La derecha más radical de EU se metió en las elecciones de Brasil
Brasil, 30 de octubre (Open Democracy).– El 2 de octubre, el Tribunal Superior Electoral de Brasil anunció que el líder izquierdista y expresidente Luiz Inácio Lula da Silva había ganado la primera ronda de las elecciones presidenciales del país, con seis millones de votos más que el actual Presidente derechista Jair Bolsonaro.
Al día siguiente, Steve Bannon, exestratega jefe de Donald Trump y amigo de la familia Bolsonaro, acudió a su podcast, Bannon’s War Room, para lanzar acusaciones de fraude electoral. A Bannon se sumaron Matthew Tyrmand, miembro de la junta directiva de Project Veritas – un desacreditado grupo estadounidense que utiliza cámaras ocultas para supuestamente “desenmascarar” a periodistas de izquierda – y Darren Beattie, un exredactor de discursos de Trump que fue despedido en 2018 después de que se descubriera que se había reunido con nacionalistas blancos dos años antes. (Beattie dijo a los medios estadounidenses que no había dicho “nada objetable” en esta reunión).
En el podcast, los tres expresaron sus dudas sobre la victoria de Lula. “Hubo fraude”, dijo Tyrmand, basándose en el hecho de que los primeros resultados mostraban una ventaja para Bolsonaro antes de que se contaran los votos del Nordeste, bastión de Lula.
Bannon se mostró, afirmando que una derrota de Bolsonaro era “matemáticamente imposible”, ya que su partido había ganado ocho escaños en las elecciones simultáneas al Senado, convirtiéndose en el bloque más grande. Había pruebas, sugirió Tyrmand, de fraude en la votación electrónica para favorecer a Lula.
Pero esto era mentira. El Departamento de Estado de EU considera que el sistema de voto electrónico de Brasil, que nunca ha registrado un solo caso de fraude desde su introducción en 1996, es “un modelo para los países del hemisferio (occidental) y del mundo”. Las misiones de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral y el Centro Carter de Estados Unidos señalaron que la votación fue democrática y se celebró de forma transparente y pacífica.
Sin embargo, las campañas de desinformación prendieron como reguero de pólvora en los grupos conservadores de WhatsApp y Telegram. Las noticias falsas de Brasil emigraron a Estados Unidos, donde fueron recogidas por medios de comunicación “alternativos” de la derecha, como el podcast de Bannon. Esto es cada vez más común: docenas de aliados de Trump han establecido relaciones con la familia Bolsonaro en los últimos cuatro años, y partidarios de ambos dirigentes emplean las mismas narrativas, tácticas y plataformas para denigrar la democracia.
Una investigación de cuatro meses realizada por Agencia Pública, un medio periodístico brasileño independiente, descubrió que estas alianzas se han construido sobre relatos conspirativos de extrema derecha, como la amenaza del comunismo y el “marxismo cultural”, que dan sustento a las reivindicaciones populistas de Trump y Bolsonaro.
No es de extrañar, por tanto, que Bolsonaro haya sido apodado “el Trump del trópico”. Ambos comparten posiciones de línea dura sobre la delincuencia, la inmigración y las leyes de control de armas, y ambos han lanzado ataques a los medios de comunicación y han lanzado acusaciones de que sus enemigos buscan derrocarlos, en contra de “la voluntad del pueblo”, mediante el fraude electoral.
Además, son amigos. Bolsonaro apoyó a Trump en sus denuncias de fraude electoral generalizado en 2020 y fue uno de los últimos jefes de Estado en reconocer la victoria presidencial de Joe Biden, seis semanas después de las elecciones. A cambio, Trump respaldó efusivamente la candidatura de Bolsonaro a la reelección. “¡¡¡Es un hombre maravilloso y tiene mi completo y total respaldo!!!”, publicó a principios de septiembre en Truth Social, la plataforma de redes sociales que fundó.
Eduardo Bolsonaro, tercer hijo del Presidente y miembro de la Cámara de Diputados de Brasil, también ha estrechado lazos con los conservadores estadounidenses. En agosto de 2018, unos meses antes de que su padre ganara la Presidencia, Eduardo se reunió con Bannon en Nueva York, en las oficinas de Breitbart News, el sitio web de propaganda de la extrema derecha del que Bannon fue Presidente Ejecutivo. “Compartimos la misma visión del mundo”, tuiteó Eduardo tras el encuentro. “Claro que estamos en contacto para unir fuerzas, especialmente contra el marxismo cultural”.
Al año siguiente, Bannon nombró a Eduardo representante sudamericano de The Movement, una plataforma de partidos políticos de derecha hasta entonces enteramente europea, que Bannon armó para “apoyar el nacionalismo populista y rechazar la influencia del globalismo”. Aunque El Movimiento nunca llegó a despegar, fortaleció el estatus de Eduardo en círculos derechistas – Agencia Pública contabilizó 77 visitas y reuniones entre él y seguidores clave de Trump en los últimos cinco años.
Uno de esos partidarios, Mark Ivanyo, director ejecutivo del laboratorio de ideas Republicans for National Renewal, cuyo objetivo principal es tender puentes entre derechistas estadounidenses y del resto del mundo, considera a Eduardo una figura clave. En declaraciones a la Agência Pública, Ivanyo lo describió como “nuestro principal socio” en Brasil y dijo que fue el orador principal en el acto inaugural de su grupo en 2020.
CONEXIÓN BRASILEÑA CON DISTURBIOS DEL 6 DE ENERO
Ya que ni Lula ni Bolsonaro consiguieron más del 50 por ciento de los votos en la primera vuelta, Brasil irá a las urnas en una segunda vuelta el 30 de octubre. Sea cual sea el resultado, “Bolsonaro no tiene intención de perder las elecciones”, dijo a la Agência Pública Thomas Shannon, embajador de Estados Unidos en Brasil bajo el mandato de Barack Obama. Shannon cree que seguirá los pasos de Trump y “tratará de encontrar una manera de mantenerse en el cargo”.
El diplomático se refiere en parte a los acontecimientos del 6 de enero de 2021, cuando, tras negarse a aceptar la derrota electoral, Trump animó a sus seguidores a “luchar como un demonio”. Horas más tarde, una turba asaltó el edificio del Capitolio en Washington en un intento de frustrar la certificación del triunfo de Biden. Eduardo Bolsonaro estaba en Washington en ese momento, y el misterio aún rodea su “visita sorpresa”, como la describió el diario brasileño O Globo, y de la que el Ministerio de Relaciones Exteriores no estaba al tanto, según dijo la propia embajada brasileña en Estados Unidos.
Aunque los movimientos de Eduardo el 6 de enero no han sido revelados, durante el resto de su viaje – que parece haberse extendido del 4 al 11 de enero – publicó selfies con la hija de Trump, Ivanka, y su marido Jared Kushner; Matt Schlapp, el presidente del Comité de Acción Política Conservadora (CPAC); y Daniel Schneider, el entonces líder de la Unión Conservadora Americana, que organiza las conferencias del CPAC.
En vísperas del intento de insurrección, Eduardo se reunió con el director ejecutivo de MyPillow, Mike Lindell, un fanático seguidor de Trump al que el Washington Post fotografió más tarde entrando en la Casa Blanca con notas que parecían sugerir que Trump debía declarar la ley marcial para mantenerse en el poder. En una transmisión en vivo el 6 de enero, Lindell explicó un plan para crear un comité que analizara las pruebas del fraude electoral. Y añadió: “El mundo entero está mirando. Anoche me reuní con Brasil, con el hijo del Presidente de Brasil…”
En ese momento, el Presidente Bolsonaro se negó a condenar el intento de insurrección. “Ustedes saben que estoy conectado con Trump, así que conocen mi respuesta aquí”, dijo a periodistas. “Hubo gente que votó tres, cuatro veces, gente muerta que votó”, afirmó falsamente.
En Brasil, una campaña orquestada se dedicó a difundir la narrativa de Trump sobre la “Gran Mentira” (la terminología que Trump y sus partidarios utilizan para hacer afirmaciones de fraude electoral), según un análisis de Agencia Pública y el profesor de la Universidad de Virginia, David Nemer. Entre octubre de 2020 y febrero de 2021 se publicaron casi 24 mil tuits con el hashtag “#GoTrumpReeleito”, elaborado específicamente para el público brasileño. Al menos seis legisladores brasileños, aliados de Eduardo Bolsonaro, también difundieron afirmaciones sobre la “Gran Mentira” y elogiaron en redes sociales la revuelta del 6 de enero.
Al día siguiente, Steve Bannon, exestratega jefe de Donald Trump y amigo de la familia Bolsonaro, acudió a su podcast, Bannon’s War Room, para lanzar acusaciones de fraude electoral. A Bannon se sumaron Matthew Tyrmand, miembro de la junta directiva de Project Veritas – un desacreditado grupo estadounidense que utiliza cámaras ocultas para supuestamente “desenmascarar” a periodistas de izquierda – y Darren Beattie, un exredactor de discursos de Trump que fue despedido en 2018 después de que se descubriera que se había reunido con nacionalistas blancos dos años antes. (Beattie dijo a los medios estadounidenses que no había dicho “nada objetable” en esta reunión).
En el podcast, los tres expresaron sus dudas sobre la victoria de Lula. “Hubo fraude”, dijo Tyrmand, basándose en el hecho de que los primeros resultados mostraban una ventaja para Bolsonaro antes de que se contaran los votos del Nordeste, bastión de Lula.
Bannon se mostró, afirmando que una derrota de Bolsonaro era “matemáticamente imposible”, ya que su partido había ganado ocho escaños en las elecciones simultáneas al Senado, convirtiéndose en el bloque más grande. Había pruebas, sugirió Tyrmand, de fraude en la votación electrónica para favorecer a Lula.
Pero esto era mentira. El Departamento de Estado de EU considera que el sistema de voto electrónico de Brasil, que nunca ha registrado un solo caso de fraude desde su introducción en 1996, es “un modelo para los países del hemisferio (occidental) y del mundo”. Las misiones de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral y el Centro Carter de Estados Unidos señalaron que la votación fue democrática y se celebró de forma transparente y pacífica.
Sin embargo, las campañas de desinformación prendieron como reguero de pólvora en los grupos conservadores de WhatsApp y Telegram. Las noticias falsas de Brasil emigraron a Estados Unidos, donde fueron recogidas por medios de comunicación “alternativos” de la derecha, como el podcast de Bannon. Esto es cada vez más común: docenas de aliados de Trump han establecido relaciones con la familia Bolsonaro en los últimos cuatro años, y partidarios de ambos dirigentes emplean las mismas narrativas, tácticas y plataformas para denigrar la democracia.
Una investigación de cuatro meses realizada por Agencia Pública, un medio periodístico brasileño independiente, descubrió que estas alianzas se han construido sobre relatos conspirativos de extrema derecha, como la amenaza del comunismo y el “marxismo cultural”, que dan sustento a las reivindicaciones populistas de Trump y Bolsonaro.
No es de extrañar, por tanto, que Bolsonaro haya sido apodado “el Trump del trópico”. Ambos comparten posiciones de línea dura sobre la delincuencia, la inmigración y las leyes de control de armas, y ambos han lanzado ataques a los medios de comunicación y han lanzado acusaciones de que sus enemigos buscan derrocarlos, en contra de “la voluntad del pueblo”, mediante el fraude electoral.
Además, son amigos. Bolsonaro apoyó a Trump en sus denuncias de fraude electoral generalizado en 2020 y fue uno de los últimos jefes de Estado en reconocer la victoria presidencial de Joe Biden, seis semanas después de las elecciones. A cambio, Trump respaldó efusivamente la candidatura de Bolsonaro a la reelección. “¡¡¡Es un hombre maravilloso y tiene mi completo y total respaldo!!!”, publicó a principios de septiembre en Truth Social, la plataforma de redes sociales que fundó.
Eduardo Bolsonaro, tercer hijo del Presidente y miembro de la Cámara de Diputados de Brasil, también ha estrechado lazos con los conservadores estadounidenses. En agosto de 2018, unos meses antes de que su padre ganara la Presidencia, Eduardo se reunió con Bannon en Nueva York, en las oficinas de Breitbart News, el sitio web de propaganda de la extrema derecha del que Bannon fue Presidente Ejecutivo. “Compartimos la misma visión del mundo”, tuiteó Eduardo tras el encuentro. “Claro que estamos en contacto para unir fuerzas, especialmente contra el marxismo cultural”.
Al año siguiente, Bannon nombró a Eduardo representante sudamericano de The Movement, una plataforma de partidos políticos de derecha hasta entonces enteramente europea, que Bannon armó para “apoyar el nacionalismo populista y rechazar la influencia del globalismo”. Aunque El Movimiento nunca llegó a despegar, fortaleció el estatus de Eduardo en círculos derechistas – Agencia Pública contabilizó 77 visitas y reuniones entre él y seguidores clave de Trump en los últimos cinco años.
Uno de esos partidarios, Mark Ivanyo, director ejecutivo del laboratorio de ideas Republicans for National Renewal, cuyo objetivo principal es tender puentes entre derechistas estadounidenses y del resto del mundo, considera a Eduardo una figura clave. En declaraciones a la Agência Pública, Ivanyo lo describió como “nuestro principal socio” en Brasil y dijo que fue el orador principal en el acto inaugural de su grupo en 2020.
CONEXIÓN BRASILEÑA CON DISTURBIOS DEL 6 DE ENERO
Ya que ni Lula ni Bolsonaro consiguieron más del 50 por ciento de los votos en la primera vuelta, Brasil irá a las urnas en una segunda vuelta el 30 de octubre. Sea cual sea el resultado, “Bolsonaro no tiene intención de perder las elecciones”, dijo a la Agência Pública Thomas Shannon, embajador de Estados Unidos en Brasil bajo el mandato de Barack Obama. Shannon cree que seguirá los pasos de Trump y “tratará de encontrar una manera de mantenerse en el cargo”.
El diplomático se refiere en parte a los acontecimientos del 6 de enero de 2021, cuando, tras negarse a aceptar la derrota electoral, Trump animó a sus seguidores a “luchar como un demonio”. Horas más tarde, una turba asaltó el edificio del Capitolio en Washington en un intento de frustrar la certificación del triunfo de Biden. Eduardo Bolsonaro estaba en Washington en ese momento, y el misterio aún rodea su “visita sorpresa”, como la describió el diario brasileño O Globo, y de la que el Ministerio de Relaciones Exteriores no estaba al tanto, según dijo la propia embajada brasileña en Estados Unidos.
Aunque los movimientos de Eduardo el 6 de enero no han sido revelados, durante el resto de su viaje – que parece haberse extendido del 4 al 11 de enero – publicó selfies con la hija de Trump, Ivanka, y su marido Jared Kushner; Matt Schlapp, el presidente del Comité de Acción Política Conservadora (CPAC); y Daniel Schneider, el entonces líder de la Unión Conservadora Americana, que organiza las conferencias del CPAC.
En vísperas del intento de insurrección, Eduardo se reunió con el director ejecutivo de MyPillow, Mike Lindell, un fanático seguidor de Trump al que el Washington Post fotografió más tarde entrando en la Casa Blanca con notas que parecían sugerir que Trump debía declarar la ley marcial para mantenerse en el poder. En una transmisión en vivo el 6 de enero, Lindell explicó un plan para crear un comité que analizara las pruebas del fraude electoral. Y añadió: “El mundo entero está mirando. Anoche me reuní con Brasil, con el hijo del Presidente de Brasil…”
En ese momento, el Presidente Bolsonaro se negó a condenar el intento de insurrección. “Ustedes saben que estoy conectado con Trump, así que conocen mi respuesta aquí”, dijo a periodistas. “Hubo gente que votó tres, cuatro veces, gente muerta que votó”, afirmó falsamente.
En Brasil, una campaña orquestada se dedicó a difundir la narrativa de Trump sobre la “Gran Mentira” (la terminología que Trump y sus partidarios utilizan para hacer afirmaciones de fraude electoral), según un análisis de Agencia Pública y el profesor de la Universidad de Virginia, David Nemer. Entre octubre de 2020 y febrero de 2021 se publicaron casi 24 mil tuits con el hashtag “#GoTrumpReeleito”, elaborado específicamente para el público brasileño. Al menos seis legisladores brasileños, aliados de Eduardo Bolsonaro, también difundieron afirmaciones sobre la “Gran Mentira” y elogiaron en redes sociales la revuelta del 6 de enero.