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La Verdad del Sureste

Descubrirme como escritor, la experiencia más valiosa de mi vida profesional: Lara Lagunas


El escritor de cuentos y testimonios, contenidos en varios libros, el último lleva el nombre de “El Marchista”.
El escritor de cuentos y testimonios, contenidos en varios libros, el último lleva el nombre de “El Marchista”.
Su interés por fomentar la lectura entre alumnos de secundaria de Tabasco a lo largo de quince años, convirtió al profesor Rodolfo Lara Lagunas, en escritor de cuentos y testimonios, contenidos en varios libros, el último lleva el nombre de “El Marchista”.
    “Descubrirme como escritor -aunque sea de mala muerte- es la experiencia más valiosa de mi vida profesional como maestro, incluso mejor que la de diputado”.
    Antes de esa experiencia, el profesor Lara Lagunas había escrito dos libros biográficos: uno sobre Benito Juárez “De la Choza al Palacio Nacional”, otro sobre Emiliano Zapata.
    En este año también hizo la presentación de su obra: “Al rescate de la escuela pública”, un análisis de la situación de la educación pública nacional con propuestas para sostenerla y mejorarla.
    Pero con el propósito de fomentar la lectura entre alumnos de secundaria ha producido: “No hay que Rajarse”, “Que siga el Baile”, la antología de cinco volúmenes “Lecturas Escogidas por los Estudiantes” y el más reciente “El Marchista”.
    En este último reuní los trabajos contenidos en No hay que Rajarse y Que siga el Baile y agregué otros que no estaban ahí y que se llama La Sagrada Familia.
    -¿Cómo nació su interés por convertirse en escritor?
    RLL- Fíjate como salen las cosas, empiezo trabajando en el fomento a la lectura en 1985, en ese tiempo todavía no tenía claro en cuanto a la importancia de la lectura.
    Resulta que, siendo jefe de zona de la Secretaria de Educación, en cada reunión que tenía con directores, estos se quejaban de que, en cada hora de clases de las escuelas secundarias, había dos, tres y hasta cinco grupos que no tenían clases por faltas de los maestros y que para controlarlos no había suficientes prefectos.
    Me puse a pensar qué hacer y me acordé de una experiencia que había tenido en Querétaro como director y que consistió en escoger lecturas breves de tres o cuatro cuartillas, a las cuales les sacaba cincuenta copias y las enviaba a las escuelas para que las distribuyera, en calidad de préstamo, a los alumnos cuando no tuvieran clases.
    Estaba seguro que mientras leían los muchachos estarían en silencio y tranquilos y ya cuando terminaran de leer, entonces los prefectos solicitaría  un comentario y ocuparían por lo menos cincuenta minutos de la hora de clase y sin problemas de disciplina.
    Repito, yo no tenía idea del valor de la lectura, porque soy profesor de civismo, no de literatura.
    Así empezamos, y ya al paso de los días, hablé con los directores y los prefectos y me dijeron que si estaba dando resultado.
    Ya transcurridos algunos meses, los prefectos pedían otras lecturas porque  las primeras ya habían pasado por todos los grupos de primero, segundo y tercero.
    Y ahí me tienes leyendo más libros de cuentos para escoger otros breves, y que a mi juicio no aburrieran a los jóvenes.
    Un día fui a una escuela de Comalcalco y cuando pregunté al prefecto, de cómo habían recibido los alumnos una lectura, me dijo que no les había gustado, y la misma pregunta hice en Cárdenas, y el prefecto me respondió lo contrario.   
    Entonces me entró la duda, en el sentido de que no sabía si uno y otro me estaba diciendo la verdad, y es en ese momento en que se me ocurre levantar una encuesta entre los alumnos cuando terminaran de leer un texto, con cinco opciones de respuesta en relación a la aceptación o rechazo.
    A lo largo de ocho años aplicamos las encuestas en relación a 200 lecturas breves de escritores nacionales y extranjeros, la más amplia de seis hojas que se leen, más o menos en 40 minutos.
    Cada mes revisaba los resultados, para que no se me acumularan y entonces “se me prendió el foquito” de si yo no podría escribir un relato, un cuento o algo por el estilo.
    Primero hice un relato de la vida real, de mi infancia, lo escribí de manera anónima para que los que me querían no influyeran y mis enemigos, no manipularan la información, al mes de haberlo distribuido, me llevé la grata sorpresa de estaba en los calificados como excelente.
    Eso me dio ánimo de seguir escribiendo y entonces reuní los primeros 18 relatos, cuentos y testimonios de No hay que Rajarse.
    Cuando terminan los ocho años hago el proceso del cierre y clasifiqué todos los textos del uno al doscientos y la satisfacción que me quedó es que mis textos se encontraban entre los primeros cuarenta de la preferencia de los alumnos.
    Eso me ha dado una gran satisfacción, reitera el profesor y actual diputado federal, Rodolfo Lara Lagunas, porque nunca estudie literatura, ni estuve en taller literario alguno e ignoro las técnicas de la narrativa, sino que he escrito de manera empírica.
    Es una gran satisfacción saber que mis textos fueron leídos por entre 8 y 12 mil estudiantes de secundaria durante ocho años, y que la mayoría de ellos estaba en los cuarenta lugares de preferencia.
Dos de ellos: “Sí hubiera estudiado” y otro “Férrea Voluntad”, estaban en los primeros diez lugares.
    Este último libro, El Marchista es producto de esas encuestas aplicadas durante ocho años, entre alumnos de primer, segundo y tercer grado de secundaria de los municipios de Paraíso, Comalcalco, Cárdenas, Huimanguillo y Centro, por eso lo llamo “el libro democrático”, dijo.
    Esa es la experiencia más valiosa de mi vida profesional, incluso que la de diputado federal.
    El profesor Lara menciona con orgullo que, la experiencia suya en el fomento a la lectura la presentó en el 2000, en el concurso nacional de Fomento a la Lectura que cada año realiza la Secretaria de Educación Pública en donde el jurado, por unanimidad le asignó el primer lugar.
    Y es que con esta experiencia, inventé un método para saber qué lecturas les gustan a los alumnos de secundaria, explica.
    Los resultados de las encuestas fueron sorprendentes, entre otras cosas porque hay autores de gran fama en la ciudad de México,  que están en los lugares cuarenta y cincuenta, y que autores desconocidos ocupen los primeros lugares en el gusto de los estudiantes de secundaria.
    Es decir, esa experiencia me dio la oportunidad de: crear un método para fomentar la lectura, me proporcionó un premio nacional y me hizo escritor “aunque sea de mala muerte”, expresa modesto.
    En relación a la difusión de su obra, el doctor en pedagogía Lara Lagunas, afirma que de la antología la Secretaria de Educación del estado imprimió 3 mil ejemplares, y que la edición de sus libros de cuentos, testimonios y relatos ha sido limitada, al igual que sus obras históricas.
    Junto con El Marchista, el profesor Rodolfo Lara también nos obsequia un disco compacto, con el que revela otra de sus facetas, el de autor de las letras de más de diez canciones del disco musicalizado e interpretado por el arreglista, integrante del grupo Pachamama, Fernando Sobrino.
    El título: “Razón y Pasión en Agua de Tabasco”, en el que solo dos de las letras de las canciones no son de su autoría, sino poemas de Carlos Pellicer y del escritor catalán Salvador Spríu.
    Son canciones que compuse entre los 19 y 23 años, en la etapa en que todos los jóvenes nos encontramos en la fase de bohemios, de andar en bares, bailes y desvelados.
    Un profesor rural me “medio enseñó” a tocar la guitarra, pero nunca aprendí a afinarla porque carezco de oído musical, aunque me encanta la música, ojalá guste, por lo menos mis amigos dicten que está bonito, agregó.
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