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La Verdad del Sureste

Conflicto de interés social


@UTufigno
Que en la exclusiva zona de Santa Fe en la Ciudad de México circule un lujoso auto BMW deportivo no es ninguna novedad; que dicho auto llegue al lugar en el que se celebrará un evento como homenaje a un conocido empresario, tampoco; que a dicho acto asista el Jefe Delegacional en Cuajimalpa, de extracción tricolor, menos; pero que Juan Guillermo Gómez Gutiérrez descienda del vehículo, eso sí que es toda una noticia, a tal grado que los fotógrafos se abalanzaron en busca de la imagen que capturara el momento. Pero –quizá se pregunten algunos-, ¿quién es Juan Guillermo Gómez Gutiérrez?
    Diremos, ante todo, que el señor Gómez Gutiérrez es una “persona de bien”, un hijo de esas “buenas familias” de las que hacen falta en este país. Su padre, quien fue senador y llegó a ocupar la titularidad de una Secretaría de Estado en otros ayeres, formó políticamente a sus hijos, particularmente a su hijo mayor en quien forjó sus esperanzas para que algún día ocupara la silla embrujada, perdón, quise decir la silla presidencial. También diremos que si bien el señor Gómez Gutiérrez tiene unos ahorros considerables, éstos son producto de su honesto trabajo, lo que le ha permitido, incluso, darse una merecida vida de lujos.
    Sin embargo, como la vida no puede ser tan feliz, el señor Juan Guillermo Gómez Gutiérrez tuvo que vacacionar algunos años en la cárcel. ¿La causa? Una injusta acusación por corrupción, desvío de recursos públicos y el uso de un nombre falso, algo impensable para un hombre de su calidad moral. Así, la exoneración de Juan Guillermo Gómez Gutiérrez –en cuya acta de nacimiento aparece registrado como Raúl Salinas de Gortari- fue sólo una mínima expresión de justicia, hecho que ahora le permite pasear libremente por donde quiera, exhibir su gusto por los bienes materiales y demostrar que las acusaciones de corrupción e impunidad sólo son un recurso político de las mentes paranoicas.
    La mala noticia para Enrique Peña es que la paranoia es contagiosa y parece que ya alcanzó al menos a dos influyentes medios extranjeros: “The Economist”, en un artículo titulado “El pantano de mexicano”, señala que la credibilidad de Peña ha mermado –claro, si es que algún día la tuvo- por las propiedades inmobiliarias que han adquirido él y su esposa mediante operaciones que representan conflicto de interés, aunque no de interés social porque el valor de las casas raya en el descaro. Por otro lado, a través “The Wall Street Journal” nos acabamos de enterar que, cuando fue gobernador del estado de México, Peña Nieto se hizo propietario de una casa en un exclusivo campo de golf de Ixtapan de la Sal.
    Que Peña, su familia o alguno de sus allegados tenga el derecho de adquirir propiedades nadie lo cuestiona, lo que es grave –y es lo que constituye un conflicto de interés- es que dichas adquisiciones se hayan hecho a un empresario que a la postre resultó favorecido con obras públicas, cuya ostentosa exhibición sin pudor alguno no puede explicarse sin la corrupción y el manto protector de la impunidad, tal y como lo demuestra el caso de Raúl Salinas, a quien quizá hasta lo tengamos que indemnizar para limpiar su inmaculado nombre, aunque tendríamos un problema: no sabríamos si lavar el nombre de su acta de nacimiento o el de Juan Guillermo Gómez Gutiérrez, su otro yo. Pero como suele ocurrir con los males que aquejan a nuestro México, éstos no llegan solos. La prepotencia es otro signo de descomposición social que merece ser llamado a cuentas. ¡Qué pase el desgraciado! En esta esquina, un joven chiapaneco; en esta otra, un gobernador que es caricatura del residente de Los Pinos, pero en tanto caricatura es peligroso pues sus creadores lo pueden dotar de las habilidades de las que carece naturalmente. En diciembre pasado, mientras Manuel Velasco saludaba a la gente en un acto público, repentinamente le propinó una cachetada a uno de sus ayudantes. ¿Acaso el gobernador de Chiapas fue objeto de una regresión hipnótica que lo condujo a la época de la Colonia? Si ése es el trato público que le da a sus colaboradores, imaginen de lo que será capaz en privado.        

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