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La Verdad del Sureste

El dólar o el rey se muere


(segunda parte )

 

 El dólar se desprendió  de su necesidad de  respaldo en oro, simple  y sencillamente, porque  ya para 1944, la de Estados  Unidos era la economía  más grande del mundo y  porque los resultados de la  Segunda Guerra Mundial,  que estaba por terminar, la  consolidarían sólidamente  en esta posición de privilegio  y, además, porque  eso fue lo que santificaron  los acuerdos de Bretton  Woods. El vaquero norteamericano  impuso su terror  y voluntad omnímoda, no  hubo país que se le opusiera  en el terreno económico,  bastaba con que Estados  Unidos dejara de vender o  de comprar o retirara sus  depósitos en dólares de  algún país insumiso, para  que un gobierno nacional  se debilitara y llegara al  borde del colapso, eso, sin  dejar de complementar la  sutil acción económica, con  la pavorosa maquinaria militar  de un ejército que, en  cuestión de horas, podía y  puede, llegar a cualquier  parte del mundo.  Estados Unidos,  con su dólar al cinto, se la  ha pasado sancionando  económicamente al mundo  entero.

 

La lista de castigados  es larguísima: Cuba,  Irán, Irak, Líbano, Macedonia,  Liberia, Corea del  Norte, Somalia, Siria, Yemen,  Zimbabue, Ecuador,  Indonesia, Pakistán, ¿para  qué seguir?, faltan muchos  más. Y ¿por qué razón podían  ser tan efectivas y destructoras  las sanciones?  Porque todo en el mundo  se ha movido por medio de  los dólares, el equivalente  universal por excelencia,  el que no tiene, porque Estados  Unidos no le vende  (a cambio de su moneda),  no puede comprar nada  en el mundo puesto que el  que quiere vender necesita  que le paguen en dólares  contantes y sonantes, es  decir, en una moneda que  le acepten para hacer a su  vez, compras en otra parte,  pues, con perdón, pero una  Lempira de Honduras o un  Birr de Etiopía, es muy difícil  que sean recibidos a  cambio de algo por alguien  en el mundo.  Pero las cosas están  cambiando. Mao Tsé Tung  tuvo razón cuando en 1956,  aseguró que el imperialismo  era un tigre de papel.  “Fuerzas pequeñas –dijo en  esa ocasión- pero vinculadas  con el pueblo, se hacen poderosas,  mientras que fuerzas  grandes que se oponen  al pueblo, se hacen débiles”.

 

Así de sencillo. Y ahí está: los  norteamericanos creyeron  que en diciembre de 1991,  cuando Boris Yeltsin y otros  Judas firmaron la disolución  de la Unión Soviética, se habían  alzado para siempre  con el dominio del mundo,  que esa unión de estados no  volvería a levantar cabeza  jamás y, mucho menos, una  sola parte de ella, aunque  la más grande y poderosa,  Rusia; en fin, que todos esos  ilusos levantiscos, estaban  acabados y a sus pies.  Con la crisis en Ucrania,  provocada por Estados  Unidos para debilitar la posición  de Rusia en Europa,  pues estaba ganándole a  ojos vistas la batalla por la  venta de gas y petróleo a esa  región y, con la posterior jugada  magistral de Vladimir  Putin, en el sentido de dar  todas las facilidades para  que los crimeos, integrados  contra su voluntad a Ucrania  en 1954, regresaran a su  Madre Patria, con ese desafío  de uno de sus hasta hace  poco, subordinados, Estados  Unidos, fiel a sus arraigados  hábitos, procedió a aplicar  sanciones económicas a Rusia  pero, el antes joven y ágil  peleador callejero, terror del  barrio, resultó ser un viejo  valetudinario incapaz ya de  cumplir las amenazas que le  hicieron famoso y, hasta el  semanario, The Economist,  de Londres, un inteligente y  documentado medio de la derecha  inglesa, tuvo que escribir  que las sanciones a Rusia  eran simples “pinchazos”.  Estados Unidos sancionó  a cuatro bancos rusos,  cancelando a los empresarios  el pago de las ventas documentadas  con las tarjetas  de crédito Visa y Mastercard  que expedían esos bancos  rusos y respaldaban, hasta  antes de los castigos, empresas  financieras norteamericanas,  pero Estados Unidos  no pudo evitar que los tenedores  siguieran sacando  dólares de los cajeros automáticos  que eran reabastecidos  por los bancos rusos y el  “castigo” se les revirtió a las  empresas norteamericanas  que operan en Rusia y en el  mundo porque han reducido  sus ventas a los tenedores de  las tarjetas canceladas perdiendo  importantes segmentos  del mercado. Rusia puede  vender armas, gas y petróleo  y aceptar rublos a cambio y,  esos rublos, asimismo, son  bien aceptados en numerosos  países del mundo. El poder  económico de Rusia es ya  muy diferente al de 1991, Rusia  puede empezar a prescindir  del dólar y como símbolo  de su resistencia y desafío, a  las afueras del acosado Rossiya  Bank en Moscú, se acaba  de colocar un símbolo de oro  del rublo ruso que simboliza  la estabilidad de la moneda y  su absoluto y seguro respaldo  con las inmensas reservas  del preciado metal que tiene  Rusia.  China, por su parte,  modificó su modelo económico  en 1976, decidió hacer  caso a los descubrimientos de  Carlos Marx en el sentido de  que una economía en la que  la propiedad de los medios de  producción fuera de propiedad  social, no se contraponía,  sucedía, era posterior, a una  economía de propiedad privada  capitalista de producción  y, que ésta, por tanto, para ceder  su puesto, requería antes  haber agotado todas sus posibilidades  históricas. China se  aplicó a desarrollar el capitalismo  atrasado, inmaduro, que  había todavía en 1976, pero  bajo la dirección del Partido  Comunista que estaba -y sigue  estando- decidido a recortar  las enormes ganancias  de los capitales para mejorar  sustancialmente la distribución  social de la riqueza.  China no ha salido de la pobreza,  pero tiene asombrado  al mundo con las decenas de  millones de chinos que saca  de ella cada año como consecuencia  directa de las gigantescas  inversiones estatales  en beneficio de la población  más necesitada que realiza su  gobierno. China es ya, desde  hace algunos años, el acreedor  más grande de los Estados  Unidos, el tigre de papel  le debe a China, hasta la camisa  y, el gigante asiático  está usando, usando mucho  y bien, su moneda, el yuan o  renminbi, para llevar a cabo  mayúsculas compras y ventas  en el mundo sin tomar  en cuenta al dólar.  Estas son, pues, algunas  de las hormas del zapato  que se ha encontrado  Estados Unidos y que han  hecho trastabillar seriamente  al potente dólar que  salió de Bretton Woods. No  se trata de “contradicciones”  internas o fallas del  funcionamiento del sistema  monetario del dólar, de problemas  en su lógica interna,  se trata de una nueva correlación  de fuerzas económicas  en el mundo, de una  transformación en la base  de la sociedad que es la que  explica, en última instancia,  la realidad del mundo en  todas las épocas. Pero las  calamidades que afronta  el dólar no quedan todavía  completamente descritas  con esos datos, “bienvenida  desgracia… si vienes sola” o  “ya éramos muchos y parió  la abuela”, en otras palabras,  el tsunami económico  que amenaza al dólar queda  bien retratado sólo si se  añade que, según un importante  editorial de la mencionada  revista The Economist,  fechado apenas el pasado 3  de mayo, tomando en cuenta  el método de la comparación  del poder de compra entre  países Purchasing-power  Parity (PPP), China tiene  una economía un 20% más  voluminosa de lo que hasta  hace poco se creía, lo cual  indica que –traducción libre-  “con los antiguos datos  del PPP, se creía que China  rebasaría a los Estados Unidos  en 2019, ahora, con los  datos medidos con mayor  precisión, se concluye que  ello sucederá a finales de  este año”. La economía más  poderosa del mundo desde  hace 142 años está próxima  a perder su cetro. Irremediablemente,  el dólar se muere,  un nuevo mundo se derrumba,  otro surge.   

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