Breve repaso a la historia de Tabasco/X
Inicia la era del “enemigo personal de Dios”
Descendiente de una familia de terratenientes, Tomas Garrido Canabal nació el 20 de septiembre de 1890 en la finca “Punta Gorda” de Playas de Catazajá, Chiapas. La finca donde nació abarcaba tierras de Tabasco, por lo que siempre se sintió tabasqueño.
Según un ensayo de la revista Relatos e Historias en México, desde que nació le apodaron el “Tigrillo” por rayado, por haber nacido en la raya que separa dos estados.
A los tres meses de haber nacido, su familia se trasladó, junto con él, a Tabasco.
Desde muy joven, participó en protestas contra el gobernador porfirista Abraham Bandala.
Por su rebeldía, se ganó la enemistad de los porfiristas y tuvo que irse a Veracruz. En 1915, a los veinticinco años, se graduó de abogado en Campeche, y colaboró como revisor de procesos penales en el gobierno de Salvador Alvarado en Yucatán, donde adquirió su perfil socialista, aprendió los principios de la escuela racionalista y forjó su visión anticlerical.
De regreso a Tabasco, fungió como jefe del departamento legal del gobierno con Francisco J. Múgica en 1916. Fue juez de distrito, y del 21 de agosto al 30 de diciembre de 1919 asumió, por primera vez, la gubernatura como interino, mientras el constitucional Carlos Greene había partido a la Ciudad de México a solicitar el reconocimiento del presidente Venustiano Carranza, tras su triunfo electoral no reconocido por Luis Felipe Domínguez.
Garrido gobernó desde Frontera ante los ataques de los dominguistas. Cumplió la tarea y cuando Greene regresó a Tabasco, el movimiento había sido sofocado.
Apoyó el Plan de Agua Prieta impulsado por los sonorenses Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta para desconocer el gobierno de Carranza, con el pretexto de que éste toleraba a gobernadores porfiristas de algunos estados.
Al triunfo del plan, Garrido fue designado por el grupo sonorense gobernador de Yucatán con la misión de convocar a elecciones, cargo que ocupó unos días a mediados de 1920.
El 29 de julio de 1922 en la Ciudad de México, Garrido había acordado con su primo José Domingo Ramírez Garrido repartirse las candidaturas para las elecciones constitucionales de 1923. Ramírez Garrido sería candidato único a la gubernatura por el Partido Liberal Constitucionalista Tabasqueño (PLCT), mientras que Garrido Canabal designaría a doce de los 17 integrantes de la legislatura.
A los pocos días Garrido, con el apoyo de Calles y Obregón, traicionó los acuerdos y acordó con sus partidarios lanzar su candidatura al gobierno por el Partido Radical Demócrata Social Tabasqueño (PRDST).
En 1923, con tan sólo 32 años de edad, Garrido Canabal tomó protesta como gobernador constitucional. De acuerdo a Enrique Canudas Sandoval, en el tomo I de Trópico Rojo, una de sus primeras medidas fue la reducción de gravámenes a dos de los principales productos que sostenían la economía estatal: “El impuesto de exportación sobre el plátano y el cacao fue disminuido para alentar la producción”.
El periodo garridista ha sido quizá el de mayor controversia en la historia de Tabasco, pues conjugó medidas progresistas y excesos que lo colocan como uno de los mejores gobernantes del estado para unos, pero un dictador y represor para otros.
El primer año de Garrido fue difícil, pues tuvo que enfrentar la rebelión de su antiguo amigo Carlos Greene, quien seguía reclamando su derecho como gobernador constitucional.
En 1920 Greene perdió el gobierno a causa del asesinato en Palacio de un comandante de policía, perpetrado por el diputado suplente Manuel Lezcano, hecho que ocasionó la desaparición de poderes y el encarcelamiento del mandatario en el Distrito Federal. Cuando salió, no logró el reconocimiento del presidente Obregón.
Garrido enfrentó la rebelión desde Frontera, su bastión, y el movimiento de Greene fue sofocado en junio de 1923, con la colaboración del comandante militar Juan José Torres, quien después fue nombrado por el Congreso garridista “hijo predilecto de Tabasco”.
La consumación de la rendición de Greene se dio en su hacienda San Pedro, a cambio de que sus jefes y oficiales fueran reincorporados al ejército y el otrora revolucionario recompensado en “metálico”, según el tomo I de Trópico Rojo.
Días después tuvo que hacerle frente a la rebelión delahuertista, encabezada por Adolfo de la Huerta, un antiguo aliado de Obregón y Calles, y sonorense igual que ellos.
De la Huerta, secretario de Hacienda hasta ese momento, se rebeló en diciembre de 1923 debido al apoyo del presidente Obregón a Calles para las elecciones presidenciales de 1924.
En diciembre de 1923, el ex gobernador de tradición revolucionaria Carlos Greene Ramírez se volvió a levantar en armas en apoyo al movimiento delahuertista. Los delahuertistas lograron posicionarse de varios municipios, y nuevamente Garrido, el 21 de enero de 1924, tuvo que huir a Frontera.
Manuel Antonio Romero fue designado gobernador por los delahuertistas el 25 de enero, y comenzó la persecución contra los garridistas y obregonistas. Otro tabasqueño antigarridista, Rodulfo Brito Foucher, fue nombrado gobernador de Campeche.
Adolfo de la Huerta llegó a Villahermosa el 5 de febrero y se traslado a Frontera, a la que declaró el 20 de ese mes, “capital delahuertista de México”, aprovechando el aislamiento geográfico y su incomunicación con el resto del país, lo que dio seguridad a sus tropas. Esto, a pesar de que a ese mismo sitio había huido Garrido.
Finalmente, las fuerzas de Obregón y Calles derrotaron la rebelión en julio, y muchos delahuertistas, entre ellos Greene Ramírez y Salvador Alvarado, el ex gobernador de Yucatán del que Garrido había aprendido mucho, fueron fusilados.
Aplastada la rebelión de los delahuertistas, muchos de los cuales huyeron a Guatemala, Garrido retomó el gobierno el 8 de junio de 1924.
El 26 de enero de 1925 emitió su primer decreto para la reglamentación de cultos. Divido Tabasco en seis sectores, sólo podría haber un ministro por sector, que debería estar casado, ser de nacionalidad mexicana, y cuyas “prácticas religiosas estén basadas en las leyes de reforma y en nuestra carta magna”.
Esa medida fue catalogada por los obispos, entre ellos Mora y del Río, como “atentado monstruoso”.
Además, durante su periodo de dominio, que incluyó los cuatro años en que gobernó su títere Ausencio Conrado Cruz, colocó a la agricultura, la ganadería, la alfabetización, la organización obrera, el combate a la inseguridad y la lucha contra el fanatismo religioso y el alcoholismo como los puntos principales de su agenda.
La base del sistema de enseñanza garridista fue la doctrina del anarquismo libertario del pedagogo catalán Francisco Ferrer Guardia, que incluía darle una explicación científica a lo que antes se atribuía a la divinidad. En 1925 y 1926 se pusieron en marcha escuelas mixtas racionalistas prácticas y técnicas, lo mismo que escuelas-granja para orientar en materia de agricultura, ganadería y conocimientos industriales, actividades que tuvieron un despunte en la administración de don Tomas.
Entre los maestros que durante el garridísimo difundieron la educación racionalista figuraron José Ochoa Lobato y Alfonso Caparroso. Mucho antes de que a nivel nacional Lázaro Cárdenas del Río empujara hacia la organización de los trabajadores a través de sindicatos y centrales, aquí Garrido organizó a los obreros y campesinos en ligas de resistencia, y en 1925 otorgó a la mujer el derecho al voto, siendo Tabasco uno de los pioneros en ese rubro.
No había contemplaciones hacia las personas que robaran o cometieran algún delito.
La frase de Karl Marx en torno a que la religión es el opio del pueblo Garrido la hizo suya. Eliminó los nombres religiosos de las comunidades, villas y rancherías, y sustituyó las fiestas religiosas por ferias, en las que se mostraban los avances en la producción agrícola y ganadera.
Creativo para la maldad, estableció normas chuscas, como aquella en que para ejercer de cura había que casarse, y cuando eliminó las puertas de las cantinas para exhibir a los parroquianos en lo que fue parte de su campaña contra el consumo de licor.
Garrido era poseedor de una granja personal, y bautizó a sus animales con los nombres de Dios, Papa, María y José.
Su odio a la religión era tal que Garrido llegó a autodefinirse como “enemigo personal de Dios”.
Desde el periódico garridista Redención, que dirigía Trinidad Malpica, se combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo, y se promovió la educación y la cultura. “La humanidad no llegará a su perfección hasta que no caiga la última piedra de la última iglesia sobre el último cura”, era la frase del francés Emile Zolá que traía siempre en una parte de su portada el mencionado impreso. En 1927 asumió como gobernador constitucional Ausencio Conrado Cruz, quien permanecería en el cargo hasta 1930, salvo algunos periodos en que dejó la administración en manos de interinos. En realidad, fue don Tomas, ya como senador, quien siguió mandando en ese periodo, antes de retomar legalmente el poder en 1931.