El papamóvil corría sin prisa por la carretera Aeropuerto-Villahermosa, en dirección a la ciudad. El recorrido de 12 kilómetros, significó la contemplación en un ambiente fresco, del atardecer tropical con cielo despejado y sol al declinar dibujando rayos anaranjados con increíble nitidez.
El vehículo cruzó el puente Grijalva I en necesaria admiración del río reptando con suavidad y mesura, como si se tratara de un animal inofensivo. Por fin el contingente alcanzó el cruce de la avenida Ruiz Cortines con el Paseo Tabasco, habiendo sido el Sumo Pontífice, aclamado por una multitud agolpada en las márgenes del trayecto previo, entusiasta y agradecida de la insólita visita a Tabasco del célebre personaje. El Papa movía con frecuencia su mano derecha en señal de bendición y como respuesta conveniente a la algarabía de los tabasqueños, acompañada de una disimulada sonrisa de satisfacción casi permanente. Al llegar al cruce mencionado y dar vuelta a la izquierda para dirigirse a la catedral de la ciudad, el ilustre visitante se topó a su lado también izquierdo, con otro personaje, éste local, histórico y celebrado, el Lic. Tomás Garrido Caníbal, ex-gobernador del Estado.
Sus miradas se cruzaron al instante y fue don Tomás quien inició el diálogo.
-Señor pontífice, de manera personal le digo, aunque no sea usted bienvenido a esta tierra, le deseo una feliz estancia en ella. Digo lo anterior porque acepto que los tiempos han cambiado y los actuales son muy diferentes a los de antes. Sin embargo lo dicho es cortesía; no halago y menos veneración, pues mis ideas acerca de la religión no han cambiado ni un ápice. Siguen siendo las mismas.
El Papa sorprendido, dio las gracias en silencio con una breve inclinación de cabeza. Don Tomás continuó:
-A propósito de mis tiempos, debo decirle ahora con autentico orgullo, que si en el resto de la República la crisis económica hacía estragos en la mayoría de la población, aquí en Tabasco se vivían momentos de franca prosperidad en un ambiente de paz y de trabajo. En mi mandato quien no comía es porque no quería, pues todo el mundo conseguía trabajo y sustento.
-La persecución religiosa que usted organizó –replicó el Papa-, conculcaba la libertad de los ciudadanos, sus gobernados.
-En esos días resultó una disposición necesaria y hasta indispensable, porque el pueblo no podía darse el lujo de perder su tiempo en actividades improductivas y por ende, inútiles.
-Señor licenciado Garrido, debo recordarle que no solamente de pan vive el hombre…
-¡Claro que sí! Y no se justifica que con la prédica manipuladora y enajenante, vivales y comerciantes religiosos quieran apropiarse del producto del trabajo de muchos en beneficio de unos cuantos, y menos como suele hacerse, evangelizar para fanatizar al pueblo. Por eso mismo en nuestra tierra, el fanatismo se combatió con pasión para no permitir el paso a los excesos religiosos como desafortunadamente aconteció en otras regiones de la Patria.
-Discúlpeme que lo contradiga señor Garrido, pero lo que yo veo es que lo combatido con pasión y radicalismo fue el derecho a la libertad del ser humano, limitando su deseo y la capacidad de expresión de su fe.
-No intente confundir los asuntos señor Woltija. En Tabasco fuimos bien claros en nuestro actuar: no estuvimos esperanzados en la dádiva celestial, nosotros fuimos más allá de la utopía religios, nos esforzamos en fomentar el trabajo aunado al engrandecimiento cultural y social del pueblo, con el fin de lograr el bienestar a que todo ser humano tiene derecho, pero no en el más allá, sino en una cercanía real y tangible. Todo ello producto del esfuerzo individual y colectivo. No está por demás recordarle que el trabajo ennoblece al hombre y crea la riqueza necesaria para el bien de todos.
-En eso estoy de acuerdo con usted. El trabajo es necesario para la producción de satisfactores materiales del hombre, pero no es todo en la vida. Los hijos de Dios…
-¡Dios también es una utopía señor Woltija! La idea de Dios solo existe en la mente humana. Es una creación humana como tantas otras.
-No pienso de igual manera. Le repito señor Garrido, los hijos de Dios…
El licenciado, esta vez, tolera en silencio y no replica. Actitud no frecuente en él.
-…además de necesidades materiales, tienen necesidades espirituales por satisfacer y dentro de los Derechos Humanos, dicha necesidad es insoslayable e inalienable.
-Durante mi gobierno, la educación y la cultura fueron ampliamente apoyadas mediante disposiciones que las hicieron lo que realmente deben ser: un patrimonio popular. Por tanto y desde mi opinión, las necesidades espirituales que tanto le preocupan, fueron ampliamente satisfechas.
-La libertad restringida y condicionada, no es plena libertad…
-La libertad desde la conveniencia social exige reglamentación y las reglas democráticamente aceptadas deben acatarse y cumplirse, para que la convivencia pacífica no devenga en confusión o libertinaje que lleve al caos o a la parálisis de la sociedad.
-Usted en su mandato limitó severamente la libertad de expresión de los ciudadanos al no permitir el ejercicio de la fe religiosa, una de sus necesidades más apremiantes y la de mayor satisfacción y consuelo espiritual.
-La libertad de expresión fue respetada estrictamente. Fuimos fieles practicantes de lo establecido como mandato por nuestra Constitución Política, máxima ley de los Estado Unidos Mexicanos, que usted señor pontífice, quizás desconozca. Por tal motivo le señalo que en los Artículos 3º, 27º y 123º, se consagran el derecho a la educación pública, gratuita y laica, a la propiedad y al trabajo. A ella nos apegamos en mi gobierno. Acatamos y cumplimos con firmeza y sensibilidad la Ley y debido a ello fue el éxito de mi mandato gubernamental, y no dicho por mí, sino por todo el pueblo, que me recuerda con cariño y nostalgia ante tanta mediocridad y corrupción gubernamental de hoy. Lo dije siempre: un pueblo educado y culturizado siempre tendrá mejores oportunidades de progreso. De esta verdad, existen muchísimos ejemplos y usted los conoce muy bien pues procede del llamado “Primer mundo”.
El Papa guardó silencio. Don Tomás continuó: -Estuvimos desde luego, en contra del fanatismo religioso, que de los fanatismos es el más radical y peligroso, pues castra e inmoviliza al hombre…
Continuará.
El vehículo cruzó el puente Grijalva I en necesaria admiración del río reptando con suavidad y mesura, como si se tratara de un animal inofensivo. Por fin el contingente alcanzó el cruce de la avenida Ruiz Cortines con el Paseo Tabasco, habiendo sido el Sumo Pontífice, aclamado por una multitud agolpada en las márgenes del trayecto previo, entusiasta y agradecida de la insólita visita a Tabasco del célebre personaje. El Papa movía con frecuencia su mano derecha en señal de bendición y como respuesta conveniente a la algarabía de los tabasqueños, acompañada de una disimulada sonrisa de satisfacción casi permanente. Al llegar al cruce mencionado y dar vuelta a la izquierda para dirigirse a la catedral de la ciudad, el ilustre visitante se topó a su lado también izquierdo, con otro personaje, éste local, histórico y celebrado, el Lic. Tomás Garrido Caníbal, ex-gobernador del Estado.
Sus miradas se cruzaron al instante y fue don Tomás quien inició el diálogo.
-Señor pontífice, de manera personal le digo, aunque no sea usted bienvenido a esta tierra, le deseo una feliz estancia en ella. Digo lo anterior porque acepto que los tiempos han cambiado y los actuales son muy diferentes a los de antes. Sin embargo lo dicho es cortesía; no halago y menos veneración, pues mis ideas acerca de la religión no han cambiado ni un ápice. Siguen siendo las mismas.
El Papa sorprendido, dio las gracias en silencio con una breve inclinación de cabeza. Don Tomás continuó:
-A propósito de mis tiempos, debo decirle ahora con autentico orgullo, que si en el resto de la República la crisis económica hacía estragos en la mayoría de la población, aquí en Tabasco se vivían momentos de franca prosperidad en un ambiente de paz y de trabajo. En mi mandato quien no comía es porque no quería, pues todo el mundo conseguía trabajo y sustento.
-La persecución religiosa que usted organizó –replicó el Papa-, conculcaba la libertad de los ciudadanos, sus gobernados.
-En esos días resultó una disposición necesaria y hasta indispensable, porque el pueblo no podía darse el lujo de perder su tiempo en actividades improductivas y por ende, inútiles.
-Señor licenciado Garrido, debo recordarle que no solamente de pan vive el hombre…
-¡Claro que sí! Y no se justifica que con la prédica manipuladora y enajenante, vivales y comerciantes religiosos quieran apropiarse del producto del trabajo de muchos en beneficio de unos cuantos, y menos como suele hacerse, evangelizar para fanatizar al pueblo. Por eso mismo en nuestra tierra, el fanatismo se combatió con pasión para no permitir el paso a los excesos religiosos como desafortunadamente aconteció en otras regiones de la Patria.
-Discúlpeme que lo contradiga señor Garrido, pero lo que yo veo es que lo combatido con pasión y radicalismo fue el derecho a la libertad del ser humano, limitando su deseo y la capacidad de expresión de su fe.
-No intente confundir los asuntos señor Woltija. En Tabasco fuimos bien claros en nuestro actuar: no estuvimos esperanzados en la dádiva celestial, nosotros fuimos más allá de la utopía religios, nos esforzamos en fomentar el trabajo aunado al engrandecimiento cultural y social del pueblo, con el fin de lograr el bienestar a que todo ser humano tiene derecho, pero no en el más allá, sino en una cercanía real y tangible. Todo ello producto del esfuerzo individual y colectivo. No está por demás recordarle que el trabajo ennoblece al hombre y crea la riqueza necesaria para el bien de todos.
-En eso estoy de acuerdo con usted. El trabajo es necesario para la producción de satisfactores materiales del hombre, pero no es todo en la vida. Los hijos de Dios…
-¡Dios también es una utopía señor Woltija! La idea de Dios solo existe en la mente humana. Es una creación humana como tantas otras.
-No pienso de igual manera. Le repito señor Garrido, los hijos de Dios…
El licenciado, esta vez, tolera en silencio y no replica. Actitud no frecuente en él.
-…además de necesidades materiales, tienen necesidades espirituales por satisfacer y dentro de los Derechos Humanos, dicha necesidad es insoslayable e inalienable.
-Durante mi gobierno, la educación y la cultura fueron ampliamente apoyadas mediante disposiciones que las hicieron lo que realmente deben ser: un patrimonio popular. Por tanto y desde mi opinión, las necesidades espirituales que tanto le preocupan, fueron ampliamente satisfechas.
-La libertad restringida y condicionada, no es plena libertad…
-La libertad desde la conveniencia social exige reglamentación y las reglas democráticamente aceptadas deben acatarse y cumplirse, para que la convivencia pacífica no devenga en confusión o libertinaje que lleve al caos o a la parálisis de la sociedad.
-Usted en su mandato limitó severamente la libertad de expresión de los ciudadanos al no permitir el ejercicio de la fe religiosa, una de sus necesidades más apremiantes y la de mayor satisfacción y consuelo espiritual.
-La libertad de expresión fue respetada estrictamente. Fuimos fieles practicantes de lo establecido como mandato por nuestra Constitución Política, máxima ley de los Estado Unidos Mexicanos, que usted señor pontífice, quizás desconozca. Por tal motivo le señalo que en los Artículos 3º, 27º y 123º, se consagran el derecho a la educación pública, gratuita y laica, a la propiedad y al trabajo. A ella nos apegamos en mi gobierno. Acatamos y cumplimos con firmeza y sensibilidad la Ley y debido a ello fue el éxito de mi mandato gubernamental, y no dicho por mí, sino por todo el pueblo, que me recuerda con cariño y nostalgia ante tanta mediocridad y corrupción gubernamental de hoy. Lo dije siempre: un pueblo educado y culturizado siempre tendrá mejores oportunidades de progreso. De esta verdad, existen muchísimos ejemplos y usted los conoce muy bien pues procede del llamado “Primer mundo”.
El Papa guardó silencio. Don Tomás continuó: -Estuvimos desde luego, en contra del fanatismo religioso, que de los fanatismos es el más radical y peligroso, pues castra e inmoviliza al hombre…
Continuará.