Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Crónica La hora del triunfo


Los mayas lo predijeron. El triunfo de Arturo Núñez Jiménez fue anunciado por los mayas. El 21 de diciembre todos los astros se alinearon para cerrar una etapa de oscuridad y dar paso a una era de refulgente luz y de progreso, hacia una nueva moral y otra forma distinta de manifestarse dentro de la sociedad, despertando una nueva conciencia en el hombre. También una etapa de armonía y sana convivencia. Se trata de reunir en fraternidad a la familia dispersa, incluso por la política. Era natural que desde todos los rincones provincianos, de las comarcas vecinas y desde el centro de los poderes, vinieran altos personajes para dar fe de la toma del poder de un nuevo ungido, un verdadero guerrero en toda la extensión, triunfador en cientos de batallas y que ahora iba a ceñirse la corona luego de una larga batalla con verdaderos guerreros que sucumbieron ante su espada y la habilidad en todos los campos a donde fue lanzado por el dios Marte. El hombre superior siempre ha causado temor y admiración, sentimientos que a menudo andan juntos y ésta es también la hora de la verdad. Hasta los dioses hacen un alto en las trivialidades del Olimpo para observar con respeto al guerrero que limpia su espada en la ropa desgarrada del último soldado enemigo, con la intención unánime de darle la categoría de semidios. Son los gajes del valiente, es la cosecha de su largo ir y venir por los campos de batalla. Hasta el general vencido, antes que se borre de su vista el último celaje de la tarde; antes que se consuma la última bocanada de aire en sus pulmones, lanza lo que queda de su voz para desearle “buena suerte” en su reinado al que fuera su enemigo en el último combate. Así llegó Arturo Núñez Jiménez, como buen tribunicio, como el más avanzado de los discípulos de Estento, para hacer gala de su voz, palabra hecha espada en la hora que todos callan porque el silencio es mejor consejero, porque el respeto es la mejor defensa. Todo hombre de esa condición es admirado. No siempre nacen hombres de esa talla. Esa es la definición del Hombre Superior. La espada flamígera.-Y como Moisés al descender de la montaña con sus Diez Mandamientos, Arturo Núñez Jiménez dio a conocer sus leyes contra los transgresores de las nuevas disposiciones: No más enfrentamiento y sí reconciliación entre la sociedad tabasqueña por asuntos de índole política. No encubriré a nadie, no me haré cómplice de quien haya dilapidado el recurso público. La cárcel espera y se aplicará todo el peso de la ley a quienes abusen de los recursos destinados a la obra pública para beneficio del pueblo. Haremos de esta tierra una ventana de oportunidades en materia de inversión. Habrá respeto a los inmigrantes que se internen a territorio tabasqueño. Habrá trato igual con los diputados emanados de otra corriente política. Libertad de prensa y de cultos. Regular recursos destinados a la publicidad. Se respetarán los derechos humanos. Trabajar regionalmente con la federación en seguridad nacional. Y al final expresó: “Tabasco va a salir adelante porque así lo requiere la historia, así lo quiere la gente: No pasaré los siguientes seis años llorando por lo que no pudimos remediar. De otro modo, otra vez lo mismo Nomás entrar al espacio que ocupan los edificios de el Planetario y el Centro de Convenciones nos topamos con el arroz de todos los moles, el grupo de Maney, poniendo la alegría propicia del momento: sintonizar al pueblo en el festejo de que por fin se le cumplió a los tabasqueños, llevar la corriente crítica de antes, ahora impulsada desde las diferentes corrientes de izquierda aglutinadas en Morena. Fue esa la razón de que al escucharse el nombre de Andrés Manuel López Obrador, de labios del ahora mandatario, Arturo Núñez, ya en el terreno del discurso, el aplauso fuera prolongado y de pie, festinando el “Sí se pudo”, así como también al oírse el nombre del fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano ya en pleno discurso, presente en el acto. Y era natural que el grupo tropical despertada en los presentes meneos de cadera inesperados, incluso del sector femenino. Con letra sencilla pero cargada de enjundia al son de “El cambio lo hacemos juntos”, esperaban el aviso de que las puertas de acceso se abrieran para entrar al recinto donde Arturo Núñez Jiménez, rindiera protesta ante la LX Legislatura como gobernador constitucional para lo cual se realizó la respectiva sesión solemne, donde fijó su postura, inesperada para muchos, que habrá cambios drásticos, que se acabaron los lamentos constantes por la inclemencia del tiempo y las constantes inundaciones. Con impresionante visita de diferentes personajes de la política nacional y gobernadores de estados circunvecinos, entre ellos Emilio Chuayfett Chemor, secretario de Educación y a la vez representante del presidente Enrique Peña Nieto, así también agradeció la presencia de altas personalidades como el rector de la UNAM, José Narro Robles, de la amable visita de ex gobernantes de Tabasco que acudieron a fortalecer su triunfo, entre ellos, el Ing. Leandro Rovirosa Wade, de grato recuerdo entre los tabasqueños por ser el que logró el despegue económico y la modernización de Villahermosa, misma que hoy demanda una exhaustiva cirugía urbana, desde varios sexenios olvidada. En un discurso humano, pero a la vez severo contra quienes han abusado de los tabasqueños, tuvo elogios para su esposa, señora Martha Lilia López, sus hijos y demás familia que representa lo más sensible de su existencia. Quienes lo hemos visto actuar, exponer sus puntos de vista, fue hasta este día que supimos de esa fase de hombre que tiene en alta estima la cercanía de sus seres más cercanos. En su largo ir y venir por las amplias calles de la política, entendemos porqué en las veredas de Tabasco se le recibió con amplias muestras de afecto porque siempre habló sin hipocresía, sin engaños, lejos de la palabra fraudulenta, esa que cuando cumple vuelve hostil a la gente sencilla cuando se le falla. Hay una esperanza que recorre las carreteras, calles vecinales y veredas de Tabasco y es Arturo Núñez. Por eso cuando pregunté a un matrimonio, de los muchos que llegaron a escucharlo que si qué sentía ver triunfante sus colores me respondió la señora: “Tardamos 18 años para ver triunfar a nuestro partido y qué bueno que fue un hombre honesto como él quien logró el cambio”. En los ojos de mucha gente brillaba una chispa de optimismo, de fe, como si el porvenir fuera una promesa amarrada que empieza a cumplirse, dio a entender la señora y se fueron felices, como novios recién comprometidos. Y yo pensé que la gente de buen corazón, si tiene fe en su gobernante, es seguro que nunca habrá quien se burle de ellos. Ya era tiempo que alguien se ocupara de los olvidados, de los que por un pelito no los arrastró la creciente. De los que llegan tarde a las oportunidades. De los que no lograron licenciarse.
¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más