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La Verdad del Sureste

Espejo Citadino


Espejo Citadino

Te acaricia la pierna debajo de la mesa.
 

Te observa.
 

El pone su mano encima de la tuya.
 

También te acaricia.
 

Te mira y te sonríe con discreción.
 

Ahora tienes tu mano izquierda unos centímetros dentro de su short. Juegas con sus vellos.
 

Hace un momento entraron tomados de la mano. Al llegar a la caja se soltaron. El casi detrás de ti. Su sombra bañándote.
 

Él te puso la mano sobre tu hombro.
 

Miró a la gente que no la miraba. Sonrió a nadie.
 

Te miró y se besaron en la boca por unos segundos. Vimos como mojaron las palabras de silencio.
 

Pagaron el pedido. Se sentaron.
 

Lo miras mientras platica con alguien que se ha sentado con ustedes. Tomas tu bebida y sorbes.
 

Solo estás a su lado. Sorbes con fuerza el popote y dejas el vaso vacío.
 

Tienes cruzadas las piernas. Te tomas el pelo largo como tratando de hacer un moño, mientras él sigue hablando con la otra persona.
 

Te cruzas de brazos y sigues con las piernas enlazadas. Miras sin mirar.
 

Cuando entraron te traía tomada de la mano. De hecho estás contenta. O eso parece.
 

Vuelves a mirarlo. Pones tu cuerpo recto. Te coloca su mano en la pierna. Le acaricias el brazo. Te posas en su mano. Vuelves acariciarlo.
 

Se paran al mismo tiempo de sus sillas. Se despiden del desconocido que los acompañó durante estos minutos.
 

Sonreíste por fuera.
 

Caminan juntos a la salida.
 

Él, detrás de ti.
 

Tú vas de frente.
 

No es tu padre.
 

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