La crisis del neoliberalismo en México

A más de tres lustros de soportar esta política depredadora, la economía nacional sigue en decadencia

VILLAHERMOSA, TABASCO, 17 DE ABRIL DE 2011/ El Capitalismo es un sistema en donde los medios de producción (la tierra, las fábricas, las materias primas, maquinarias, el comercio, la banca, etcétera) no son propiedad pública, es decir, los medios de producción están en manos de privados.
    Desde hace más de 30 años los gobernantes del país han optado por aplicar un modelo Neoliberal, mediante Reformas Estructurales a las Leyes mexicanas. El Neoliberalismo no es más que el Capitalismo pero Salvaje, acompañado de altos niveles de corrupción para mantener su funcionamiento. Algunos puntos clave de este sistema son: Política antisindical, desempleo, fin de las políticas de bienestar social y privatizaciones, cierre de instituciones de seguridad social, baja del salario real, sacrificio de las mayorías, enriquecimiento de una minoría, perdida de soberanía y falta de perspectivas.
    La petrolización de nuestra economía, el enorme crecimiento de nuestra deuda externa y la profunda crisis que sacudió al país a principios de la década de los 80, durante el gobierno de José López Portillo, sirvieron de extraordinario pretexto a los neoliberales para empezar a aplicar en México las recetas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
    Esos organismos financieros al servicio del imperialismo norteamericano, aprovechando la situación de crisis creada por ellos mismos al propiciar una política generalizada de endeudamiento, más allá de las posibilidades reales de los países subdesarrollados, particularmente de los de América Latina, les impusieron su proyecto neocolonial. En México a través de las llamadas cartas de intención suscritas por el gobierno y el FMI se adquirieron muchos compromisos, entre ellos la política consistente en deshacerse de las empresas públicas, la de establecer topes salariales y otras similares, todas ellas contrarias a los intereses nacionales y populares.
    El nuevo proyecto, proponía superar la profunda crisis económica que aquejaba al país, lograr un crecimiento sostenido de la economía y mejorar las condiciones de vida de los mexicanos. Durante los últimos 30 años los resultados de la aplicación del neoliberalismo en nuestro país son los siguientes:
    EL DESMANTELAMIENTO DEL SECTOR ESTATAL.- A partir del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) se inicia, con el pretexto de que la crisis se había presentado porque el Estado estaba obeso y que por ello no podía cumplir con su función fundamental que es la de proporcionar bienestar a los mexicanos, la aplicación en nuestro país del proyecto neoliberal. La primera medida consistió en realizar el proceso llamado, eufemísticamente, de desincorporación de empresas públicas por las siguientes vías: la extinción, la fusión, la liquidación, la transferencia a las entidades federativas y municipios, la venta a los trabajadores de la empresa que se desincorpora, y sobre todo, la venta a los empresarios privados nacionales y extranjeros.
    LA PROFUNDIZACIÓN DEL PROYECTO NEOLIBERAL.- En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), el proyecto neoliberal se fue profundizando y se plantearon ya con más claridad los principales postulados de la política económica gubernamental y se fue definiendo con mayor descaro el rumbo antinacional y antipopular.
    Carlos Salinas vendió empresas del Estado con el argumento de que había que vender bienes para remediar males, que con los ingresos provenientes de esa venta, se resolverían problemas fundamentales para el pueblo: agua potable, drenaje, alcantarillado, vivienda, etc.
    LA POLÍTICA DE LAS PROMESAS, LAS PROPUESTAS Y LOS COMPROMISOS INCUMPLIDOS.- Al gobierno del Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) le ha correspondido también, promover modificaciones negativas en el plano legislativo. Este sexenio se puede caracterizar por su incapacidad para llevar a cabo aspectos fundamentales de su proyecto. Propuso convertir su propuesta económica en política económica de Estado, pero jamás pudo lograr el consenso con las otras fuerzas políticas para modificar el marco legal constitucional, necesario para tal fin.
    Sintetizando, podemos afirmar que después de más de tres lustros de soportar esa política depredadora que ha hecho más dependiente a México respecto del capital financiero internacional y a su pueblo más pobre debido a la cada vez más injusta distribución del ingreso y la riqueza, podemos afirmar que el neoliberalismo que nos fue impuesto bajo el supuesto de que a partir de él era posible superar la crisis de nuestro país, nos ha llevado a una situación insostenible que de agudizarse podría ser el preludio de profundas conmociones sociales de resultados impredecibles.
    La verdad es que la política neoliberal aplicada en México a partir de 1982 no sólo no ha logrado ninguno de los objetivos que se propuso, ya que la crisis aún está presente en la economía nacional, el crecimiento sostenido no ha podido lograrse y la población es ahora más miserable que cuando se inició la aplicación de esa política contraria a los intereses nacionales y populares, sino que ella misma ha demostrado su incapacidad para enfrentar los retos del presente.
    El hecho concreto es que el neoliberalismo en México, al igual que ha sucedido en el mundo entero, ha entrado a su vez en crisis, la cual sólo podrá remontarse si se le sustituye por un proyecto que, recogiendo las mejores tradiciones de nuestro pueblo y las más valiosas experiencias de los avances conseguidos a lo largo de nuestra historia, particularmente en el presente siglo, se articule tomando en cuenta las nuevas condiciones políticas y económicas del mundo actual y nos conduzca a un desarrollo económico con independencia del exterior y a la elevación de las condiciones de vida del pueblo. Un proyecto que nos permita transitar por el sendero que nos pueda llevar a nuestra liberación definitiva.
EL IMPACTO DEL MODELO NEOLIBERAL
Las políticas de privatización a las empresas paraestatales del país
    Para que se dé usted una idea, éstas son las cuentas claras de las privatizaciones en México: de las 1,152 empresas paraestatales que dejó López Portillo en 1982, ahora quedan menos de 200. Entre las empresas privatizadas se encuentran: Teléfonos de México, Aeroméxico, Mexicana de Aviación, Altos Hornos de México, DINA, Fertilizantes Mexicanos, Aseguradora Mexicana, los 18 bancos comerciales, Ferrocarriles, Aeropuertos, Autopistas, etc.; el país obtuvo 23 mil millones de dólares, de los cuales el 95 % fueron captados entre 1988 y 1993, durante el sexenio del benemérito del neoliberalismo mexicano y gran benefactor de los capitalistas: Carlos Salinas de Gortari.
    ¿Cómo es posible que las empresas privatizadas puedan rendir más y ser más productivas en manos de particulares y no bajo la dirección del Estado? Vaya autorreconocimiento tácito del gobierno de su incapacidad e incompetencia, vendiéndolas y cediéndolas a los capitalistas, porque el gobierno no las puede hacer productivas ni rentables. Entonces, ¿para qué está el gobierno? Si abiertamente por sus acciones reconoce públicamente su ineptitud para administrar y operar las empresas paraestatales que son el eje rector de la economía nacional.
    El cuento de que el gobierno no tiene dinero es una falacia, puesto que no hay economía más fuerte que la de un Estado. ¿Acaso no fue el gobierno el que rescató a la Banca de que sucumbiera a tan sólo tres años (1992-1995) después de su privatización? En el sexenio de Salinas se ilustra claramente el fracaso de las privatizaciones.
     ¿No fue un absurdo haber vendido los 18 bancos en aquel entonces por 12 mil millones de dólares (a crédito, con facilidades) y tener que pagar después por su rescate 110 mil millones de dólares?
    La privatización de más de mil empresas públicas iniciada en 1982, constituye uno de los peores negocios para los contribuyentes mexicanos.
    Con esta información, opiniones y puntos de vista, vale la pena considerar nuestro porvenir si seguimos por el camino equivocado. No se puede ser tan necio y terco pretendiendo salir del paso momentáneamente mientras dura el sexenio. Ya basta de insistir en las privatizaciones o en cualquiera de sus formas. Nos redituaría más hacerlas eficientes y productivas, como lo han sugerido y señalado las opiniones de los expertos en la materia de los energéticos. Más nos valdría frenar el saqueo y la corrupción en esas paraestatales en donde abunda la ineptitud de los que las dirigen o de los organismos que permiten que las graven y se endeuden como lo estamos viendo.
    Es hora de exigir que las administraciones públicas no solo sean transparentes sino también más eficientes y productivas.
    Que los que las dirigen sean personas competentes y que las administren honestamente. Sólo así podremos saldar la Deuda Pública y lograr que las empresas paraestatales se financien con sus propios recursos.
JOSÉ MANUEL RODRIGUEZ SOLAR
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