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La Verdad del Sureste

Cada migrante es como un niño


El 18 de diciembre ha sido proclamado por la ONU como el Día Internacional del Migrante (resolución 55/93 del 4 de Noviembre del 2000). La opinión que sobre la migración y los migrantes se ha tenido no corresponde a lo que los migrantes y refugiados han aportado al mundo y a los países a donde migran, y a lo que siguen aportando.
    Migraciones como la de los del refugio español a México -algunos situados en aquel grupo denominado los Niños de Morelia- acogidos por el hospitalario gobierno de Lázaro Cárdenas –luego de la Guerra Civil española-, enriquecieron universalmente el conocimiento y el desarrollo de México; de igual manera aquella migración de Los Niños de Polonia en años de la segunda guerra mundial. México sería mucho menos de lo que es si no hubiese recibido el aporte luminoso de esos migrantes. Para los que son admiradores del modo de vida del imperio estadounidense hemos de llamar su atención sobre el hecho de que EU no sería nada si no hubiese sido por las grandes oleadas de migrantes que arribaron a ese territorio.
    Por eso es un agigantado despropósito de cualquier gobierno el mantener políticas de expulsión y rechazo de migrantes. Y a pesar de ese enfoque que privilegia un equivocado concepto de seguridad nacional por encima del concepto de seguridad humana, la migración internacional ha crecido de manera notable y exponencialmente; se calcula que en la actualidad unos 232 millones de personas buscan en países distintos al de su nacimiento nuevas oportunidades de mejorar su vida y desarrollar sus conocimientos. Alrededor de la mitad de ese colectivo son mujeres.
    Realmente la migración es un derecho humano trascendental. La migración es una expresión de la aspiración humana por la dignidad, la seguridad y un futuro mejor. Es parte del tejido social, de nuestra condición como una familia humana.
    Por ello, toda política de contención migratoria debe ser rechazada. Y más rechazada debe ser si, como es el caso de México, el gobierno federal aplica una política de contención en apoyo al vecino del Norte que le exige, tápame la frontera, regrésalos de tu territorio. Toda política de contención encarece el tráfico y potencia el empoderamiento de las bandas delictivas de tráfico ilícito de migrantes. Tampoco es adecuado el promover la migración. Contrariamente a lo que se acostumbra a creer, no son los países industrializados los que acogen al volumen más importante de refugiados, sino los que están en vías de desarrollo, especialmente los más pobres.
    Los datos que la ONU tiene sobre el tema arroja la estadística siguiente: más de 70 millones de personas son forzadas a emigrar debido a conflictos, levantamientos políticos, violencia y desastres naturales, entre otras variadas causas; de esos, se estima que 50 millones de migrantes irregulares utilizaron los servicios de traficantes en alguna de las etapas de su viaje: sólo el tráfico ilícito de migrantes para cruzar la frontera sur de los Estados Unidos genera cerca de $ 6.6 billones de dólares al año para la delincuencia. Los migrantes objeto de tráfico ilícito con frecuencia enfrentan situaciones que ponen en riesgo su vida, son víctimas de explotación y abusos; otros sufren violencia física y/o psicológica, secuestro y extorsión; aquellos migrantes que no tienen posibilidad de pagar altas sumas de dinero por rutas seguras, se ven obligados a realizar largos viajes de alto riesgo para su vida.
    México recibe en promedio cada año entre 370 mil y 410 mil migrantes mexicanos expulsados de Estados Unidos. Y la cifra de migrantes centroamericanos devueltos se triplica anualmente respecto a la de los mexicanos expulsados de Estados Unidos.
    El asilo humanitario es la práctica de ciertas naciones de aceptar en su suelo a inmigrantes que se han visto obligados a abandonar su país de origen debido al peligro que corrían por causas raciales, religiosas, guerras civiles, catástrofes naturales, etc.
    El paradigma se centra en lograr la libertad para vivir sin temor y sin miseria. El concepto se traslada de seguridad nacional al más humanitario y fundamental de seguridad humana.
    El paradigma de la seguridad humana se asienta en la noción de vulnerabilidad mutua; es decir, que en un sistema global interconectado, la fortaleza o solidez del conjunto -incluyendo sus componentes más desarrollados y aparentemente mejor protegidos- están condicionados, paradojalmente, por sus eslabones más débiles. Esto es, mientras exista vulnerabilidad e inseguridad extrema en algunos sectores del conjunto, todos somos, en cierta medida vulnerables.
    De este modo, el tema central de la seguridad humana es la reducción del riesgo colectivo (y compartido), por medio de análisis, decisiones, prevención y acciones que disminuyan, más allá de sus expresiones sintomáticas, las causas y circunstancias de la inseguridad. Así, la seguridad ya no va aparejada a la noción de fuerza, sino a la de reducción de riesgos y contingencias que afectan a las personas.
    Seguridad humana significa entonces: proteger las libertades fundamentales: libertades que constituyen la esencia de la vida.
    Significa proteger al ser humano contra las situaciones y las amenazas críticas (graves) y omnipresentes (generalizadas).
    Significa utilizar procesos que se basan en la fortaleza y las aspiraciones del ser humano.
    Significa la creación de sistemas políticos, sociales, medioambientales, económicos, militares y culturales que, en su conjunto, brinden al ser humano las piedras angulares de la supervivencia, los medios de vida y la dignidad. Se puede acrisolar en estas frases: La libertad para vivir sin miedo o temor (freedom from fear); la libertad para vivir sin miseria o necesidad (freedom from want) y la libertad para vivir en dignidad.
    México firmó el Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire en 2000 y lo Ratificó en 2003. Por desgracia, es práctica recurrente, además de nociva que avergüenza permanentemente al país, el que todos los gobiernos que acceden a la administración federal del Estado mexicano se dediquen a firmar cuanto tratado internacional salga a la luz pública y le pongan a firma cualquier organismo internacional. Todo lo firman y a todo se adhieren y comprometen internacionalmente; y luego, ninguna cláusula por más nimia que sea se cumple o acata en el ámbito territorial nacional.
    Efectivamente es una actitud de desvergüenza ante el mundo el hecho de que México no cumpla con ninguno de sus compromisos internacionales firmados y a los que se han obligado los gobiernos federales, priistas o panistas. Pero no se sabe si es tan cínica y tan perversa esa práctica nociva como lo es la de los Estados Unidos de Norteamérica, país de bucaneros que abiertamente se niega a firmar todo tratado internacional y los que firman, o cuando todo tratado que aparezca en el firmamento manifiestan su intención de signarlo pero reservándose el 99 por ciento de sus cláusulas.
    Ese es el caso del Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire o del Protocolo de Palermo y los tratados y directivas referentes al trato a los migrantes y los derechos que internacionalmente nos comprometimos a respetar y otorgar y que no cumple el gobierno federal.

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