El divorcio en Tabasco: un ascenso real
“El divorcio es, en el mejor de los casos, un fracaso, y nos interesa mucho más buscar curar su causa que completar sus defectos”. Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Según la Real Academia Española de la lengua, el matrimonio es la unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. La legislación civil de Tabasco, reconoce el matrimonio como un contrato entre hombre y mujer, mayores de dieciséis años (con el consentimiento debido) que no tengan impedimento para contraerlo. Nuestra Constitución Federal prevé, en su artículo 4, que la ley protegerá la organización y el desarrollo de la familia.
Mucho se ha dicho que la familia es la base de nuestra vida en sociedad, todos hemos sido, somos o formaremos parte de una familia, producto o no de un matrimonio.
El matrimonio constituye, por sí mismo, el estado social preponderante de la concepción del seno familiar, aunque no es el único, ya que mucha gente libremente ha optado por el concubinato, mantenerse en la soltería o, habiéndose casado, divorciarse.
Hoy por hoy, la legislación civil en Tabasco permite que el divorcio pueda darse de dos maneras: a) voluntaria, pudiendo ser en forma administrativa o judicial, cuando ambos consortes están de acuerdo en la disolución del vínculo matrimonial; o, b) necesaria, cuando uno de los cónyuges lo demanda al otro, quien no está de acuerdo en otorgarlo.
Cierto es que, si para casarse pareciera que no hay más requisitos que la libre voluntad y cumplir con las formalidades de ley, el camino del divorcio pareciera a veces fácil cuando hay voluntad, o un largo, tortuoso y costoso camino, en el que ambas partes pierden y, cuando hay hijos, puede existir daño colateral.
A pesar de lo anterior, de 1997 al año 2011, los casos de divorcio en Tabasco han venido en ascenso. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, de cada 100 matrimonios en 1997 hubieron 5.5 divorcios, pero en 2011 dicha cifra aumentó a 14.2 divorcios por 100 matrimonios. En cuanto a su duración en el matrimonio de las parejas, 25.8% estuvieron casadas cinco años o menos, 17.5% permanecieron unidas de seis a nueve años y poco más de la mitad (56.7%) proviene de un matrimonio con una duración de 10 años o más.
Estimo que existen diversos factores por los que las parejas toman la difícil determinación de divorciarse: una mala elección de la pareja, falsas expectativas económicas, violencia intrafamiliar, infidelidad, incompatibilidad de caracteres, pero he de destacar dos de relevancia: la falta de valores y la lucha de géneros.
La falta de valores como el amor, el respeto y la tolerancia, se derivan, en mi opinión, de la enorme influencia de una sociedad consumista, superficial, trivial y banal, que pareciera que pugna más promover los intereses particulares contra los colectivos y lo material sobre lo espiritual.
La lucha de géneros es una cuestión cultural y de un arraigo machista que se opone a ceder espacios de participación a la mujer, en los distintos roles de nuestra sociedad. Dicha lucha, en la vía de los hechos constituye a veces una competencia entre los cónyuges quienes, en lugar de sacarle provecho por la complementación de ambos ingresos, pareciera que meterle una zancadilla al otro es la mejor opción para demostrar su superioridad. Soy un convencido que la soledad no es la mejor opción para el ser humano, el hombre es un ser social por naturaleza. Creo en la fortaleza de la familia como base de la organización social. Estimo que el divorcio, si bien debe ser la última opción cuando la crisis en un matrimonio sea tal, que de seguir juntos se caiga en la violencia mutua o hacia los hijos, no debe ser la solución ideal.
A la reflexión!!!
Mario Alberto Gallardo García.
Abogado (UJAT)
Esp. en Der. Constitucional (UNAM)
Mtro. en Derecho (EPED)
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