El cambio climático
@UTufigno
Sin duda, los últimos días del pasado mes de diciembre y los primeros días del presente mes de enero van a pasar a la historia de la meteorología por las contrastantes temperaturas que se han vivido en los hemisferios sur y norte del continente americano. Mientras que algunas regiones de Argentina arañaron los 50 grados Celsius, el frío ha llegado a menos 50 grados en varias ciudades de los Estados Unidos. Estas temperaturas reflejan un asombroso contraste de 100 grados. Seguramente un explorador espacial estimaría que es inhabitable un planeta de tales características.
Las imágenes de los lugares nevados parecen extraídas de una película: cataratas, árboles y puentes convertidos en fantasmales esculturas de hielo, aves que se congelan al iniciar el vuelo, agua que se lanza al aire y cae convertida en granizo. Por supuesto, las extremas temperaturas han provocado la muerte de personas y animales. Para fortuna de nosotros, el clima en México es casi el paraíso, o al menos eso es lo que dijo Peña Nieto en Puebla hace pocos días: en México “existe un clima de armonía, paz, esperanza y buenos deseos en el inicio de este año”.
Pero la realidad –como dicen en mi pueblo- es muy otra. A quienes tenemos un poco de mayor información y memoria, el clima al que se refieren las palabras de Peña nos hace temblar, no de frío sino de miedo. Su imagen, la inflexión de su voz y las palabras que dio en su mensaje por el año nuevo, fueron casi una calca del momento en el cual Carlos Salinas nos anunciaba un futuro pleno de bondades pero nada de eso fue cierto. Ni la supuesta derrama económica llegó a la población ni el bienestar esperado terminó por reflejarse en las condiciones de vida de las mayorías. Sólo unos pocos son quienes a partir de entonces han sentido alivio en sus finanzas personales.
Desde de la instauración definitiva del neoliberalismo durante el gobierno de Salinas, las recetas de Washington han sido seguidas al pie de la letra por Zedillo, Fox, Calderón y ahora por Peña: contención salarial, disciplina fiscal, macroeconómica y monetaria, política de privatizaciones, liberalización de las actividades económicas y protección de la propiedad industrial. Pero llama la atención que Peña, a tan solo un año de estar sentado en la silla presidencial, se haya hecho “merecedor” de ciertos reconocimientos a nivel mundial. Por ejemplo, la “Appeal of Conscience Foundation”, con sede en Nueva York, eligió a Peña Nieto como “el estadista del año”. Pero si esto parece una broma del día de los inocentes, otros analistas han dicho que Peña es “el político más exitoso de la década” dentro del G-20, es decir, dentro del club de los países industrializados y emergentes, lo que resulta insólito. Bueno, en realidad no tanto si partimos del hecho de que la reforma energética era la verdadera pretensión del gran capital. Y ya la consiguieron.
Sin embargo, los vítores y aplausos que se lleva el hombre del gel son cuestionados por otras informaciones que también nos llegan -para variar- del extranjero. Hace poco una “compañía hermana” del periódico “The Economist” publicó una relación de la situación de riesgo de agitación social en que se encuentran 150 países, lista que incluye a países desarrollados y con altos niveles de ingreso. México fue ubicado entre los 65 países que se encuentran en situación de alto o muy alto riesgo de agitación social para 2014.
Para la elaboración de dicho listado, la unidad que realizó el análisis puso el énfasis en las debilidades políticas e institucionales pero también se tomaron en cuenta otra serie de factores, como las dificultades económicas, tensiones étnicas, la desigualdad de ingresos y los bajos niveles de prestaciones sociales. ¡Hasta parece que le tomaron una fotografía al México del año nuevo!
No obstante los focos rojos que debió prender la publicación de “The Economist”, Peña afirmó en el mensaje dado con motivo de la llegada del 2014 que “hemos dado un gran paso”, aunque no mencionó en qué parte del acantilado nos encontrábamos antes de dar ese paso. Porque si interpretamos que lo que quiso decir es que ya nada nos detiene, significa que vamos en caída libre. Aunque no creo que haya sido confesión.