Caso Hidalgo: la lógica y la amnesia del poder AQUILES CÓRDOVA MORÁN
Dos semanas llevan los an¬torchistas de Hidalgo plan¬tados en la céntrica plaza Juárez de Pachuca, frente al pala¬cio de gobierno, en busca de solu¬ción a demandas que vienen, en buena medida, de anteriores ad¬ministraciones. Pero, como siem¬pre ocurre, esta protesta no surgió de manera súbita e intempestiva, ni brota de la intolerancia y de la incapacidad de los inconformes para entender los hechos ciertos y los argumentos legítimos que el gobierno aduce en su favor. Muy lejos de eso, antes de tomar la difícil decisión de plantarse, los antorchistas pasaron por un ver¬dadero calvario que puso a prue¬ba, una y otra vez, precisamente su capacidad para escuchar y discernir la sinceridad de los ar¬gumentos de los funcionarios, y también su paciencia para so¬portar la ordalía de antesalas in¬terminables, de citas canceladas a última hora “por problemas de agenda”, o cumplidas sólo para decirles que “no hay todavía nin¬guna propuesta”, o para hacerles ofrecimientos tan obviamente inaceptables que no cabe duda sobre su carácter de simple pro-vocación para reventar la nego¬ciación. Finalmente, no hay que olvidar, en este rosario de manio¬bras, las “minutas de acuerdos” firmadas y jamás cumplidas por los propios funcionarios que las validaron. Ninguna exageración hay en este recuento sucinto de los antecedentes del plantón.
Pero en la lógica de los gobernantes, los sucesos tienen otra dimensión y otro significado. Por ejemplo, el día 18 de junio, el diario digital elvistobueno.com. mx publicó las declaraciones del secretario de gobierno hidalguen¬se, Fernando Moctezuma Pereda, sobre el plantón antorchista. De entrada, dijo que son instruccio-nes del gobernador, Francisco Olvera Ruíz “darle todas las aten¬ciones a cualquier organización, y Antorcha no ha sido la excep¬ción. Cuantas veces han venido a gobierno se les ha recibido”. En primer lugar, como dije, esto no es verdad; ha ocurrido, y no pocas veces, que los solicitantes han tenido que devolverse sin que nadie se digne escuchar sus que¬jas; pero lo más significativo es el juego de manos que se avienta el señor Secretario, pues finge olvi¬dar que la protesta de los antor¬chistas no es “porque no se les haya recibido”, no es de eso de lo que se duelen, sino de que, a más de un año de la actual administra¬ción, no han obtenido ninguna so¬lución aceptable a sus demandas más urgentes. Se trata aquí de un sofisma elemental cuyo propósito evidente es desviar la atención del asunto central hacia una cues¬tión secundaria que nadie ha su-bido a la mesa de las discusiones. El Secretario Moctezuma Pereda se sale por peteneras.
Pero el eje central de sus declaraciones es el mismo que los antorchistas hemos escu¬chado cientos (si no es que miles) de veces, a lo largo y ancho del país: sencillamente no hay dine¬ro. Moctezuma Pereda lo dice así: “…el gobierno del estado entiende que las necesidades antorchistas pudieran ser sentidas, pero insis¬te en que nunca habrá dinero que alcance para resolverlas todas. Las demandas son muchas y no de este ejercicio gubernamental, sino que vienen generándose desde gestiones pasadas y ob¬viamente ellos las toman como bandera”. Aquí tenemos otro so¬fisma: el pliego petitorio que ac¬tualmente defiende Antorcha no incluye “todas” las necesidades de los pobres de Hidalgo, sino sólo una mínima parte, aquellas que han logrado salvar las innu¬merables “depuraciones” y “je¬rarquizaciones” impuestas por el propio gobierno como condición para sentarse a discutirlas; si a pesar de ello al señor Secretario se le hacen muchas y, por eso, imposibles de atender, la culpa no es ni de Antorcha ni de los marginados hidalguenses, sino, como él mismo lo reconoce, de quienes, en pasadas administra¬ciones, se negaron a atenderlas y las dejaron acumularse, tal como pretende hacerlo la administra¬ción actual. Y por ello resulta, ya no un sofisma, sino un verdadero dislate, decir que Antorcha apro¬vecha esta situación para hacerse de “banderas”, es decir, de sim¬ples pretextos para alardear de organización de lucha popular, lo que implica una ligereza imper¬donable frente a las necesidades vitales de los más desamparados de nuestra patria.
La nota dice que el Se¬cretario no dio cifras en vista del proceso electoral que se avecina, pero que, “por instrucciones” del gobernador, “después del primero de julio dará a conocer las obras, las acciones, los avances, los apo¬yos que se le brindan –a Antorcha Campesina-, porque finalmente esto transparenta el ejercicio gu¬bernamental”. Esto, en buen ro¬mance, es una amenaza de guerra mediática que hoy está en sus-penso por el interés de no espan¬tar los votos de Antorcha en la elección que viene; pero, pasada la emergencia, están ya giradas las instrucciones del gobernador para abrir fuego dando a conocer las obras, apoyos y avances “que se le brindan”, acompañados se¬guramente de los montos en dine¬ro que eso representa. Se trata de exhibir a los dirigentes antorchis¬tas como insaciables devoradores del erario estatal, como viles (¡ya se habían tardado en usar la pa¬labrita de moda!) chantajistas y extorsionadores que, so capa de defender a los pobres, sólo bus¬can el medro personal. Esto tam¬poco es nuevo; los antorchistas lo conocemos bien por haberlo sufrido más de una vez. Por eso, me adelanto a precisar que esto es tan endeble y falaz como todo el discurso del Secretario, por¬que, suponiendo que la cifra de obras y de dinero fuera realmente “impresionante”, ello no demos¬traría automáticamente que esos recursos fueron a parar a los bol-sillos de los dirigentes y de los activistas de Antorcha. Nosotros, en cambio, con sólo recurrir al testimonio de los beneficiarios, podemos probar sobradamente que todo ha sido en beneficio de sus legítimos destinatarios cuyas necesidades y carencias son obli¬gación del gobierno atender. De¬safío desde ahora al Secretario de Gobierno a que demuestre lo con¬trario. Y también digo que eso de que es “mucho” lo que han “dado”, sólo tiene sentido en un marco de menosprecio reaccionario al bienestar del pueblo trabajador, pero no si se le contrasta contra el tamaño de la pobreza y contra el monto total de recursos que su verdadero combate demanda. Así visto, lo que han “dado” no pasa de ser una ridícula migaja. Hasta aquí la lógica del poder.
Ahora, muy brevemente, la “amnesia”. Cuando el actual go¬bernador hidalguense, Francisco Olvera Ruíz, era candidato, tuve el honor de entrevistarme con él a solicitud suya. En esa entrevis¬ta, refiriéndose al trato de tropa enemiga que nos dispensaba la administración saliente, me dijo: yo no entiendo este tipo de con-ductas; parece que el gobernan¬te olvida que él es pasajero, pero que una organización popular como Antorcha no lo es. Se olvida que, ya fuera del poder, quizá la vida lo lleve a requerir un respal¬do como el de ustedes, y que es necesario ganárselo desde ahora. Yo no lo olvidaré; y desde aquí y desde ahora me comprometo a tratar siempre de encontrar una solución a sus demandas, que son esencialmente justas (cito de memoria). Y ahora, a la vista de lo que ocurre en Hidalgo, yo me pre¬gunto: ¿Tan inevitable y fatal es la amnesia que el poder engendra en quien lo detenta? ¿Tan profun¬do es el cambio que genera en los hombres? La respuesta la conoce¬mos todos los mexicanos.
Pero en la lógica de los gobernantes, los sucesos tienen otra dimensión y otro significado. Por ejemplo, el día 18 de junio, el diario digital elvistobueno.com. mx publicó las declaraciones del secretario de gobierno hidalguen¬se, Fernando Moctezuma Pereda, sobre el plantón antorchista. De entrada, dijo que son instruccio-nes del gobernador, Francisco Olvera Ruíz “darle todas las aten¬ciones a cualquier organización, y Antorcha no ha sido la excep¬ción. Cuantas veces han venido a gobierno se les ha recibido”. En primer lugar, como dije, esto no es verdad; ha ocurrido, y no pocas veces, que los solicitantes han tenido que devolverse sin que nadie se digne escuchar sus que¬jas; pero lo más significativo es el juego de manos que se avienta el señor Secretario, pues finge olvi¬dar que la protesta de los antor¬chistas no es “porque no se les haya recibido”, no es de eso de lo que se duelen, sino de que, a más de un año de la actual administra¬ción, no han obtenido ninguna so¬lución aceptable a sus demandas más urgentes. Se trata aquí de un sofisma elemental cuyo propósito evidente es desviar la atención del asunto central hacia una cues¬tión secundaria que nadie ha su-bido a la mesa de las discusiones. El Secretario Moctezuma Pereda se sale por peteneras.
Pero el eje central de sus declaraciones es el mismo que los antorchistas hemos escu¬chado cientos (si no es que miles) de veces, a lo largo y ancho del país: sencillamente no hay dine¬ro. Moctezuma Pereda lo dice así: “…el gobierno del estado entiende que las necesidades antorchistas pudieran ser sentidas, pero insis¬te en que nunca habrá dinero que alcance para resolverlas todas. Las demandas son muchas y no de este ejercicio gubernamental, sino que vienen generándose desde gestiones pasadas y ob¬viamente ellos las toman como bandera”. Aquí tenemos otro so¬fisma: el pliego petitorio que ac¬tualmente defiende Antorcha no incluye “todas” las necesidades de los pobres de Hidalgo, sino sólo una mínima parte, aquellas que han logrado salvar las innu¬merables “depuraciones” y “je¬rarquizaciones” impuestas por el propio gobierno como condición para sentarse a discutirlas; si a pesar de ello al señor Secretario se le hacen muchas y, por eso, imposibles de atender, la culpa no es ni de Antorcha ni de los marginados hidalguenses, sino, como él mismo lo reconoce, de quienes, en pasadas administra¬ciones, se negaron a atenderlas y las dejaron acumularse, tal como pretende hacerlo la administra¬ción actual. Y por ello resulta, ya no un sofisma, sino un verdadero dislate, decir que Antorcha apro¬vecha esta situación para hacerse de “banderas”, es decir, de sim¬ples pretextos para alardear de organización de lucha popular, lo que implica una ligereza imper¬donable frente a las necesidades vitales de los más desamparados de nuestra patria.
La nota dice que el Se¬cretario no dio cifras en vista del proceso electoral que se avecina, pero que, “por instrucciones” del gobernador, “después del primero de julio dará a conocer las obras, las acciones, los avances, los apo¬yos que se le brindan –a Antorcha Campesina-, porque finalmente esto transparenta el ejercicio gu¬bernamental”. Esto, en buen ro¬mance, es una amenaza de guerra mediática que hoy está en sus-penso por el interés de no espan¬tar los votos de Antorcha en la elección que viene; pero, pasada la emergencia, están ya giradas las instrucciones del gobernador para abrir fuego dando a conocer las obras, apoyos y avances “que se le brindan”, acompañados se¬guramente de los montos en dine¬ro que eso representa. Se trata de exhibir a los dirigentes antorchis¬tas como insaciables devoradores del erario estatal, como viles (¡ya se habían tardado en usar la pa¬labrita de moda!) chantajistas y extorsionadores que, so capa de defender a los pobres, sólo bus¬can el medro personal. Esto tam¬poco es nuevo; los antorchistas lo conocemos bien por haberlo sufrido más de una vez. Por eso, me adelanto a precisar que esto es tan endeble y falaz como todo el discurso del Secretario, por¬que, suponiendo que la cifra de obras y de dinero fuera realmente “impresionante”, ello no demos¬traría automáticamente que esos recursos fueron a parar a los bol-sillos de los dirigentes y de los activistas de Antorcha. Nosotros, en cambio, con sólo recurrir al testimonio de los beneficiarios, podemos probar sobradamente que todo ha sido en beneficio de sus legítimos destinatarios cuyas necesidades y carencias son obli¬gación del gobierno atender. De¬safío desde ahora al Secretario de Gobierno a que demuestre lo con¬trario. Y también digo que eso de que es “mucho” lo que han “dado”, sólo tiene sentido en un marco de menosprecio reaccionario al bienestar del pueblo trabajador, pero no si se le contrasta contra el tamaño de la pobreza y contra el monto total de recursos que su verdadero combate demanda. Así visto, lo que han “dado” no pasa de ser una ridícula migaja. Hasta aquí la lógica del poder.
Ahora, muy brevemente, la “amnesia”. Cuando el actual go¬bernador hidalguense, Francisco Olvera Ruíz, era candidato, tuve el honor de entrevistarme con él a solicitud suya. En esa entrevis¬ta, refiriéndose al trato de tropa enemiga que nos dispensaba la administración saliente, me dijo: yo no entiendo este tipo de con-ductas; parece que el gobernan¬te olvida que él es pasajero, pero que una organización popular como Antorcha no lo es. Se olvida que, ya fuera del poder, quizá la vida lo lleve a requerir un respal¬do como el de ustedes, y que es necesario ganárselo desde ahora. Yo no lo olvidaré; y desde aquí y desde ahora me comprometo a tratar siempre de encontrar una solución a sus demandas, que son esencialmente justas (cito de memoria). Y ahora, a la vista de lo que ocurre en Hidalgo, yo me pre¬gunto: ¿Tan inevitable y fatal es la amnesia que el poder engendra en quien lo detenta? ¿Tan profun¬do es el cambio que genera en los hombres? La respuesta la conoce¬mos todos los mexicanos.