Demanda AMLO a EU no intervenir
Ciudad de México, 10 abr 2017.- Todo mundo puede estar sobre el templete, pero sólo uno puede dar un discurso, prometer, reconfortar, guiar.
Y ese único es Andrés Manuel López Obrador. Porque aunque el templete parezca el Arca de Noé, el que viene entrando sobre la calle Ignacio Ramírez, al frente de unos mil militantes de Morena, que marchan con playeras y banderines guindas y batucada hacia la Plaza de la República, ya completamente llena, es López Obrador.
Avanza repartiendo saludos, abrazos, fotos. Y apenas atrás, recogiendo libros, tarjetas, mensajes, como una secretaria, guardándolos en una bolsa bajo el brazo, viene Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa.
López Obrador entra a empujones a la plaza bajo el Monumento a la Revolución. Camina por el pasillo central que dejó la valla y se tardan un cuarto de hora entre la gente que lo abraza, le dice que ahora sí, que en 2018 será la buena, que no nos vamos a dejar, que la corrupción de los priistas y la complicidad del PAN ha llegado al límite. Al final, el templete parece el Arca de Noé.
“La derecha, los conservadores, como es la mala costumbre, ya fueron a Estados Unidos”, señaló.
“Lo voy a decir porque es muy grave: la esposa de Calderón fue a hablar con (el senador republicano John) McCain a decirle que tenían que hacer algo los del Gobierno de Estados Unidos porque podía ganar la izquierda en México, y que eso debería de preocuparles, es decir, que debían de intervenir para impedir que ganáramos”.
López Obrador y su público. En la plaza está el movimiento Deportados Unidos en la Lucha. Los trabajadores de la Delegación Cuauhtémoc, los estudiantes del Poli, los sindicalizados de la UNAM, la Asociación de Sordos de Coyoacán, el Sindicato de Electricistas, el señor Juan Díaz, con su playera de los Pumas, que hoy se perdió el futbol.
Pero no hay más que lo que hay en los 70 metros cuadrados del templete. De Pablo Gómez, uno de los fundadores del PRD, a la diputada del Partido Verde Paola Félix. Del músico revolucionario fresa León Larregui a la conductora de televisión Lolita de la Vega. Del senador ex perredista Miguel Barbosa, con un letrero de Morena revoloteándole en el pecho, a la senadora petista Ana Gabriela Guevara.
Del ex panista y ex city mánager de Miguel Ángel Mancera, Fernando Aboites, al diputado federal del PRI, Alejandro Armenta, ex presidente de su partido en Puebla. Y hasta los que no estaban también fueron nombrados. Ifigenia Martínez y Mario Delgado, por ejemplo.
La presidenta del Consejo Nacional de Morena, Bertha Luján, los va nombrando para que pasen a firmar el Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México. Un nombre tan largo como la lista de los que van a pasar. “Que se vaya preparando “, dice. Pero no es un partido de futbol, es el equipo para rescatar al País.
López Obrador lo jala del brazo y lo lleva hacia adelante, presumiéndolo al mar de gente al ex secretario de Turismo Miguel Torruco, despedido por un telefonazo de Mancera al revelarse el apoyo a López Obrador.
La atención que le otorga a Torruco es mucho más que la que le da a Barbosa. El senador que se aferró cuanto pudo a la coordinación del PRD en el Senado antes de irse a Morena algo le dice a López Obrador, pero éste lleva la vista más lejos que si mirara las tempestuosas aguas del mar.
Los morenistas aplauden a Larregui, a Lolita de la Vega, a Elizabeth Aguilar, primera playmate del País, pero silban, les mientan la madre a ex perredistas, priistas y panistas. “¡Bravo, Morena es la bacinica del PRD!”, grita una mujer, en zona reservada para los asistentes de la tercera edad. La frivolidad de la farándula parece más perdonable que la militancia de los arrepentidos.
López Obrador saca su peine de la bolsa del pantalón. Se peina. Es el momento en el que el único va a hablar. Silencio total sobre las aguas del mar.
El acuerdo es sobre la unidad de gobernar con rectitud, desterrar la corrupción, abolir la impunidad y actuar con honestidad. Lo que no significa que cada uno se haya afiliado a Morena. Pero es una unidad que encabeza López Obrador.
Da la bienvenida a los que han arribada hasta aquí. Promete colaboración con la iniciativa privada. Refrenda su respeto al Ejército. Ofrece no subir los impuestos. Y para los que no están sobre el templete, insiste: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
López Obrador navega hacia 2018. Hay esperanza, hay fe entre el gentío, perdido entre las calles que rodean a la plaza. Por eso no se puede saber si es más gente que la que reunió un día antes el PRD.
“¡Muchos más, corregido y aumentado!”, dirá, cuando ya la plaza esté vacía, Yeidckol Polevnsky, secretaria nacional de Morena, sobre esta competencia de fuerzas con la mano izquierda.
Pero ahora el mitin acaba con todo mundo cantando el Himno Nacional, todos menos uno, ese uno es López Obrador.