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La Verdad del Sureste

El diluvio que viene/ Maestro en Derecho Constitucional


Los fenómenos naturales ocurren, ¡por supuesto!, de lo contrario no serían naturales. Pero de ahí a pretender culpar a la naturaleza de todas las consecuencias de dichos fenómenos, hay mucha diferencia. Y no se necesita ser un genio para concluir lo anterior; bastaba con haber leído la conocida historia de ‘Los tres cochinitos y el lobo feroz’. Ah, pero perdón, se me olvidaba que la gente del poder no tiene la costumbre de leer. Tanto las lluvias torrenciales como los sismos son una especie de impuesto que la naturaleza nos cobra por habitar el planeta, pero la diferencia entre los temblores y las tormentas es que éstas son altamente predecibles en cuanto a intensidad y destino. Para su predicción se emplean distintos modelos matemáticos de los cuales se extraen conclusiones a partir de una mayor probabilidad. En otras palabras, nadie puede decirse sorprendido por una lluvia inesperada.

 

A un par de semanas de la tragedia que significaron las tormentas ‘Ingrid’ y ‘Manuel’ en varios estados del país, surge más información sobre una serie de historias que no son nuevas pero que no por ello causan menos indignación. Desde el gobernador camaleónico que festejaba con sus amigos el día del inicio del diluvio, hasta la conductora de televisión que utilizaba recursos públicos de los ciudadanos del estado de México para montar una farsa en la sierra de Guerrero.

 

La irresponsable actuación de los gobiernos federal y estatales –particularmente el de Guerrero- ante un eventual pero probable paso catastrófico de las extraordinarias lluvias no se explica solamente por su indiferencia, sino por la conjunción de otros factores: era un ‘fin de semana largo’, lo que significaba entrada de recursos a las ciudades turísticas; y fue el viernes en que el Secretario de Gobernación –bajo cuyo ámbito de competencia se encuentra Protección Civil Federal- instrumentó el desalojo de los maestros del Zócalo de la Ciudad de México para la fiesta del acarreo en que se convirtió el 15 de septiembre. Para Ángel Aguirre Rivero, quien cobra como gobernador de Guerrero, fue su segunda experiencia fallida como garante de la vida de los guerrerenses.

 

En octubre de 1997, cuando el huracán ‘Paulina’ mató a cientos de habitantes del estado, él ocupaba el mismo cargo por la renuncia de Rubén Figueroa Alcocer como consecuencia de otro crimen: la matanza de Aguas Blancas. Por cierto, dicho personaje también convivía alegremente con Ángel Rivero la noche del 13 y madrugada del 14 de septiembre, mientras miles de personas perdían su patrimonio y la vida. Al igual que en 1997, Ángel Rivero desoyó las advertencias sobre los riesgos de las precipitaciones pluviales y prefirió amanecer con la música de mariachis.

 

Después, sobrevino el drama y la tragedia a cuyo encuentro llegó una merolica habilitada de conductora en la mayor televisora de este país. Forjadora de dramas irreales, Laura Bozzo utilizó un helicóptero del estado de México –siempre al servicio de Televisa- para llegar a Coyuca de Benítez, lugar en el cual los afectados miraron indignados a la conductora pues lejos de llegar con ayuda llegó con su equipo de grabación. A partir de entonces, tanto el gobernador como la conductora han pretendido defenderse mejor de lo que lo hacía el ‘Chepo’ de la Torre y ‘El Canelo’ Álvarez: Ángel Aguirre, aunque es un cadáver político, no termina de asumir su responsabilidad; y Laura Bozzo se dedica a tirar golpes a diestra y siniestra, sin que ambos se den cuenta que están hundidos en su propio alud de mentiras y banalidad. Pero no son los únicos hundidos como consecuencia de las lluvias.

 

El daño causado a la infraestructura urbana y al patrimonio de los guerrerenses tiene otros nombres sumergidos en el lodo: empecemos por citar a Carlos Salinas. Su ‘autopista del sol’ quiso ser un emblema de las políticas privatizadoras pero hoy es una muestra evidente del fracaso de las mismas ya que ni siquiera aparecen los planos del proyecto original, si es que lo hubo. Sigamos con José Francisco Ruiz Massieu, bajo cuyo gobierno se desarrolló la exclusiva ‘Zona Diamante’ en Acapulco, hoy devorada por las aguas. Todos esos daños son consecuencia de la codicia, la corrupción y las políticas privatizadoras. ¿Y así nos quieren convencer de las supuestas bondades de la reforma energética en manos de particulares? No, gracias. @UTufigno  

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