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La Verdad del Sureste

Depresión, hipertensión, migrañas y colitis: afectaciones en familias de víctimas de feminicidio


Depresión, hipertensión, migrañas y colitis: afectaciones en familias de víctimas de feminicidio
Ciudad de México, Cimacnoticias, dic 11 de 2022.- Depresión, culpa, desesperanza y enfermedades como migrañas, hipertensión, colitis y afectaciones en la piel son solo algunos de los impactos emocionales y físicos que enfrentan las víctimas directas (sobrevivientes) e indirectas (familiares) después de un feminicidio o tentativa de feminicidio. A ellas, el Estado las ha abandonado e incluso la propia violencia institucional ha provocado que dichos padecimientos se agraven, señaló el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF).
En el informe Impactos del feminicidio en México y las respuestas del Estado, el OCNF recopiló información a través de entrevistas directas con el objetivo de conocer las diversas afectaciones que padecen las sobrevivientes y familias tras un hecho de violencia feminicida.
Vamos hablar de los impactos emocionales y físicos, además de las deficiencias institucionales en la atención a las víctimas y la revictimización que estas padecen por parte de todas las autoridades a lo largo de todo el proceso de búsqueda de justicia y reparación del daño. 

IMPACTOS
EMOCIONALES
El OCNF explica que, con base en los relatos de las familias y víctimas de tentativa, tras vivir un hecho violento se genera una situación traumática que produce afectaciones que se manifiestan a través de distintas emociones como tristeza, enojo, ira, y miedo; además de sentimientos como negación, soledad, depresión, odio, rencor, desesperanza y culpa
“Los impactos emocionales que sufren las y los integrantes del núcleo ante la pérdida sufrida no son lineales, enfrentan duelos complejos, con múltiples sentimientos que no necesariamente mejoran con el transcurso del tiempo. En el feminicidio, la tristeza es la principal emoción generada por la pérdida de una hija”.
Se hace especial énfasis en la culpa ya que, las normas patriarcales les han otorgado a las madres la obligación de cuidado y bienestar de los y las hijas. Por ello, tras un feminicidio una de las principales sensaciones es la culpa y es que algunas madres se responsabilizan así mismas por lo ocurrido, por no haber protegido a sus hijas, “por no haber estado más pendiente de sus relaciones personales, cuestionan incluso qué podrían haber hecho diferente para haber evitado la muerte de sus hijas”. 
“Porque cuando te pasa esto, lo primero que piensas, el primer sentimiento es la culpa, la culpa es lo que le puedo decir que aflora más, te culpas de ¿Por qué la dejaste sola? ¿Por qué no se quedó más tiempo? Quizás, hubiera preferido que se quedara aquí en la casa, no sé, eso es terrible, eso de sentir esa culpa, sobre todo yo, porque yo siempre traté de darle la confianza, la libertad de expandirse, de hacer lo que ella quería, y yo la empujaba, la animaba a: sí quieres, tú puedes, ¡hazlo!” 
Al hablar de tentativa de feminicidio, el Observatorio señala que las víctimas viven una doble afectación, ya que “hay impactos en su rol de mujer y en su rol madre”. Además, cuando el agresor es la pareja sentimental, las mujeres señalaron sentirse responsables de la violencia y, si son madres, la culpa se presenta cuando los hijos e hijas de las víctimas presencian el continuum de violencia feminicida.
“Veía la angustia de mis hijos y consideraba que era mi culpa porque no supe zafarme a tiempo, a pesar de que yo estaba separada, pero aun así seguíamos teniendo una relación, pues prácticamente como si nada más viviéramos separados porque él venía todo el tiempo”.
En el informe se pudo detectar que la depresión fue un hallazgo reiterativo en las entrevistas realizadas. Al ser considerada una enfermedad, se requiere un acompañamiento adecuado pues incluso puede poner en riesgo la vida. Las víctimas también señalaron ansiedad como otro padecimiento que está presente en sus vidas.
“Es terrible sufrir depresión, ansiedad, miedo, ganas de no vivir, ganas de no querer levantarse a pesar de estar conviviendo con mis hijos, con mi esposo, se pierde todo. La verdad, no tiene uno ánimos de nada, no sé, no he llegado a ser extremista al grado de decidir suicidarme, pero las ganas de ya no querer vivir es lo que deja como secuela todo eso, es muy terrible”.
En las entrevistas las sobrevivientes y familias refirieron sufrir alteraciones en el sueño como insomnio y pesadillas, entre otros síntomas: 
“Yo nunca había sentido ansiedad, esa fue como una difícil de identificar porque a mí me entraban unos periodos de querer correr o salir corriendo, tenía taquicardia y sentía mucha desesperación. Eso fue a partir de lo que me ocurrió, porque lo difícil era que yo tenía muchas pesadillas, siempre, antes de dormir, pues tardaba mucho. Me dormía entre dos o tres de la mañana y, aparte, dormía poco porque me despertaban estas pesadillas, que eran muy fuertes. Me provocan sudoración y desesperación”. 
Cabe destacar que se identificó una relación directa entre el estado emocional de las víctimas directas e indirectas y la impunidad. Incluso la revictimización por parte de las autoridades genera graves impactos emocionales. 
Y es que la falta de sensibilidad y preparación de las autoridades durante los procedimientos de búsqueda de justicia representa para las sobrevivientes y familias un camino de desgaste creciente.

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