Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Despistados



@UTufigno


La escena casi me conmueve hasta las lágrimas: en su segundo informe no oficial, Enrique Peña estuvo flanqueado por los perredistas Silvano Aureoles y Miguel Barbosa, quienes presiden –respectivamente- la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. El gesto, que en otro contexto algún despistado podría ver como un signo de madurez política, no fue sino la representación iconográfica de la sumisión del poder legislativo y de lo que alguna vez fue un partido de izquierda, al poder ejecutivo. El presidencialismo ha vuelto por todas las canicas.
    Pero si la anterior imagen no fuera suficiente, lo que se vio ese mismo día en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México confirmó la peor de las sospechas: Peña tiene a su disposición la Capital del país y puede hacer en ella lo que le venga en gana, incluso usar al gobierno capitalino como servicio de “valet parking” para que los potentados y alta burocracia estacionaran sus ostentosos vehículos debajo de la bandera nacional en pleno mes de la patria. La orgullosa águila que posa al centro del lábaro seguramente recordó el momento en el que las tropas de Hernán Cortés se apropiaron de Tenochtitlan. Y debió llorar igual.
    Luego vino el arranque formal de campaña de Peña -que algunos confundieron con un “mensaje” a la nación-, y las múltiples interrupciones a su largo discurso como una forma de rendirle tributo a los viejos próceres del partido tricolor. Alrededor de 90 minutos fueron suficientes para revivir a Echeverría y a López Portillo, quienes en esta ocasión -encarnados en Enrique Peña- mencionaron 46 veces la palabra “reforma”, 13 veces “seguridad”, 4 veces “empleo” y solamente una vez la palabra “corrupción”. Ahí están sus prioridades o, dicho de otra forma, el uso de tales vocablos muestra claramente lo que no le importa a Peña.
    Posteriormente, la luz del sol se opacó ante la grandeza del hijo pródigo de Atlacomulco que vino a dar la buena nueva a los habitantes de la zona metropolitana de la Ciudad de México: -dejad de sufrir, porque en este histórico Valle construiremos un nuevo aeropuerto para beneplácito de los dioses del neoliberalismo y de la comunidad intergaláctica pues el aeródromo será tan moderno que hasta podrán aterrizar naves espaciales. Aplausos de pie por favor.
    Tanta magnanimidad merece que el simple anuncio quede plasmado en letras de oro en el edificio de gobierno del Distrito Federal. Por cierto, Peña fue tan espléndido con los habitantes de la Ciudad de México, que también anunció la ampliación de cuatro de las líneas del Metro. ¿Para qué esperar a que el Jefe de Gobierno haga suya la obra si el hombre del copete puede anticipar la determinación que ha tomado? Seguro de sí mismo, Peña adelantó que una de las Líneas beneficiadas con las obras será la Línea 12 del Metro, porque su falla indescifrable no es un obstáculo para que se puedan cumplir sus deseos.
    Los panistas, por supuesto, inmediatamente salieron a reclamar la paternidad de las propuestas futuristas de Peña Nieto pues dicen, como lo han dicho desde la época de Salinas, que los gobiernos tricolores son los que mejor han concretado sus reformas; es el PRI-gobierno el que mejor ha hecho lo que ellos no pudieron hacer ni siquiera cuando Fox y Calderón se convirtieron en residentes de Los Pinos. A Fox se le entripó el asunto del aeropuerto en Texcoco porque se olvidó de un pequeño detalle: las tierras tenían dueño. Y dicho problema rebotó en el entonces gobernador del estado de México, Enrique Peña, quien recurrió a la represión para contener las protestas.  
    Tal vez el proyecto del nuevo aeropuerto no enfrente la misma oposición de los pobladores de la región pues ahora no ocupará tierras ejidales, sino una zona de lagunas de regulación que sólo tiene la finalidad de recibir el exceso de agua que podría inundar al Valle de México. Pero eso no es importante, pues lo significativo de este proyecto consiste en urbanizar la despoblada Ciudad de México y la zona oriente del estado de México pues sólo cuentan con apenas unos quince millones de habitantes. Y la falta de agua tampoco es problema, pues Tláloc provee la necesaria, incluso para inundarla.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más