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La Verdad del Sureste

El Despertar Z-40: ¿Qué esperar?


 

 

L a captura de uno de los presuntos líderes de los Zetas, or ga nización cri- minal de las mejor armadas, entrenadas e in formadas que operan en nuestro atribulado país, fue publicitada intensa y brevemente a través de la bien coordinada y lubricada red que utiliza el go bierno para proyectar su imagen dentro y fuera. Se desatacó también la intervención de las agencias estadunidenses para facilitar una captura impecable: sin violencia ni sangre. Algo que parece producto de un “acuer- do de caballeros” más que de un asalto militar. El gobierno pretende presentarla como signo de re- cuperación del Estado frente a la delincuencia organizada. Esto le viene de perlas cuando el bajo desempeño de la eco- nomía y el desprestigio de su pacto político están disolvien- do la “burbuja del momento mexicano” inventada por sus publicistas. Quizás el inciden- te se diluya entre el diluvio de malas noticias hasta conver- tirse en una de tantas captu- ras espectaculares al estilo de Calderón.

 

 Los expertos reco- nocen que el golpe es muy importante. Quizás el señor Treviño, Z-40, tuviera infor- mación sufi ciente y estuviera dispuesto a negociarla con el gobierno para que éste pue- da conocer con precisión las redes político-empresariales que le han dado a los Zetas y a otros grupos un poder que ya se expande a 29 países. Más probable parece- ría que Peña pudiera utilizar la información revelada para “administrar la corrupción”, es decir, para golpear a algu- nos de los cárteles y proteger a otros, y convertirse en árbi- tro en la lucha por el poder de los grupos criminales, lo que le permitiría, de paso, disci- plinar a sus adversarios polí- ticos dentro del sistema. Sería difícil hacer un pronóstico optimista.

 

Peña no está en condiciones de golpear en el corazón a este aparato construido durante décadas y al que se han vin- culado ya los mayores grupos de interés. El doctor Edgardo Buscaglia, máxima autoridad en el tema, señala cuatro me- didas operativas, sustenta- das en las convenciones in- ternacionales: uno, coordina- ción interinstitucional para desmantelar la base patrimo- nial a las empresas ligadas a las organizaciones delictivas. Dos, combatir y prevenir la corrupción política. Tres, una coordinación internacional a fondo. Cuatro, la prevención social del delito. Hasta hoy, con excepción de una inicia- tiva incipiente en esta última área, no existen signos de progreso en ninguna de las demás.

 

 Para poner en prác- tica un programa tan ambi- cioso como el que propone Buscaglia se requeriría una visión, recursos y aliados que están fuera del alcance de Peña y de su equipo. Ellos no pueden desafi ar a la oligar- quía que los encumbró y que es el principal benefi ciario de su proyecto. No podemos ser ingenuos: buena parte de la oligarquía ha encontrado una fuente de recursos fi nancie- ros y políticos en sus buenas relaciones con las estructu- ras criminales. joseaorpin@hotmail. com  

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