio Attolini.
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PAN y bloque de izquierda introducen cambios en ocho artículos sobre democracia sindical
Revés al PRI; la reforma va de nuevo a la Cámara Diputados
El Senado modificó la reforma laboral al introducir cambios en ocho artículos en materia de democracia sindical, que obligan a los dirigentes a transparentar su gestión, llevar a cabo elecciones mediante voto libre y secreto y rendir cuentas del patrimonio gremial, por lo que la minuta fue devuelta a la Cámara de Diputados, donde deberá definirse su destino.
En un debate que se prolongó por más de 12 horas, al que asistieron la totalidad de los senadores, el PRI se llevó un serio revés ya que aunque cambió su postura y a última hora votó en favor de los cambios en materia de transparencia en las organizaciones sindicales, no lo hizo así en lo que se refiere a rendición de cuentas, tema que fue aprobado con el voto del PAN y el bloque de izquierda que integraron PRD, PT y Movimiento Ciudadano.
El artículo 371, que consagra el voto libre y secreto en la elección de las directivas sindicales, se aprobó con 67 votos a favor y 61 en contra.
Se dio un ríspido debate, ya que el PRI y su aliado, el Partido Verde, argumentaron que reintegrar a la minuta el artículo 371, en el que se establece que las directivas sindicales deben ser electas mediante voto libre, directo y secreto, vulnera la autonomía sindical garantizada en el artículo 123 constitucional, así como convenios internacionales.
El panista Javier Corral advirtió que en nombre de la autonomía sindical no se puede atropellar los derechos de los trabajadores de elegir libremente a sus representantes, ni puede haber zonas de impunidad ni elecciones por aclamación, que son una rémora del pasado.
Agregó que la paz social en el país descansa en sindicatos libres, no corporativos, y el combate a la corrupción debe darse en todos los ámbitos, incluido el sindical.
El perredista Manuel Camacho Solís resaltó que no pensó que alguien se atrevería a defender en tribuna la antidemocracia sindical y manifestarse en contra del voto libre y secreto.
Con un fuerte aplauso, el bloque del PAN y la izquierda celebraron el triunfo, que se repitió después cuando ganaron también la votación en el artículo 373, que señala que los dirigentes deben rendir cuentas sobre las cuotas y los bienes del sindicato y que aquellos organismos de más de 150 trabajadores sean dictaminados anualmente por un auditor externo.
Los senadores del PRI se enfurecieron cuando el panista Jorge Luis Preciado dijo que aspiraba a que no hubiera más legisladores sirvientes del Presidente de la República, de los poderes fácticos o de los sindicatos. Andrea Becerril y Víctor Ballinas Periódico La Jornada
Te puedes documentar e informar en nuestra página www.cnee-sur.net y enviar tus comentarios y colaboraciones a: [email protected] ó [email protected]