Cristo es la respuesta para el mundo hoy
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, dice tu palabra en el libro de Salmos 57:17.
En los momentos de angustia y desesperanza, solo Dios puede dar la paz y esperanza que necesitamos tanto en estos momentos, en los que nuestros problemas por salud y económicos nos agobian.
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”, dice las sagradas escrituras en Jeremías 33:3
Tenemos que clamar a Dios por misericordia y compasión con el corazón contrito humillado, para que nuestra petición sea escuchada por Dios y resuelta conforme a su voluntad. Todas las cosas que nos pasan, aunque no comprendamos la razón, tienen un propósito; regresar nuestros caminos a Dios, buscarle y reconocer su grandeza, adorarle en espíritu y verdad.
Este autor, como casi todos en la vida, ha experimentado el sufrimiento, angustia y dolor a causa del pecado; de todas ellas me ha rescatado el Señor en su misericordia. Hace un año, mi familia y hermanos de fe, clamábamos a Dios por la vida de mi hermano, internado y grave a causa del Covid-19 en el hospital Juan Graham.
El Señor obró conforme a su voluntad y dio una segunda oportunidad de vida a mi hermano, para la honra y gloria de nuestro Dios. Es un milagro que hoy este vivo, recuperado y para felicidad de la familia, ayer juro sus votos a su compañera de vida en el sagrado matrimonio.
Quizá hoy tu alma se encuentre turbada y estés viviendo momentos de gran sufrimiento, angustia y dolor, solamente Dios sabe el momento amargo que estás pasando junto con tus seres queridos.
Jesuscristo, nuestro salvador y libertador, te está esperando con los brazos abiertos para dar consuelo a tu alma y limpiar las lágrimas de tu rostro. Ponemos nuestra fe en tantas cosas inútiles en la vida, que nos olvidamos de lo más importante, adorarle y dar gracias por nuestra salvación. No hay mejor ofrenda que puedas ofrecer a Dios, que un espíritu quebrantado, un corazón contrito y humillado. Este mundo, incluso nuestras vidas le pertenece. Los sufrimientos en el mundo, como la actual pandemia que estamos viviendo, existen debido al pecado y muchos en vez de clamar a Dios por misericordia, se burlan exclamando ¿Dónde está tu Dios? Cuando es gracias a la misericordia de Dios que respiramos, que tenemos vida y este mundo existe por su gracia y obra de sus manos. Los responsables de tanto sufrimiento y dolor somos nosotros mismos, pero el Señor no nos ha desamparado ni nos desamparará en tiempos de angustia, pues inclusive entregó a su hijo, nuestro amado Jesucristo para morir en la Cruz del Calvario, para darnos vida eterna, solo tenemos que venir a los pies de cristo y reconocer que somos pecadores.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, cita la Biblia en Juan 14:6. Yo solamente reconozco y me postro a los pies del único Dios verdadero, y su hijo Jesucristo, a quien Él envió para salvarme y darme vida en abundancia. A Él clamo por misericordia en tiempos de angustia y mi Dios siempre me ha respondido, la incertidumbre y el miedo quiere invadir mi corazón, pero mi salvador está conmigo, su Santo Espíritu me acompaña día y noche, me da fuerza y me sostiene cuando voy a desfallecer. Él me ha dado todo sin que yo merezca nada.
Ven, no pierdas ni un minuto más, búscale mientras tengas oportunidad, inclina tus rodillas, ora, entrégale tu vida y regocíjate en el Señor.
“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”, dice el libro de Pedro 3:9.
En los momentos de angustia y desesperanza, solo Dios puede dar la paz y esperanza que necesitamos tanto en estos momentos, en los que nuestros problemas por salud y económicos nos agobian.
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”, dice las sagradas escrituras en Jeremías 33:3
Tenemos que clamar a Dios por misericordia y compasión con el corazón contrito humillado, para que nuestra petición sea escuchada por Dios y resuelta conforme a su voluntad. Todas las cosas que nos pasan, aunque no comprendamos la razón, tienen un propósito; regresar nuestros caminos a Dios, buscarle y reconocer su grandeza, adorarle en espíritu y verdad.
Este autor, como casi todos en la vida, ha experimentado el sufrimiento, angustia y dolor a causa del pecado; de todas ellas me ha rescatado el Señor en su misericordia. Hace un año, mi familia y hermanos de fe, clamábamos a Dios por la vida de mi hermano, internado y grave a causa del Covid-19 en el hospital Juan Graham.
El Señor obró conforme a su voluntad y dio una segunda oportunidad de vida a mi hermano, para la honra y gloria de nuestro Dios. Es un milagro que hoy este vivo, recuperado y para felicidad de la familia, ayer juro sus votos a su compañera de vida en el sagrado matrimonio.
Quizá hoy tu alma se encuentre turbada y estés viviendo momentos de gran sufrimiento, angustia y dolor, solamente Dios sabe el momento amargo que estás pasando junto con tus seres queridos.
Jesuscristo, nuestro salvador y libertador, te está esperando con los brazos abiertos para dar consuelo a tu alma y limpiar las lágrimas de tu rostro. Ponemos nuestra fe en tantas cosas inútiles en la vida, que nos olvidamos de lo más importante, adorarle y dar gracias por nuestra salvación. No hay mejor ofrenda que puedas ofrecer a Dios, que un espíritu quebrantado, un corazón contrito y humillado. Este mundo, incluso nuestras vidas le pertenece. Los sufrimientos en el mundo, como la actual pandemia que estamos viviendo, existen debido al pecado y muchos en vez de clamar a Dios por misericordia, se burlan exclamando ¿Dónde está tu Dios? Cuando es gracias a la misericordia de Dios que respiramos, que tenemos vida y este mundo existe por su gracia y obra de sus manos. Los responsables de tanto sufrimiento y dolor somos nosotros mismos, pero el Señor no nos ha desamparado ni nos desamparará en tiempos de angustia, pues inclusive entregó a su hijo, nuestro amado Jesucristo para morir en la Cruz del Calvario, para darnos vida eterna, solo tenemos que venir a los pies de cristo y reconocer que somos pecadores.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, cita la Biblia en Juan 14:6. Yo solamente reconozco y me postro a los pies del único Dios verdadero, y su hijo Jesucristo, a quien Él envió para salvarme y darme vida en abundancia. A Él clamo por misericordia en tiempos de angustia y mi Dios siempre me ha respondido, la incertidumbre y el miedo quiere invadir mi corazón, pero mi salvador está conmigo, su Santo Espíritu me acompaña día y noche, me da fuerza y me sostiene cuando voy a desfallecer. Él me ha dado todo sin que yo merezca nada.
Ven, no pierdas ni un minuto más, búscale mientras tengas oportunidad, inclina tus rodillas, ora, entrégale tu vida y regocíjate en el Señor.
“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”, dice el libro de Pedro 3:9.