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La Verdad del Sureste

Consumir todo lo que sí y no se pueda para poder disfrutar de la noche buena

La navidad secuestrada


Consumir todo lo que sí y no se pueda para poder disfrutar de la noche buena

Es por estas épocas del calendario juliano donde el “espíritu navideño” –una síntesis cultural formada durante siglos por la tradición judeo-cristiana- hace surgir del “baúl de las utopías” una serie de falaces buenas intenciones, además de acciones terapéuticas contra la indiferencia y opresión contra los desposeídos y oprimidos de la sociedad. Me refiero a la síntesis cultural cuando recordamos las festividades acompañadas de ritos y acciones de muchas culturas a lo largo de toda la historia de la humanidad a causa del solsticio de diciembre, fenómeno insoslayable para muchas sociedades agrarias en donde el hombre convivía en armonía a la vez que se sentía parte de la naturaleza. En dicha época las celebraciones de fertilidad traían consigo un motivo de regocijo entre esas sociedades, menos contradictorias que la nuestra, manifestadas en fiestas colectivas y “buenas acciones”.
    Hoy como antes se siguen reproduciendo las contradicciones de sociedades clasistas y desigualitarias. Las relaciones sociales y su estructura siguen siendo de marcadas diferencias sociales, sólo que el ritmo vertiginoso de la sociedad actual y las ilusiones ópticas, el telón del posible progreso, que generan los grandes medios de comunicación nos hacen pensar que cuestiones como estas son anacrónicas. Lamentablemente la verdad del caso es que seguimos siendo esclavos. Algunos con una casa, un auto, etc. Navidad es la época de redención, de una oportunidad de aplacar las culpas y remordimientos de la conciencia de muchos respecto a la condición en que se encuentran los desposeídos y oprimidos en una sociedad que promueve “la competencia. Es ahora que el Estado y nuestros patricios actuales también reproducen de manera análoga ciertos ritos de antaño, ya mencionados. Tampoco olvidar a los individuos que se encuentran en la eterna transición entre la pobreza explícita y el estatus patricio, viviendo en esa ilusión de que algún día llegarán a la vida patricia (no se dan cuenta que esa vida está cerrada con puerta de vidrio, cuando crean llegar se van de cara y volver a empezar), todos ellos reproducen de alguna manera esos ritos llevados a cabos por estos patricios, modelos de aspiración social, ahora bajo premisas judeo-cristianas. Es que en estas épocas donde algunos valores se ponen de moda, como la solidaridad, la “igualdad” de los seres humanos, la filantropía y la búsqueda de un mundo mejor, pero sin el pensamiento anatema de un posible cambio social, es el discurso anual de toda una sociedad hipócrita. El canal por el cual todos estos valores salen a flote y se relucen es a través del consumismo. Consumir todo lo que sí y no se pueda para poder disfrutar de la noche buena sin remordimientos, además que de pasadita ese consumismo les ayuda a sentirse patricios por un momento, total todos ganan, dicen.
    Cada año algunos ven una oportunidad de espiar culpas para consumir de forma descarada, en donde la cúspide llega en la noche buena y podemos celebrar sin remordimientos en esos momentos; otros de ver una instantánea de lo que verdaderamente debería ser el estado de la sociedad (se conforman con ver esa foto el resto de los días del año). En suma, se puede decir que en esta época se pierde la oportunidad de una revolución, si, de una revolución de las ideas para un sociedad mejor, de educación, del verdadero amor al prójimo, de las inexplicables diferencias sociales (y todo lo que implica) entre seres humanos que se suponen iguales.
    Señores; han secuestrado todos esos ideales y nos han dado a cambio “el espíritu     navideño”, en todo caso, para no desentonar; han secuestrado la verdadera navidad y nos entregaron este falaz remedo. No hagamos un minuto de silencio, no podemos perder ni un minuto en luchar por liberarla para que sume al cambio de esta sociedad tan dura y cruel con las mayorías, aún con los que piensan ilusoriamente que están bien pero que no pueden desarrollarse sino en la medida que el ritmo de la sociedad y su papel en ella lo permiten.
Por Ezequiel Velasque
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