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La Verdad del Sureste

Editorial ROBERTO MADRAZO:

Un vulgar contratista de delincuentes


Editorial  ROBERTO MADRAZO:

 

La historia es la memoria viva de los sucesos acontecidos en el pasado. Ahora que Roberto Madrazo Pintado regresa a Tabasco para dar clases de buen gobierno a la actual administración estatal, bien vale la pena recordar que su sexenio tuvo como sello la persecución política, la compra de conciencias, el dispendio de millones de pesos para acallar la crítica social y periodística. 
    Con él, el dinero público se distrajo, para concretar su proyecto de ser candidato presidencial. En su gobierno, no tuvo empacho en violentar la ley, la norma, al grado de contratar incluso a delincuentes como responsables de su seguridad personal.
    Este fue el caso de Ramón Requeijo Abad, que los tabasqueños no deben olvidar, sobre todo ahora que como justiciero y demócrata Roberto Madrazo dice tenderle la mano a quien como escorpión, traicionó. 
    Era el año 1998, las actividades de Ramón Requeijo Abad en Tabasco salieron a la luz pública a raíz de un incidente de tránsito que tuvo la madrugada del 26 de febrero de 1998, en la Ciudad de México, cuando intentó darse a la fuga luego de colisionar su vehículo Mercedes Benz blanco con un camión distribuidor de cerveza, y luego de balear al chofer. 
    Tras peliculesca persecución -relató el diario de mediodía El Sol de México–, patrulleros de la Secretaría de Seguridad Pública lo detuvieron, así como a su acompañante Sara Anaya y dos personas más -Othón Viloria Vázquez y Rafael Escárcega–, que lo escoltaban en un vehículo Stratus y que se ostentaron como agentes judiciales de Tabasco. 
    Luego de tratar de cohechar a los uniformados,  Ramón Requeijo Abad -de origen español– mostró dos credenciales que lo acreditaban como primer comandante de la Policía Judicial de Tabasco y un oficio de “comisión” en la Ciudad de México. 
    Dentro del vehículo la policía encontró una metralleta Mak-90 Sporter, otra más marca Uzi, una escuadra 9 milímetros, un revólver 38 especial y decenas de cajas de cartuchos. 
    Ninguna de estas armas correspondía a las que tenía autorizadas Requeijo para la “comisión” que, según el oficio de la Policía Judicial que mostró, realizaba en la Ciudad de México. 
    El Sol de México informó que los dos vehículos detenidos eran blindados y ambos eran propiedad “del gobernador de la entidad Roberto Madrazo Pintado”
    Ante el escándalo, la entonces procuradora de Justicia de Tabasco, Patricia Pedrero, confirmó que la dependencia mantenía relación “profesional” con Requeijo Abad, pero no como “primer comandante” de la PJ, sino bajo contrato de “prestación de servicios” con la empresa de seguridad Impacto, Seguridad Profesional SA de CV”. 
    La empresa, se descubrió después, era propiedad de Requeijo, en sociedad con el entonces  subsecretario de Prevención Social del gobierno de Manuel Andrade, Hernán Bermúdez Requena, acusado de proteger delincuentes, según consta en archivos periodísticos. 
    Bermúdez Requena fue director de Seguridad Pública en el gobierno sustituto de Manuel Gurría Ordóñez, y director del Centro de Readaptación Social de Villahermosa en el de Madrazo Pintado.
    Al día siguiente de los hechos, Patricia Pedrero difundió un comunicado donde admitió que por la “confidencialidad y reserva” de los servicios que prestaba Requeijo, la Procuraduría “le expidió una identificación para facilitar su desempeño”, y que cuando ocurrió el incidente, “no estaba cumpliendo ninguna encomienda para el gobierno de Tabasco”. 
    Asimismo, que se daba por terminado anticipadamente el contrato de seguridad con la empresa Impacto, Seguridad Profesional. Sin embargo, en su libro Entre la historia y la esperanza, el jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, reveló que el 20 de mayo de 1995, con asesoría de Bermúdez Requena, el gobierno de Roberto Madrazo “contrató un servicio de seguridad en la Ciudad de México, que incluye un equipo especial de 90 guardaespaldas y un circuito cerrado de televisión y otros componentes, de los más sofisticados y costosos que existen en el mercado mundial”. 
    Este servicio, principalmente para la residencia oficial Quinta Grijalva, escribió López Obrador, costó 3 millones 566 mil 352 pesos, y fue contratado “con la empresa Nutriónica, cuyas oficinas se ubican en la avenida Edgar Alan Poe 215, de la colonia Polanco La empresa es propiedad del español Ramón Requeijo Abad”. 
    De acuerdo con archivos periodísticos, las empresas de Requeijo Abad no sólo prestaron servicios de seguridad al gobierno de Roberto Madrazo, sino también de espionaje político a través del denominado “Proyecto Lerdo”, una sofisticada casa de espionaje ubicada en el centro de Villahermosa y que fue desmantelada presurosamente cuando se reveló su existencia. 
    La presencia de Requeijo en Tabasco se dio a raíz de una rebelión policiaca que ingresó a la Quinta Grijalva, y que hizo huir al entonces gobernador Roberto Madrazo, por la puerta trasera. 
    Hernán Bermúdez Requena recomendó mayor seguridad para la casa de gobierno y recomendó a Ramón Requeijo para volver un búnker la Quinta Grijalva. 
    A partir de esa fecha -mayo de 1995, a cinco meses del gobierno de Roberto Madrazo–, Requeijo Abad se desempeñó como guardia personal de Madrazo Lo acompañaba a giras, revisaba que no hubiera explosivos en los helicópteros, aviones y vehículos oficiales en los que se desplazaba el gobernador, y siempre llevaba consigo una maleta repleta de armas. *
    ( * historia reconstruida con datos hemerográficos del  Semanario PROCESO).

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