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La Verdad del Sureste

CAUSAS Y EFECTOS DE LA DEBACLE PRIISTA Lenin Bocanegra Priego*


Es suigéneris la insuperable crisis que prevalece hacia el interior del Partido Revolucionario Institucional y que, hay que decirlo,  impacta negativamente a su militancia. Hasta ahora se ha venido hablando en los medios de los efectos pero se ha soslayado profundizar en las causas que dieron origen al problema. Inclusive, los columnistas, analistas y comentaristas clasificados de oficialistas han omitido profundizar al respecto. En lo que nos toca  teníamos pendiente hacerlo porque es tema que lejos de agotarse, se actualiza en la medida que se acerca el día de la elección para elegir gobernador, presidentes municipales y diputados locales.
    Debemos recordar que la costumbre institucional hecha ley  dentro del PRI es  que los candidatos a gobernador, senador y diputados  federales los imponía el  presidente de la República conjuntamente con el candidato presidencial. Ante la ausencia de aquel esta facultad le quedó adjudicada solamente al candidato presidencial, tal y como ahora ha sucedido. A los gobernadores salientes se les concede únicamente el derecho, por decirlo así, de imponer los candidatos a presidentes municipales y diputados locales. Vemos entonces que siempre ha existido en el tricolor la cultura de la imposición, por lo que no nos explicamos del porqué ahora hay tanto alboroto, sobre todo entre priistas que en cargos anteriores de elección popular fueron postulados bajo el método de la imposición, sin tomar en cuenta la opinión de sus partidarios.
    La pregunta es entonces: ¿Qué fue lo que falló que dio paso a que se saliera de control el proceso interno de selección de candidatos? La respuesta nos lleva a una sola lectura: que quien tenía el encargo de dirigir la política interna del gobierno y que como todos sabemos era el hoy candidato a senador Humberto Mayans Canabal,  no supo cumplir con ese delicado encargo. En efecto, las protestas, las indisciplinas, los alborotos, las deserciones, el descontento generalizado e incluso las demandas judiciales tienen nombre y apellido. Es del dominio público que a  HMC  lo ganó su carácter y temperamento y que por eso  como secretario de gobierno no  pudo realizar la política de reconciliación que tanto pregonó. Encerrado en su egocentrismo, en el poder absoluto que se le delegó y, sobre todo, en sus aspiraciones de ser el virtual heredero del trono, olvidó poner en práctica los conocimientos y su experiencia  política  que el conoce de sobra. Nadie se explica porqué si Mayans tenía pretensiones de ser el candidato del PRI al gobierno del estado, siempre se negó a atender y recibir a la gente. Por eso fue quizá que cuando dejó el cargo salió a pedirle perdón a la ciudadanía.
    Está claro que como HMC desde un principio  fue el heredero de Granier para que lo sucediera en el gobierno, se le veía con recelo al todavía presidente municipal de Centro, por considerársele un latente peligro para esos planes. En consecuencia, Jesús Alí durante varios meses fue objeto de un nutrido y tupido fuego amigo, porque fue linchado mediáticamente por columnistas, comentaristas y articulistas afines al gobierno. Inclusive, políticos y funcionarios públicos que hoy se desgarran por el las vestiduras lo denostaron e insultaron públicamente.  Sin embargo, en el CEN del PRI le dijeron a Granier las razones por las cuales su candidato era inelegible y entonces optó por su plan B que era el Dr. Luis Felipe Graham Zapata; pero le volvieron a recordar que esa era una facultad exclusiva del candidato presidencial y de la dirigencia nacional. Al ex secretario de gobierno se le dio la candidatura de senador mientras que a este último la presidencia municipal de Centro.  Sin embargo, el mal desempeño de Mayans en la Secretaría de Gobierno ya era irreparable y aprovechándose del vacío de poder existente, entraron a manosear el proceso los ex gobernadores Madrazo y Andrade  exigiendo su cuota de poder y como sus pretensiones no pudieron ser atendidas al cien por ciento, se dedicaron a atizar el fuego del descontento  a grado tal de que después ni estos mismos pudieron controlarlo  y vino la debacle que todos conocemos, porque cundió el frenesí entre una pléyade de políticos que se creían con  derecho a una candidatura,  olvidando que la regla en el tricolor es la de la imposición
*Presidente de la Asociación de Abogados Progresistas
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