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La Verdad del Sureste

Días decisivos


@UTufigno Precisamente hace tres años, en el mes de octubre de 2010, se llevó a cabo en la ciudad de Toluca una Cumbre de Negocios que fue llamada por los organizadores como “Tiempo de despegar: acciones para el cambio”.

 

 Nada tendría de extraordinaria la celebración de un encuentro de esta naturaleza de no ser por un aderezo en el evento: la participación de John Dimitri Negroponte, cuyo perfil no se asemeja al de un hombre de negocios tradicional. ¿Qué hacía este personaje ahí, en el Estado de México, en momentos en que Enrique Peña Nieto ya se vislumbraba como virtual candidato presidencial de su partido? Negroponte, exagente de la CIA, ha sido Director del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, presunto operador de la “Operación Cóndor” en Sudamérica en los años 70’s, embajador en Iraq y Honduras, pero también fue embajador de los Estados Unidos en México durante el periodo en que se negociaba el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. Replanteo la pregunta: ¿qué motivo justificaba su presencia en la capital mexiquense?, ¿con quién sostuvo pláticas y de qué tipo? Por supuesto, las respuestas no las conocemos pero sí sabemos una revelación que hizo a un diario mexicano: durante las negociaciones del TLCAN, Carlos Salinas ofreció al gobierno de los Estados Unidos abrir Pemex al capital norteamericano.

 

La historia es más o menos así: a pesar de que Salinas siempre negó -¡cómo cambian los tiempos!- que el petróleo estuviera en la mesa de negociaciones del TLCAN, en 1993, en la ciudad de San Diego, Salinas le ofreció a George Bush padre abrir en el acuerdo comercial un capítulo que facilitara la participación de inversionistas norteamericanos en materia energética, particularmente en el área del petróleo. Según la versión del propio Negroponte, éste fue quien le sugirió a Bush que no lo aceptara porque era un tema muy sensible para los mexicanos y que seguramente encontraría muchas resistencias internas. El resultado fue que, al menos en apariencia, el petróleo es un tema que quedó reservado para el Estado mexicano en el TLCAN. Sin embargo, Negroponte dejó entrever sus intenciones al decirle a Bush: “cuando en México haya más importación de petróleo, quizá haya una discusión interna sobre cómo enfrentar el problema”. Y si nos atenemos a la propuesta de reforma energética hecha por Peña Nieto, tal pareciera que las palabras del ex-embajador cobran sentido hoy.

 

No podemos ser ingenuos. Desde siempre, los intereses extranjeros han buscado la forma de imponer sus modelos económicos en nuestro país con el único fin de beneficiarse. ¿O me van a decir que las maquiladoras han producido una importante derrama de dinero en México? Y el petróleo, lejos de ser la excepción, es un recurso natural estratégico que es codiciado por nuestros vecinos distantes del norte, quienes ocupan el primer lugar como consumidores mundiales del crudo, aunque en breve serán desplazados por China. A nivel interplanetario, la lucha por el petróleo no es nueva, data desde hace más de cien años y muchos conflictos internacionales –en el fondo- han sido ocasionados por o a consecuencia de su aprovechamiento.

 

En 1962, en Italia, bajo condiciones no del todo aclaradas, perdió la vida Enrico Mattei en un accidente de aviación. Mattei, un italiano nacionalista, dedicó los últimos años de su vida a luchar contra las empresas extranjeras –principalmente norteamericanas y británicas- que lucraban con el petróleo de su país. A través de la empresa pública denominada Ente Nazionale Idrocarburi, Mattei luchó contra los trusts anglosajones, impulsó la refinación, la construcción de oleoductos y lanzó al mar muchos buques de transporte. En nuestro país, hacia fines del Siglo XIX, un norteamericano de apellido Doheny fue quien obtuvo los primeros beneficios de la explotación y aprovechamiento del petróleo, siempre bajo la protección de Porfirio Díaz.

 

Posteriormente, el dictador imperfecto le dio concesiones a los ingleses, lo que significó que en 1935, de aproximadamente 17 millones de habitantes en México, éstos poseyeran menos riqueza que 160,000 extranjeros residentes en México quienes tenían invertido el 79% de sus capitales en el petróleo. No espero que Peña revele sus acuerdos con Washington, pero tampoco espero que nos quedemos cruzados de brazos mientras se consuma un enésimo atraco a la nación.  

 

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