Conmemora Las Abejas 13 años de Acteal con acto sobre autonomía

Comunidades de Chiapas, Oaxaca y Atenco la definieron como su demanda central e incumplida

22 DE DICIEMBRE DE 2010, SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIS./ Para conmemorar el decimotercer aniversario de la masacre de Acteal, la organización de sociedad civil Las Abejas realizó durante tres días el encuentro “Tejiendo resistencia y autonomía frente a la contrainsurgencia y la dependencia”, que concluye hoy en la tierra sagrada de Acteal (municipio de Chenalhó).
    En el acto participaron “pueblos que construyen y defienden su autonomía” en otras regiones de Chiapas, Oaxaca y Atenco, y en su pronunciamiento final, las organizaciones y comunidades reunidas definieron brillantemente la autonomía, demanda central e incumplida de los pueblos indígenas en México:
    “Entendemos la autonomía como el derecho a vivir como queremos, sin tener que pedir permiso y sin que otros nos impongan vivir como ellos quieren; como la libertad de cada pueblo de tomar decisiones sobre territorio, recursos, organización y educación; pensar por nosotros y nosotras. La autonomía inicia en el corazón de cada persona; no es sólo una meta, sino el camino en el que ya estamos”.
    También es “tejer alianzas como queremos y globalizar nuestras luchas desde abajo, mantenernos con nuestro propio trabajo sin depender de ayudas ni programas de gobierno”. Advierten que no quieren “hacer daño a nadie, sólo vivir en libertad, gozando del fruto de nuestra Madre Tierra que conseguimos de nuestro trabajo”.
    Sin embargo, dicen, “otros se molestan porque queremos vivir libres y quieren acabar con nuestra autonomía, imponer proyectos, hacernos dependientes de sus programas. Al que no quiere le aplican la contrainsurgencia. Pero nos mantenemos en la resistencia”.
    Recordaron que entre 1995 y 2000, la contrainsurgencia gubernamental provocó el robo de sus cosechas y el despojo de sus tierras, les quemaron sus casas y los obligaron a vivir desplazados. “Mandaron a sus paramilitares, apoyados por la seguridad pública y el Ejército federal”. En esas condiciones ocurrió la masacre en 1997.
    Después de 2000, añade, “el gobierno cambió de color y discurso, pero en realidad siguió siendo el mismo”: uno que cambió “las balas de plomo por las balas de azúcar, aunque sin dejar de utilizar la de plomo”; cooptó líderes, y pretendió “cambiar el pensamiento y corazón de la gente”.
    El gobierno, acusan, “nos quiere acostumbrar a ser mantenidos, le quita a la gente el gusto y el ánimo de trabajar”. Y señalan: “No aceptamos eso porque tenemos dignidad”.
    Ante la liberación anticipada de decenas de paramilitares que participaron en la masacre, los indígenas manifiestan: “No podemos esperar que la justicia venga de afuera. Tenemos que construir otra justicia. Como dicen los ancianos, saber escuchar nuestro corazón y no caer en la provocación ni el deseo de venganza. Nuestros pueblos han conocido, y nosotros tenemos que recuperarla, una justicia que no daña ni castiga, sino que recupera y restaura”. El pronunciamiento concluye señalando “que la represión vuelve a asomar su sucio rostro en Chiapas y México, y apunta sobre todo a defensores de derechos humanos, luchadores sociales, periodistas y comunicadores independientes”.
¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más