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La Verdad del Sureste

La Controversia Ocho semanas



Como hoy no hay nada serio que analizar, pues les contaré un cuento. Ahí les va.
    Juan, estaba sentado en la sala de su casa, aun preguntándose como fue que había perdido toda la gran popularidad, respeto y la imagen que le había costado más de 30 años de su vida en adquirirlos, pero más, conservar esos grandes meritos. Solo le quedó hacerse un auto análisis, ya seria el último pensó. Pero se detuvo un poco; para lograrlo tuvo que bloquear sus recuerdos mirando hacia afuera, en donde ya nadie lo miraba con respeto, y donde ya nadie le apreciaba. No quería enfrentarse con su realidad.
    Pero tuvo que dejar fluir sus pensamientos. ¿Que ganaría, que solucionaría con eso?. ¡Nada, absolutamente nada!. Eso se preguntaba y se respondía internamente él mismo.
    ¿Cómo pude intentar protegerlo cuando ya era evidente lo peor; en que momento me dejé llevar?----. Pensaba cuestionativamente entre si!.
    Y ahí fue cuando entró en el análisis. Primero empezó a recordar, cuando un viejo gerente, compadre, que se volvió corrupto lo hizo caer ante la buena imagen que conservaba.
    Recordó, que cuando entró a administrar la empresa, muchos fueron participativos y condescendientes en sus ideas administrativas, y fue por eso que todos, amigos y no amigos lo apoyaron para que llegara a ser el administrador o gerente.
    Los trabajadores ya estaban artos de todos los atropellos que le había hecho el administrador anterior, y compadre de Juan.
    Fue el peor tiempo, y no solo para los trabajadores, también para la empresa, que había caído en sus finanzas hasta quedar endeudada.
    Juan había comentado a cada uno de los trabajadores, amigos y no amigos, que si lo apoyaban para ser el generen, todo cambiaria. Que ya no les cobraría las cuotas anuales por usar las bicicletas donde se transportaban para llegar al trabajo, y que su prioridad seria castigar a quien había llevado a la quiebra a la empresa. Hasta los socios del negocio creyeron ciegamente en la palabra de Juan.
    ---Juan---, le decían los trabajadores, ----nos están cobrando ahora hasta más caras las cuotas por usar las bicicletas, ¡y ahora hasta más elevado cobro!, tu nos dijiste que eso se acabaría---. Le replicaban los trabajadores ya cuando era gerente.
    Juan les justificaba que era necesario, para poder levantar la empresa.
    ----¡Pero para eso, tienes que hacer que el gerente anterior devuelva todo lo que se llevó, y entonces la empresa volverá a funcionar!---. Le volvían a replicar los trabajadores, que sentían que ellos estaban pagando la mala administración que hizo el anterior gerenle. Pero Juan justificaba, que primero tenían que enjuiciar a los administrativos que estaban debajo del gerente anterior, y luego entonces, se podría enjuiciar al gerente.
    Pasaron ocho semanas, y Juan no pudo levantar la empresa, ni denunció al gerente anterior, y no pudo hacer que la empresa tuviera funcionalidad, al contrario, la empresa cada día iba empeorando.
    ----Compadre, ¡tiene que protegerme!, porque yo fui el que creo las condiciones para que tu pudieras ocupar la gerencia!---. Le dijo en una reunión el ex gerente Éste le había vendido esa idea a su compadre. Y se cree que Juan actuó protectoramente. Y solo ocho semanas bastaron, para que los trabajadores desconfiaran de él. Y se empezó a regar el comentario en toda la empresa. Y de traidor y cómplice no lo bajaban. ¿Cuánto le repartiría el gerente anterior?. Se preguntaban los trabajadores.
    Y para colmo, su personal administrativo ni siquiera salía a hacerle alguna defensa verbal ante los trabajadores, para cambiar la imagen. Solo el pobre Juan era el que pretendía defenderse, pero ya no era creíble lo que decía. Las evidencias de complicidad, que aunque tal vez no era cómplice, pero eso era lo que veían los trabajadores. A Juan ya hasta sus amigos dejaron de verlo bien, sus amigos habían conocido al verdadero hombre que era, ahora con poder. Pero no contento, Juan, con sus administrativos más cercanos, a las ocho semanas  de su administración en la gerencia, les envío a decir a sus amigos, que debían estar agradecidos, porque todavía enviaba motivos para que hablaran bien de él, cosa que les causó repudio a sus amigos, y fue cuando los empezó peder. Ya hasta sus aliados lo habían dejado de proteger ante los socios del negocio. No tenía amigos, no tenia socios. Y su personal en la empresa ya no estaba a gusto con su gerente. Varios ya habían querido renunciar, pero Juan no los dejó, porque eso hubiera sido un golpe para la imagen de su administración; los socios no lo verían bien.
    Juan había sido un gran hombre, considerado honesto, justo, creíble y con una imagen casi intachable, pero en tan solo ocho semanas todo eso que le había costado más de 30 años adquirir y que le daba un nivel moral, lo había perdido. Juan le había quitado ya el merito a su compadre de ser el señalado por los empleados; ahora ya no hablaban del corrupto ex gerente, ahora hablaban del protector y cómplice; y señalaban a Juan de esa manera en cada rincón de la empresa, hasta donde había menos preparación intelectual.
    Ahora solo le quedaban dos cosas, seguir protegiendo al gerente anterior y hundirse con él, o dar el manotazo y resucitar, haciendo lo correcto en contra del exgerente para rescatar su imagen.
    Los socios del negocio se reunían en diferentes partes, preocupados porque vieron que Juan no dio el nacho en el negocio. Y que su personal administrativo, casi en su mayoría no le era funcional. Juan había perdido el rumbo.
    ---¿Qué haremos?.---preguntó uno de ellos.
    ---¡Pues esperaremos a que cumpla cien días, vamos a pensar que en ese tiempo pueda empezar a cambiar!----. Comentó otro socio.
    ---¿Y si no funciona?---. Preguntó preocupado otro más.
    ---¡Pues entonces tomaremos una medida a nuestra manera!---. Expresó un cuarto socio.
    En cada lugar y en cada momento, ya los socios comentaban su disgusto, pero también decepción con el nuevo gerente de la empresa.
    Y también se comentaba en cada lugar, de cómo la protección que brindó al gerente anterior, había acabado con una buena moralidad de más de 30 años en la vida de Juan.
    ----Pero él no es cómplice, denle un tiempo, si les responderá----. Expresó uno de los últimos casi amigos que le quedaban.
    ----Si lo es o no, eso no lo sabemos, pero su actitud indica que si ha caído en complicidad!---. Respondió expresivamente un socio.
    Juan, con los ojos mojados, sintió un dolor muy fuerte, serró los ojos y desapareció en la nada. Solo se vio el bulto de un hombre en medio de la sala.
Nos escuchamos a las 2 pm. Por 104.9 FM y 940 AM –La Romántica---.

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