Eran 17 mariposas viajeras cuyas alas se posaron en Villahermosa (17 de marzo y 17 flores)
Y llegaron desde distintas latitudes, de las diversas comarcas tabasqueñas. Unos, por sus firmes y vagarosos colores, dijeron son mariposas, otros afirmaron: ¡Son flores!
Y flores fueron la tarde del 17 de marzo cuando detuvieron sus vuelos y pusieron a descansar sus alas en conocido hotel de la ciudad para hermanar sus hermosuras con las aves que, hurañas, sobrevolaban en derredor.
Fueron 17 canciones que llegaron desde diferentes comarcas. 17 tonadas que hablan de campos, de cerros milenarios, de ríos caudalosos que a veces, cuando se secan, dan lástima a los viajeros. Los mismos que destruyen sueños cuando bajan agitándose en cada curva de los caminos.
Y en sus labios, esas 17 niñas traían canciones aún no escuchadas, los colores de sus praderas y diferentes frutos cuyas dermis contienen sabores celestiales, dulzuras secretas. Y llegaron blandiendo palabras hermosas, ofertaron la hermandad que nos falta, esa que se ha olvidado, la que nos identificó por tanto tiempo y ahora debemos regresar cone ella hasta nuestro origen. Y esas flores hablaron con lo mejor de sus pétalos, sonrieron y en sus risas, hubo pasaporte a la alegría, nos invitaron a conocer esos retazos de tierra que son sus municipios y también son el alma en miniatura que nos identifica en toda nuestra bullanguera Patria.
Con ellas volvió a salir el Sol en esta tierra dolorida y traicionada. Y también nos dijeron al oído que debemos callar muchos nombres que deben borrarse del Registro Civil de nuestra historia.
Eran una amable belleza colectiva que hablaba de paz, felicidad y esos ingredientes que a veces no llegan a casa ni a la mesa de los pobres. Eran, ellas, la savia que esta tierra sufrida requiere para retomar los caminos olvidados, recuperar la fe en los que nada tienen.
Ellas traen la fe secuestrada por hombres de mala fe. Son 32 brazos que llegan a restaurar la sonrisa de los niños que amanecen sin pan ni esperanzas. Viéndolas, se tiene la certeza que siempre hubo luz. Que el hombre no navegó solo por los linderos del agua de todo el planeta. Y ellas son ese panal de miel que viene a saborizar de nuevo esta tierra en llamas.