El ahora panista senador Juan Bueno Torio, en pleno festín privatizador, empuja como próspero empresario refinero y transportista petrolero, dos iniciativas para permitir a empresas privadas nacionales o extranjeras que construyan y operen refinerías, ductos; que distribuyan y almacenen gasolina, gas y productos petrolíferos.
Bueno Torio, priísta y empresario de Córdoba, Veracruz, con problemas económicos con sus negocios antes del 2000, saltó del barco priísta que se hundía y pasó a la nave de corsarios panistas conducido por Fox. Con su curriculum como gasolinero y pipero supo colarse y colocarse en un punto clave para sus ambiciones empresariales: la dirección de PEMEX Refinación.
Y como Lutero con la iglesia en sus manos, supo aprovechar recursos administrativos, técnicos y materiales para despojar a PEMEX Refinación.
Para ello, de inmediato “diseñó un entramado de funcionarios, con más de 200 plazas creadas, con el objetivo de operar la asignación de contratos multimillonarios a modo en favor de empresas del ramo petrolero, algunas de sus familiares”. Pero además, supo conformar una red de complicidades con Fox y Martha Sahagún, que le ha permitido repartir el pastel PEMEX Refinación y quedarse con la mayor parte; supo también granjearse a Felipe Calderón al aportarle recursos para su campaña presidencial.
El saldo le ofrece gigantescos dividendos: ahora la familia Bueno Torio es dueña de decenas de empresas y más de un centenar de terrenos y casa.
A pesar de denuncias por conflicto de intereses y manejo de información privilegiada en su beneficio, de que se le descubre relación en 28 empresas y participación accionaria en al menos 12 empresas privadas con ganancias y utilidades, del otorgamiento de contratos petroleros de largo plazo y por decenas de millones a familiares (incluida su esposa), a cómplices en la naviera TMM y a negocios fraudulentos como la Saint Martín; a pesar de investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y el Órgano Interno de Control de Petróleos Mexicanos; su papel legislativo y su pertenencia al PAN le ha permitido mantenerse impune.
Queriendo sorprender al pueblo de México, los senadores del PAN han presentado la misma propuesta que Calderón presentó en los debates de Reforma Energética del 2008 (y que fue desechada), para modificar el Artículo 28 Constitucional y la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en el Ramo del Petróleo, para privatizar la petroquímica básica y permitir que empresas privadas, nacionales y extranjeras construyan y operen refinerías y ductos y se hagan cargo de producir, almacenar y distribuir gasolina, gas y otros productos petrolíferos.
Bueno Torio dice que se justifica porque Pemex no tiene recursos para invertir en nuevas refinería o ductos; ocultando que si ese fuera el caso, “una reforma fiscal permitiría contar con recursos suficientes; pero ésta no se promueve por que impediría la privatización de nuestra paraestatal” (ing. Francisco Garaicochea).
La reforma propuesta por la bancada panista al artículo 28 constitucional propone eliminar de ese ordenamiento la exclusividad del Estado en el petróleo, los demás hidrocarburos, y la petroquímica básica.
En su lugar, plantea dejar sólo como funciones que el Estado ejercerá de manera monopólica la exploración y extracción de petróleo crudo. Al margen de que es una propuesta anticonstitucional y falaz respecto al argumento de carencia de recursos; Bueno Torio se burla de la opinión pública cuando oculta que en la práctica e ilegalmente la exploración y extracción de petróleo crudo está ya privatizada y en manos extranjeras. Las compañías Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes, Tecpetrol y Weatherford, realizan todas las actividades de explotación en Chicontepec, y en la Cuenca de Burgos, están también realizando actividades para extraer hidrocarburos la española REPSOL, la italiana ENI, la brasileña PETROBRAS, la estadounidense Sinclair y otras compañías petroleras transnacionales.
Aún así, Bueno Torio, ocultando la dilapidación y saqueo de recursos millonarios que hoy se hace con la proliferación del contratismo, cínicamente expuso en el pleno del Senado, que la insuficiencia de recursos de Pemex impide fortalecer la rectoría del Estado mexicano sobre sus hidrocarburos y que se requieren inversiones cercanas a los 26 mil millones de dólares anuales durante los próximos 10 años, para que la industria petrolera nacional pueda superar las condiciones de rezago en que se encuentra.
Aunque insistió en que no se trata de privatizar, que no se trata de deshacerse de los activos o de centros de distribución, de desincorporar del patrimonio nacional las refinerías y ductos de PEMEX, tuvo que reconocer que inversionistas privados participarán “al cien por ciento en la construcción de refinerías, ductos, de un trayecto de ducto de una refinería a una zona de abasto, como podría ser de la refinería de Madero hacia Tuxpan, o de la terminal de Mérida a Cancún”.
Y contrario a la burla y menosprecio que siempre hacen los políticos de derecha respecto a la reivindicación de la Soberanía Nacional ahora abogó por la participación privada pues ahora sí se les hace urgente la inversión en refinerías y les preocupa que “cada vez más el país pierde soberanía en la decisión de abastecer los petrolíferos para el desarrollo”.
Sobre la reforma al artículo 28 constitucional, los panistas proponen que se instrumente en forma progresiva a mediano y largo plazos, para “evitar que pueda convertirse en bandera de un falso nacionalismo, que impida los urgentes cambios que requiere la industria petrolera”; es decir, para Juan Bueno Torio, el verdadero nacionalismo consiste en privatizar y darle a arribistas mexicanos como él, la posibilidad de continuar su exitoso proceso de apropiación de los recursos públicos y acumulación de capital en manos de su prole y cómplices políticos.
Bueno Torio, priísta y empresario de Córdoba, Veracruz, con problemas económicos con sus negocios antes del 2000, saltó del barco priísta que se hundía y pasó a la nave de corsarios panistas conducido por Fox. Con su curriculum como gasolinero y pipero supo colarse y colocarse en un punto clave para sus ambiciones empresariales: la dirección de PEMEX Refinación.
Y como Lutero con la iglesia en sus manos, supo aprovechar recursos administrativos, técnicos y materiales para despojar a PEMEX Refinación.
Para ello, de inmediato “diseñó un entramado de funcionarios, con más de 200 plazas creadas, con el objetivo de operar la asignación de contratos multimillonarios a modo en favor de empresas del ramo petrolero, algunas de sus familiares”. Pero además, supo conformar una red de complicidades con Fox y Martha Sahagún, que le ha permitido repartir el pastel PEMEX Refinación y quedarse con la mayor parte; supo también granjearse a Felipe Calderón al aportarle recursos para su campaña presidencial.
El saldo le ofrece gigantescos dividendos: ahora la familia Bueno Torio es dueña de decenas de empresas y más de un centenar de terrenos y casa.
A pesar de denuncias por conflicto de intereses y manejo de información privilegiada en su beneficio, de que se le descubre relación en 28 empresas y participación accionaria en al menos 12 empresas privadas con ganancias y utilidades, del otorgamiento de contratos petroleros de largo plazo y por decenas de millones a familiares (incluida su esposa), a cómplices en la naviera TMM y a negocios fraudulentos como la Saint Martín; a pesar de investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y el Órgano Interno de Control de Petróleos Mexicanos; su papel legislativo y su pertenencia al PAN le ha permitido mantenerse impune.
Queriendo sorprender al pueblo de México, los senadores del PAN han presentado la misma propuesta que Calderón presentó en los debates de Reforma Energética del 2008 (y que fue desechada), para modificar el Artículo 28 Constitucional y la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en el Ramo del Petróleo, para privatizar la petroquímica básica y permitir que empresas privadas, nacionales y extranjeras construyan y operen refinerías y ductos y se hagan cargo de producir, almacenar y distribuir gasolina, gas y otros productos petrolíferos.
Bueno Torio dice que se justifica porque Pemex no tiene recursos para invertir en nuevas refinería o ductos; ocultando que si ese fuera el caso, “una reforma fiscal permitiría contar con recursos suficientes; pero ésta no se promueve por que impediría la privatización de nuestra paraestatal” (ing. Francisco Garaicochea).
La reforma propuesta por la bancada panista al artículo 28 constitucional propone eliminar de ese ordenamiento la exclusividad del Estado en el petróleo, los demás hidrocarburos, y la petroquímica básica.
En su lugar, plantea dejar sólo como funciones que el Estado ejercerá de manera monopólica la exploración y extracción de petróleo crudo. Al margen de que es una propuesta anticonstitucional y falaz respecto al argumento de carencia de recursos; Bueno Torio se burla de la opinión pública cuando oculta que en la práctica e ilegalmente la exploración y extracción de petróleo crudo está ya privatizada y en manos extranjeras. Las compañías Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes, Tecpetrol y Weatherford, realizan todas las actividades de explotación en Chicontepec, y en la Cuenca de Burgos, están también realizando actividades para extraer hidrocarburos la española REPSOL, la italiana ENI, la brasileña PETROBRAS, la estadounidense Sinclair y otras compañías petroleras transnacionales.
Aún así, Bueno Torio, ocultando la dilapidación y saqueo de recursos millonarios que hoy se hace con la proliferación del contratismo, cínicamente expuso en el pleno del Senado, que la insuficiencia de recursos de Pemex impide fortalecer la rectoría del Estado mexicano sobre sus hidrocarburos y que se requieren inversiones cercanas a los 26 mil millones de dólares anuales durante los próximos 10 años, para que la industria petrolera nacional pueda superar las condiciones de rezago en que se encuentra.
Aunque insistió en que no se trata de privatizar, que no se trata de deshacerse de los activos o de centros de distribución, de desincorporar del patrimonio nacional las refinerías y ductos de PEMEX, tuvo que reconocer que inversionistas privados participarán “al cien por ciento en la construcción de refinerías, ductos, de un trayecto de ducto de una refinería a una zona de abasto, como podría ser de la refinería de Madero hacia Tuxpan, o de la terminal de Mérida a Cancún”.
Y contrario a la burla y menosprecio que siempre hacen los políticos de derecha respecto a la reivindicación de la Soberanía Nacional ahora abogó por la participación privada pues ahora sí se les hace urgente la inversión en refinerías y les preocupa que “cada vez más el país pierde soberanía en la decisión de abastecer los petrolíferos para el desarrollo”.
Sobre la reforma al artículo 28 constitucional, los panistas proponen que se instrumente en forma progresiva a mediano y largo plazos, para “evitar que pueda convertirse en bandera de un falso nacionalismo, que impida los urgentes cambios que requiere la industria petrolera”; es decir, para Juan Bueno Torio, el verdadero nacionalismo consiste en privatizar y darle a arribistas mexicanos como él, la posibilidad de continuar su exitoso proceso de apropiación de los recursos públicos y acumulación de capital en manos de su prole y cómplices políticos.