El Centenario se quedó sin voz
Hay derrotas que simplemente se aceptan porque el rival fue mejor. Y hay otras que encienden las alarmas por la forma en que suceden. La serie que protagonizaron los Olmecas de Tabasco frente a los Diablos Rojos del México pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
Perder una serie ante el líder de la Liga Mexicana de Beisbol puede formar parte del juego. Lo verdaderamente preocupante fue la incapacidad del equipo para competir con el bate. Veintisiete entradas consecutivas sin anotar una sola carrera reflejan una sequía ofensiva difícil de justificar para un club que se encuentra en la recta final de la temporada y con la mira puesta en los playoffs.
Más allá de la calidad del pitcheo escarlata, los Olmecas dejaron escapar oportunidades, carecieron de bateo oportuno y nunca encontraron la respuesta para cambiar el rumbo de los encuentros. Inning tras inning, la ofensiva fue perdiendo fuerza hasta convertir el silencio del marcador en el principal protagonista de la serie.
Lo ocurrido en el Centenario debe entenderse como una llamada de atención. En estas alturas del calendario, los márgenes de error son cada vez más pequeños y los equipos que aspiran a trascender necesitan mostrar capacidad de reacción, especialmente cuando enfrentan a los rivales que marcan el estándar de la liga.
La parte positiva es que este tropiezo aún puede convertirse en una lección. Porque las derrotas forman parte del deporte, pero pasar 27 entradas sin pisar el plato es una imagen que ningún equipo con aspiraciones de campeonato puede permitirse repetir. La mejor manera de dejar atrás este bochorno será responder en el terreno de juego y demostrar que esta serie fue una excepción, no una señal de lo que está por venir.